20 julio 2010

Mito y discapacidad.



El papel mitogólico de las personas con discapacidad; a través de la historia.


Prof. Silvina Peirano.


¿Cuál es el mito en que vivo?, se preguntaba Jung; dejando entreveer un fenómeno que trata de explicar determinados interrogantes de la naturaleza y de la vida humana.


El mito surge de la necesidad del hombre de dar respuesta a grandes incognitas como el orígen de la vida, la enfermedad, la muerte o las angustias. Actualmente, se sostiene que los mitos son expresiones del inconciente colectivo; que es el inconciente de la humanidad cristalizado a través de millones de años. Se expresan a través de los arquetipos, que son formas simbólicas que permiten al hombre enfrentarse con lo real, adaptarse y superar sus propias contingencias, respondiendo a la dolorosa angustia de la finitud humana.
Cada mito es ante todo; un lenguaje. Sus elementos expresivos son los mitologemas, como los fonemas y morfemas del lenguaje.

Cuando la ciencia y la técnica no alcanzan para explicar ciertos fenómenos inexplicables que acusian al hombre, surgen con gran fuerza estos aspectos reprimidos del mundo interior de cada individuo; y le permiten seguir viviendo.
En los fundamentos del mito se ve la acusiante necesidad de dar respuesta a los eternos interrogantes del hombre. Las características fundamentales son:

• La inquietud de responder a las necesidades materiales y espirituales de un grupo social.
• El resultado de intuiciones que están más allá de la propia realidad fáctica.


Lo que determina el significado real del mito es su estructura de fondo, que es siempre inconciente, y surge como producto espontáneo de la psiquis. En general, son universos simbólicos que permiten el arraigo del hombre a la cotidianeidad personal concreta.
El dios Bes.Egipto.

El valor intrínseco de un mito proviene, precisamente, de que los acontecimientos pasados a los que se refiere, que se ubican temporalmente en un tiempo preciso, constituyen también una estructura permanente. Sobre la base de los elementos culturales y naturales internos y externos de cada grupo étnico, convergen los elementos simbólicos constantes y uniformes, que son cumunes a todos los pueblos, en todas las épocas. Lo arquetipos que los expresan son símbolos idénticos a todos los pueblos, difieren en sus contingencias temporoespaciales.


Los mitos serían siempre, en última instancia, mitos sobre los orígenes. Son relatos que dan cuenta de una creación , cuentan como alguien o algo se ha producido.
Las creencias, las leyendas, las supersticiones; nos transportan a través de la mitología, más allá de nuestra historia personal para insertarnos en la historia humana universal. La lógica, el tiempo, el espacio, la causalidad, son diferentes, en las categorías míticas. Son sensaciones, vivencias, intuiciones, símbolos, metáforas, metonimias, parábolas, etc; que nunca podrán explicarse, sino interpretarse.
Las creencias son construcciones cognitivas a las que un sujeto arriba en función de interpretar ciertos fenómenos. Las creencias corresponden a estructuras superficiales, mientras que los mitos responden a estructuras profundas.

El mito es un modelo para las diferentes conductas y situaciones humanas. Los mitos no son producto de un hacer individual, sino social; cada uno de ellos es la entrada secreta por la cual se vierten las manifestaciones culturales.

Todo pueblo tiene su mito propio. Toda familia, grupo humano, toda persona lo tiene. En las últimas décadas se han revalorizado las funciones del mito, no como fantasía sino como una verdadera formulación cultural .
Jung y sus seguidores han demostrado que irrefutablemente la lógica, los héroes y las hazañas del mito sobrevienen en los tiempos modernos. Como actualmente se carece de una mitología general efectiva, cada uno de nosotros tiene su panteón de sueños, privado, inadvertido, rudimentario; pero que obra en secreto.

¿Por qué la mitología es la misma en todas partes, por debajos de las diversas vestiduras?. ¿Qué nos enseña?.

Resulta interesante delimitar en ésta instancia; las formas que actualmente se mantienen, y que contribuyen a alimentar los fundamentos inconcientes que origina la cultura y que exigen su reedición en cada generación.
Como veremos; esta causalidad se repite permanentemente, ya no en expresiones simbólicas; sino en exigencias y normas sociales que contribuyen a la realización externa de las fantasías inconcientes.

Tanto la culpa como la victimizaciòn son conceptos recurrentes que nos permiten idear el prejuicio.
El prejuicio es asociado al reconocimiento de la diferencia. El mundo vàlido asume que los discapacitados desean ser tratados como normales o “como si lo fueran”.
La pregunta : ¿què te pasò ?, encierra el factor culpabilidad, la relaciòn entre “el mal y la enfermadad”. En muchas sociedades actuales se vuelve a la actitud màgica de que el enfermo no solo es responsable, sino incluso culpable de su enfermedad.
Esta idea de la discapacidad como castigo impuesto va evolucionando y bien pronto pasa a ir compañada de un nuevo matiz, como es el de ser considerada indicación de la maldad del que la padece, opiniones que se mantienen “tradicionalmente” a través de los siglos hasta casi nuestros días. La discapacidad es un castigo o un índice de maldad y, al contrario, la belleza y la salud físicas se consideran, de modo inveterado, un signo de bondad y de nobleza, conceptos en los que influye no poco una interpretación demasiado unilateral del famoso adagio latino «mens sana in corpore sano».

El modelo social propugna la idea de que si las personas son discapacitadas, son vìctimas colectivas de la discriminaciòn y de los prejuicios sociales màs que vìctimas individuales. En el modelo social no es la incapacidad de caminar lo que incapacita, sino las barreras arquitectònicas.
Hay dos formas de explicar la discapacidad. Primero, afirmar que la discapacidad es consecuencia de no respetar las normas sociales ; segundo, afirmar que la discapacidad es producto de la agresiòn (conciente o no) de alguien ajena al propio grupo social.
Pero : ¿Què es lo que determina el modo que tienen las personas de reaccionar frente a la discapacidad ?.

Comenzaremos por analizar la mistificación como medio para reglamentar los comportamientos sociales.

Son las primeras soluciones mágicas las que ofrecen al hombre el fondo espiritual necesario para elaborar una verdadera formulación sociocultural típica de un tiempo o espacio determinado, que justifica ciertas situaciones sociales.

El mito es eterno no porque imponga un sentido único a los hombres diferentes, sino porque sugiere sentidos diferentes a un hombre nuevo; de allí el rechazo a todo individuo que entre en conflicto con el órden vigente. Los medios sociales de legitimación y mantención de normas, leyes, posturas, etc; son variados, por ende los estereotipos de cómo debe ser un individuo, se mantendrán o no; en tanto el lenguaje común así lo determine.

El individuo corriente, a lo largo del transcurso de innumerables años, ha ido aceptando sin analizarlos los conceptos tradicionales que le iban instando al inválido de cada época como mendigo profesional o como bufón solamente útil para divertir a los demás, o como persona incapaz de trabajo o portadora de maleficios y desencadenadora de desgracias. Y no sólo ha aceptado estos conceptos, sino que los ha adoptado como suyos sin ni siquiera advertir,al menos, que los tiempos y las costumbres habían ido cambiando.

Al respecto, José M. Cabada Alvarez escribe:
“En una primera etapa, el término dominante que la sociedad manejaba era el de LISIADURA, y su expresión social es la de INVALIDEZ o INCAPACIDAD. Esta incapacidad es percibida como una constante objetiva y permanente del sujeto durante toda la vida. La inmutabilidad del estado del sujeto y la del medio en que éste vive, son constantes.
Las actitudes sociales después de una cierta evolución, asumen que no todos los incapacitados presentan en mismo estado, por lo que la incapacidad acaba por ser objeto de una evaluación cifrada llamada INDICE DE INCAPACIDAD O INVALIDEZ.
Se mantiene al deficiente a distancia , fundamentalmente por temor. Temor que se convate con el aislamientoo confinamiento domiciliario, o con la LIMOSNA INDIVIDUAL. La limosna hace que la mendicidad esté considerada como el “empleo” normal del deficiente y que se mantenga aislado y alejado de la sociedad.
En un siguiente estadío de la evolución social, la limosna se institucionaliza. Aparecen instituciones de beneficencia que responden a las necesidades vitales de los deficientes: vivienda, vestimenta, alimentación, etc. El deficiente siempre será deudor de la colectiviada y, por lo tanto, será sometidio a su tutela.
Cuando una mayor evolución social permite que los deficientes puedan acceder a algunos ingresos, estos solo servirán para reducir el déficit de los recursos presentados por el Estado. También se dan subsidios a las familias de los deficientes, y no a éstos, para intentar sufragar las necesidades individuales.”

La locura.
De acuerdo al proceso histórico citado anteriormente, las personas con discapacidad han sido “rotuladas” indistintamente, respondiendo a la necesidad humana de dar nombres. Los medios sostenidos para categorizar a las personas con discapacidad varían de acuerdo a la visión que de éstos ; se sostenga en un determinado tiempo histórico.

La palabra “limosna” equivale en griego a misericordia, la cual no consiste exclusivamente en la sola distribución de dinero, sino en toda obra con que se alivia la insuficiencia humana”.

La cuestiòn terminològica no es en absoluto neutra y nos remite a debates ideològicos y polìticos. Pero ¿què ocurre en la calle ?, ¿què tèrminos utilizan las personas implicadas ?.

Hay en castellano muchos tèrminos sinònimos de “deficiencia”, con mayor o menor connotaciòn peyorativa para quien asì es designado. Por ejemplo : “impedido”, “mutilado”, “lisiado”, o “invàlido”. Otros se definen como “asimètricos”, por lo que no es extraño oìr : con dos haremos uno.
La lengua catalana no contempla el tèrmino “discapacidad”, para designar a las personas que parecen de una restricciòn en las facultades fìsicas y psìquicas utiliza el vocablo “diminuït”. El verbo “dismunuir” en catalàn significa “hacer mas pequeño, menos intenso”.

“Retraso mental", un concepto con varios "sinónimos": discapacidad, oligofrenia, mogolito, Gorki, mongui, imbécil, idiota, débil , fronterizo, bobo, opa.
Estas palabras no provienen todas del mismo campo, algunas son del campo científico, otras son simplemente insultos, (algunos de los insultos de hoy eran los diagnósticos de antaño). Otras tienen explicación etimológica ("tarado" significa "que tiene una tara”), otras designan un lugar social, (como "el opa del pueblo"). Oligofrenia y mogólico sin duda provienen de la psiquiatría, Gorki viene de la televisión. Mongui, monky y mogolito son, de algún modo, apodos (es interesante que lito signifique piedra y monky parece un derivado de monkey, mono; se hace cierta conjunción donde aparece la animalidad y la dureza).

En la “Evolución histórica del concepto de discapacitado ante la sociedad” ; Alejandro Pope define de manera clara los sigientes conceptos :
“lnválido.—Es la denominación más extendida de todas. En latín, el verbo “valeo” poseía un claro sentido de “tener salud”, de donde su uso como saludo, que más adelante se pierde, quedando en español, para la palabra valor y sus similares, un significado de utilidad y de posesión. A estas acepciones se refiere la palabra inválido, el que no vale, impregnada de un claro matiz negativo por la presencia del prefijo “in”.
Lisiado.—Dícese del que sufre una imperfección orgánica. Etimológicamente tiene este término el mismo origen que la voz “lesionado”, es decir, el verbo “laedo”, dañar, que da “laesio”, daño, lesión.
Tullido.—Indica esta palabra, según el Diccionario, al “individuo que ha perdido el uso y movimiento de su cuerpo o de uno o más miembros de él”. Deriva del verbo latino “tollere” en su acepción de acabar, destruir.
Mutilado.—Proviene de mutilar, es decir, “cortar o cercenar una parte del cuerpo”. Sería este un término correcto para expresar con él a los amputados, por ejemplo, pero no a la mayor parte de los discapacitados.
Incapacitado.—Originada esta denominación en el verbo “capio”, coger, poseer, encierra idéntico matiz de negación total que la palabra inválido, negación o ausencia que en muy pocos casos llegará a darse. En rigor significa “el que no puede asir o tomar’. Indica imposibilidad de usar la propia capacidad.
Impedido.—”Aquel que no puede usar de sus miembros ni manejarse para andar”. Es uno de los muchos términos que derivan de la palabra latina “pes”, pie.
Deforme.—También es palabra de estirpe latina, que significa literalmente “irregular en la forma”.
Tarado.—A pesar de su similitud con la voz italiana “tara”, estigma o desmerecimiento, la etiología de esta palabra parece ser árabe, inspirada en “tarah”, que significa sustracción o descuento. Puede decirse por tanto de aquel que ha sufrido una rebaja o merma.
Baldado.—Dícese del individuo “privado por una enfermedad o accidente del uso de los miembros o de alguno de ellos”. Su entronque es también árabe, de “battal”, anular.”
La percepciòn social del discapacitado, siempre es el resultado de dos estereotipos antropoculturales: el que està ligado a la imàgen social del discapacitado y el relativo a la concepciòn de su sexualidad.
Del encuentro de dos estereotipos, pueden surgir sinergismos positivos (valoraciòn de las valencias de integraciòn, independencia y socializaciòn), y sinergismos negativos (que invitan a la separaciòn, represiòn, perversiòn, etc).
El minusválido siempre tuvo alma de caballero andante, aunque a veces ocultara esta esencia, casi nunca por culpa suya, con modales de truhán.
Inmóviles, pensantes y sentientes pero no actuantes, así es como vemos transcurrir casi todos a esa sucesión de hechos a la que llamamos Historia. Contemplando, espectadores pasivos, aquello que sucede o sucedió y sintiendo dentro de nosotros el temor hacia lo que sucederá. De este modo han vivido durante siglos las personas con discapacidad, sintiendo pero no actuando o actuando mal, haciéndolo, nunca mejor dicho, con deficiencias. Convirtiendo en constante la presencia de la melancolia y, muchas veces, de la desesperación.

En la actualidad, nos sorprendemos al conocer relatos relacionados con el proceso històrico de categorizaciòn social del discapacitado. Analicemos a continuaciòn las siguientes reseñas :

En la etapa prehistórica, podríamos considerar hasta cierto punto “lógico” que el hombre primitivo ; obligado a vencer peligros de casi imposible superación simplemente para alcanzar el derecho a proseguir su existencia, apartase de sí todo aquello que no le representaba una positiva ayuda. Cuanto más si constituía una carga. Sin embargo, algunos hechos hacen pensar que, al menos, se intentaba alguna acción curativa, como lo demuestra el hallazgo de fracturas óseas consolidadas (Homo Neanderthalensis) de modo tan perfecto a como hoy se lograría. Algo después, en la Era Neolítica, existen pruebas de que se realizaban amputaciones (restos de La Terre, en Francia), si bien las especiales características de estas (manos y, sobre todo, dedos) han hecho pensar en la práctica de algún rito o ceremonia religiosas. Una intervención, interesante por su antigüedad. es la trepanación que hoy día, en alguna tribu aislada del continente africano se sigue realizando, seguramente con la misma técnica usada en la Prehistoria, sin el empleo de anestésicos y con resultados postoperatorios excelentes, a pesar de la increíble atmósfera en que se lleva a cabo la intervención. Probablemente, hay también aquí un fuerte componente religioso, premonición de los famosos “endemoniados” medievales. En vasijas de épocas más modernas de la Prehistoria se han encontrado grabadas figuras de cifóticos, enanos, amputados, etc., lo que demuestra que al menos el discapacitado existía, puesto que era conocido.
Estas representaciones traducen el eterno temor del hombre a lo desconocido, a lo diferente, adorándolo y venerándolo por la fuerza misma de este temor que otras veces, en cambio, le lleva a la destrucción. Es una etapa muy breve sin duda pero que está presente en todos los pueblos primitivos. Creemos que las figuras de enanos, jorobados, amputados, etc., encontradas en vasijas prehistóricas, poseían significados religiosos. En casi todas las religiones hay dioses contrahechos:

"Tullidos". El Bosco
Horus, hijo de Isis, Hefesto y, sobre todo, su trasunto latino Vulcano, Hades y su contrafigura romana Plutón. El poderío de algunos dioses paleolíticos se basaba en sus mutilaciones (Hombre de cuatro dedos) o en su baja estatura (Enanos). Algunos pueblos solares, en la época de los Gigantes, tienen dioses de un solo ojo, como sucede en Egipto, en la India (Surya) o en los pueblos del norte (Odín). En el ‘Popol Vuh’ el Primer Gigante es cegado por los Gemelos, si bien ello representa el comienzo de su decadencia como divinidad.

En las Culturas Primitivas de la humanidad están unidas por un mismo denominador en relación con el discapacitado: Proscripción y desprecio. Ello deriva tanto de la creencia en que la fuerza física constituía el máximo don para el hombre como de la idea generalizada de que las deformidades y deficienias físicas y las alteraciones mentales eran una muestra del castigo divino por pecados cometidos por los interesados o sus ascendientes o bien signo externo de la malignidad del sujeto. Es curioso que esto ocurriera tanto en los países orientales y asiáticos como en las alejadas tribus americanas. Así, los Indios Salvias de Suramérica daban muerte a sus miembros con alteraciones físicas, tanto congénitas como adquiridas, lo mismo que en la India eran lanzados al sagrado Ganges. Algunos pueblos, al menos relativamente, se salvan de este comportamiento, como son el egipcio y el hebreo entre los orientales y el maya entre los americanos.

En Egipto, si bien es posible que esto sucediera de modo exclusivo con las personas reales o de elevada alcurnia, existen pruebas de que se aceptaba y se trataba de mejorar al individuo discapacitado. Así, el bajorrelieve existente en Copenhague, que representa a un príncipe de la XVIII dinastía, Imperio Nuevo (unos mil cuatrocientos años A. C.), con una extremidad inferior intensamente atrófica, seguramente como consecuencia de un proceso poliomielítico, y apoyado en un largo bastón. La representación más habitual del dios Horus era en forma de un niño débil y poco desarrollado situado sobre las rodillas de Isis, su madre. También se conserva una fractura de extremidad inferior, con una ingeniosa férula inmovilizadora, hallada en una momia de la V dinastía (unos dos mil quinientos años a. A. C.), lo que indica el buen desarrollo de la Medicina egipcia. Los hebreos parece trataban bien a sus discapacitados, considerándolos como verdaderos hombres y, por tanto, hechos a imagen y semejanza de Dios. De los mayas sabemos que poseían una gran bondad de costumbres. Respetaban y querían a los ancianos y les eran especialmente gratos los enanos y los seres deformes.

Como el resto de la medicina, la psiquiatría comenzó a desarrollarse con los griegos. Al respecto, merece ser mencionado el texto sobre “Las enfermedades sagradas”, atribuídos a Hipócrates. En general los autores grecorromanos son de tendencia somátista, atribujendo a las enfermedades mentales causas absolutamente físicas. Dado que éstas enfermedades eran incurables, sostenían que el médico podía negarse a tratarlas. El campo de la psiquiatría abarcaba en una primera instancia a los enfermos mentales, discapacitados en general, mujeres estériles, etc.
Una leyenda griega admite que Hefaistos, que se corresponde con Vulcano en la Mitología romana, fue arrojado a la tierra nada más nacer por su madre Hera, al ver lo feo y deforme que era. Sileno, símbolo de la vejez procaz, era pintado calvo, barrigudo, con el rostro deforme y lo mismo puede decirse de los sátiros, seres híbridos y lascivos. En cambio, los dioses y los héroes supremos, Hera, Selene, Afrodita, Dionisos, Mercurio, Adonis, poseen casi siempre una extraordinaria belleza. También en el Cristianismo influyen estas ideas, y así vemos que los ángeles y los santos son siempre hermosos, y los diablos, feos y repulsivos. Esto ha transcendido, salvo algunas excepciones, a todas las formas literarias, lo que ha dado origen a mitos perfectamente definidos, como el de la bella y la bestia o la estereotipia, en bondad y belleza, del “protagonismo”.

Los romanos, especialmente a partir de la Ley de las Doce Tablas (540 A. C.). conceden al padre todos los derechos sobre sus hijos, muerte incluida. En general, sin embargo, la muerte del niño deforme no era lo habitual, sino que se le abandonaba en las calles, o bien se le dejaba navegar por el Tíber, introducido en un cesto, para pasar a las manos de quien le utilizase, bien como esclavo, bien como mendigo profesional. Es en Roma donde se inicia el ejercicio de la mendicidad como oficio y donde nace la costumbre, tan extendida después, de aumentar las deformidades deliberadamente con el fin de que al ser mayor la compasión fuesen también mayores las limosnas. Esto originó todo un comercio de niños deformes o deformados a voluntad con distintos tipos de mutilaciones que se va a mantener prácticamente hasta nuestros días. Es en Roma, finalmente, al ser un país guerrero por antonomasia, donde se va a dar por primera vez el sistema de retribución a los discapacitados, si bien exclusivamente por causa bélica, a través de la entrega de tierras de labrantío, cuyo cultivo les permitiese proveer a su subsistencia. Este sistema es el que dio origen indirectamente a los agrupamientos llamados “collegia”, antecedente directo de las agrupaciones gremiales de la Edad Media.

Hecho importante en esta etapa lo constituye la aparición del Cristianismo, que, en principio, consigue la integración fraternal de todos los hombres en una sola comunidad. Esto da origen a la creación de instituciones para la atención del discapacitado, que culminan con los “nosocomios” del emperador Constantino.
Puede decirse que esta época constituye un oasis de bienestar en la odisea del discapacitado.

En Esparta, los niños mal formados eran abandonados, con la convicciòn de que la vida o la naturaleza no los habìan equipado bien desde el principio con salud y fuerza. Dado que no aportaban ventajas para nadie, en especial para el Estado, el abandono de los mismos era legitimado socialmente. El abandono de los hijos con problemas fìsicos -dado que no serìan ùtiles para la guerra- constituìa un “mètodo de control de la fertilidad de la poblaciòn”. Aristòletes escribe al respecto : “En cuanto al abandono o crianza de los hijos, urge que haya una ley que no permita a los niños deformes ser criados”. Las leyes de Licurgo, que pretendían una mejora racial a ultranza, así como la pertenencia total del individuo al Estado, obligaban a que todo aquel que al nacer presentase una deformidad física fuese eliminado ; ya es bien conocido el despeñamiento por el Monte Taigetos ; suerte que corrián todos aquellos que con algún grado de discapacidad.

En Atenas, si bien de una forma empírica y naturista, comienzan a crearse lugares saludables, por su clima o sus aguas, para la estancia de enfermos o convalecientes.

Durante la Edad Media, el campo de las enfermedades mentales escapó de manos de los médicos, para pasar a ser parte de la labor de los monjes exorcizadores, de los perseguidores de endemoniados y brujos. Las descripciones de las enfermedades mentales durante la Edad Media europea se encuentran en las actas de la inquisición o en las crónicas sobre las psicósis de masas, tan frecuentes en la época.
“Porque el Diablo es retorcido y prefiere cuerpos retorcidos” (Madariaga), lo que nos enlaza con el concepto medieval de los endemoniados y posesos, ya inmersos en el que llama Kessler “velo de la superstición”. No fué poco lo que influyó en la elaboración de estos conceptos la conocida máxima de Juvenal “mens sana in corpore sano” que, sin embargo, lo que pretendía era fomentar la salud del cuerpo para así conseguir la salud de la mente.De todo ello surge la idea de que era lícita la destrucción de todos cuantos no fueran perfectos:

El discapacitado encuentra muy poco a su favor, como no sea persecución, superstición y daño, en lo cual intervienen una serie de factores que no es del caso analizar. El significado religioso de las deformidades se exacerba y así puede verse que los genios del mal son representados en la figura de seres físicamente deformes. La deformidad es un castigo divino y la enfermedad obra del demonio. Es corriente ver en pinturas de la época al diablo saliendo, generalmente por la boca, de la persona “posesa”, como en la tabla de Leonhard Beck, conservada en Viena, y que representa a “Santa Radegunda expulsando a un diablo”.
Por añadidura, el número de discapacitados aumentó considerablemente debido a las invasiones, fundamentalmente la árabe, y las Cruzadas, así como a las innumerables epidemias que azotaron Europa. De esta manera se inicia una larga e importante etapa en la historia del discapacitado, como es el asilo y socorro en los centros y comunidades religiosas. Pronto nace, sin embargo, la idea de atribuirles actos de hechicería y brujería por pactos hechos con Satanás, creencia que les consigue el odio y la animadversión generales. Se incrementa también de modo fabuloso la explotación de la mendicidad como negocio y, por tanto, la mutilación de niños nacidos incluso sin ninguna alteración. De bien poco sirven a este respecto los esfuerzos de legisladores bien intencionados,que entre nosotros se remontan a Alfonso X el Sabio, continuando a través de Pedro II y Enrique II, quienes especificaron que los mendigos “robustos y voluntarios” fuesen expulsados y no recibiesen limosna.
Resulta curioso advertir que en otros lugares del mundo la suerte del discapacitado en esta época no era mucho mejor que la de sus compañeros europeos. Era norma general, tanto entre las distintas tribus americanas como en las del Pacifico, el abandono de los miembros no capaces para valerse por sí mismos cuando las circunstancias obligaban a una emigración masiva. Hasta hace bien poco ha prevalecido esta costumbre entre las tribus esquimales. Una excepción, acaso en el mundo entero, la constituyó la tribu de indios Pies Negros, de Norteamérica, que cuidaba de sus miembros impedidos aunque ello representase un sacrificio para los intereses comunes.
Un hecho importante se da en la Edad Media y es el agrupamiento de los artesanos, en su lucha contra el feudalismo, en “gremios” o “cofradías”. Por primera vez nace una idea de ayuda por y a través del trabajo. Este sistema se inicia en las “gildas” germanas y se extiende rápidamente por toda Europa, manteniéndose prácticamente hasta el siglo XVIII, en que aparecen los Montepíos Laborales, que dan paso finalmente a las modernas asociaciones obreras sindicales. Entre nosotros se conservan, sin embargo. algunas de aquellas agrupaciones, como son las Cofradías de Mareantes, del Norte y el Levante español, que encierran seguramente la más perfecta ordenación social alcanzada hasta hoy por el hombre. Los discapacitados aportan su ayuda en forma de enseñanza e instrucción profesional de niños y adolescentes.

Lejos de acabar con las prácticas de la Edad Media, el renacimiento las continuó en casi su totalidad. La mayoría de los médicos y el conjunto de la sociedad aceptaban que la posesión diabólica y el trato con satanás eran la causa de la enajenación mental. Los enfermos mentales fueron condenados conjuntamente con los libre pensadores, los herejes y los hechiceros a la tortura y la muerte.
Entre los escritos de la época, se destacan: “Sobre las enfermedades mentales que privan la razón”, “Sobre la generación de los tontos”, “Las enfermedades divinas”, etc.

Así mismo,. Debemos mencionar que fue el valenciano Juan Luis Vives el primero en promover la necesidad de una revisión de las estructuras sociales basada en la organización estatal, lo cual afectaba de modo directo al discapacitado.“Quien quiera comer, trabaje”, dice Vives.“Quien quiera trabajar, encuentre dónde”. En esta idea le secundan eficazmente autores de tan acendrado cristianismo como buena voluntad, tales Fray Juan de Medina, el médico Cristóbal Pérez de Herrera y sobre todos el P. Juan de Mariana, quien propone incluso el paso al Estado de los bienes y posesiones de la Iglesia para un mejor cometido por parte de aquél.
Contra esta acción se alza bien pronto una fuerte reacción, sustentada especialmente por el P. Domingo de Soto y por Fray Lorenzo de Villavicencio, en defensa de las prerrogativas eclesiásticas y del derecho a la mendicidad y a la limosna. Así, sucede que a pesar de haber sido España la primera en intentar mejoras sociales es prácticamente el último en alcanzarlas, ya que hasta el siglo XVIII, con Felipe V, no se consigue imponer el papel del Estado en los asuntos de Beneficencia como colaborador de la Iglesia.
Entre tanto, en los siglos XVI y XVII se habían dictado en Inglaterra “leyes de pobres”, que si no son una solución si que representan al menos una ayuda para los discapacitados, todavía incluidos en ellas. Por toda Europa se van extendiendo dos aspectos médicos fundamentales para su beneficio, como son la Cirugía ortopédica, impulsada sobre todo por el francés Ambrosio Paré, y la confección de prótesis y aparatos ortopédicos, muy desarrollada en Alemania. Se prepara, en fin, el paso a la sociología científica, que va a llegar con el siglo XVIII y que va a constituir la clave del progreso actual.

Durante el siglo XVII, la suerte de los alienados había mejorado en algo. Si bien algunos eran objeto de la caza de brujas, poco a poco la mayoría fueron considerados como enfermos, con la desgraciada connotación de enfermos incurables. En general eran encerrados en asilos o prisiones, donde permanecían atados o castigados. Los viejos métodos del látigo y las cadenas fueron reforzados por la invención del chaleco de fuerza.

"El loco".
El siglo XVIII es del nacimiento científico de la sociología moderna, creada por el francés Comte sobre la base de las ideas vivianas. Se acepta ya universalmente que el discapacitado necesita ayuda, es decir, trabajo e instrucción profesional y no limosnas. Es el momento de las Mutualidades y los Montepíos como defensores y ordenadores de los derechos del trabajador. Todas estas ideas llegan pronto a España a través del irlandés nacionalizado Bernardo Ward, aunque hay que esperar al reinado de Carlos III y al mandato de Floridablanca para que se ordene realmente la Beneficiencia Pública en España.El siglo XIX, siglo de ordenación y de avance, es el siglo de los seguros sociales. Tres figuras, cada una por motivos diferentes, resaltan especialmente en esta época. En primer lugar, Bismarck, primero en implantar los seguros sociales. En segundo término, Carlos Marx, que defiende la dictadura del proletariado, con lo cual abre paso a las distintas formas de socialismo, que, por desgracia. desembocan en el comunismo político. En tercer lugar, y por encima de todos, el Papa León XIII, que es capaz, en su Encíclica “Rerum Novarum”, no sólo de romper con sistemas arcaicos, sino de sentar las bases de la política social cristiana, sin duda el mejor de los caminos actuales.
Durante el Siglo XX, una larga serie de acontecimientos ordenadores se suceden de forma casi ininterrumpida, entre los cuales el más importante es sin duda la toma de forma y de carácter de la especialidad médicosocial denominada Rehabilitación, que se ocupa directamente de las distintas etapas que conducen al discapacitado a una reintegración laboral correcta. Se crean (Boston, 1905) talleres protegidos por el Estado, en los cuales aquellos discapacitados que no pueden alcanzar un rendimiento normal desarrollan un cometido laboral posible. Se consiguen avancestécnicos considerables en ortopedia. Se afronta de modo directo el problema de los niños discapacitados. Se busca, en fin, llegar a esa meta por la cual todos luchamos y que será seguramente el símbolo de nuestro siglo: Seguridad Social. Seguridad Social para todos los hombres, sin distinción alguna.




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