22 septiembre 2010

"Carta a mi padre"



Testimonio de una persona transexual con discapacidad.


Irina Echeverría.



Se trata del testimonio descarnado de Irina Echeverría, adaptado por Lourdes Díaz; el recorrido sincero, duro y ejemplar de una mujer que luchó por ser aceptada como tal, a pesar de las dificultades, los dolores y la soledad. Pues el proceso de la transexualidad es una travesía solitaria, “porque si bien es una de las condiciones en las que la persona está más cerca de sí misma, voltea alrededor y está sola”(81), pues al asumir otra personalidad, otra imagen, otro nombre, la mayoría de las personas que se conoció antes prefieren estar lejos, incluso la madre, el padre, las hermanas.
El libro empieza con la picazón, el deseo de rascarse, pues Irina desde muy pequeña atravesó por diferentes operaciones para corregir malformaciones en la columna y en las piernas que le impedían caminar; por una negligencia médica, una de esas operaciones la obligaría posteriormente a movilizarse en silla de ruedas. Por su enfermedad degenerativa el transcurrir de su niñez y adolescencia la hizo esclava de su cuerpo, un cuerpo sufriente con el que además no se sentía identificada, añoraba en su fuero interno ser una mujer. Este proceso estaba atravesado a su vez por un conflictivo entorno familiar, en el cual la madre debía sacar adelante a ella y sus hermanas pues su padre era preso político por sus ideas comunistas.
Este testimonio se relata precisamente al modo de una carta al padre, el ajeno, el revolucionario, el ausente, que intentó cambiar el mundo y no logró cambiar su propia familia hacia un núcleo solidario y afectuoso. Por su sexo masculino, Irina fue enseñada en la contención de los sentimientos, en el dolor estoico, la violencia, la indiferencia. Siendo niña y teniendo que pasar por diferentes cirugías que la alejaron de México, su país natal, tuvo que contener el deseo de afecto y verter lágrimas a escondidas, añorar con toda el alma ser mujer.
Producto de la enfermedad, los aparatos ortopédicos y medicinas que utilizaba la hicieron una marginal, posteriormente su búsqueda interna por la sexualidad y finalamente la convicción política, la llevaron de “Urco” de El plantea de los simios, al “hombre biónico”, hasta llegar a ser el “Ché”. Por su parecido físico y una boina que adoptó como parte de su atuendo cotidiano, esta nueva personalidad la libró de otras acusaciones y le causó simpatías.
La posible pérdida de la vista producto de la enfermedad degenerativa que padeció desde la infancia la impulsó a dar el gran paso de su vida: convertirse en mujer. Asimismo, la separación emocional de su esposa, Neli, la liberó del dolor de estar dejándola sin una pareja. Neli la ayudó también a explorar el lado femenino que había tenido oculto, a aprender a llorar, a sentir, hasta ser Irina. Después de un largo proceso de adaptación Irina y Neli lograron superar la dura prueba de la transformación para derivar en una nueva y renovada relación, recreándose en el afecto.
Irina relata los difíciles problemas sociales, la exclusión social de la que es objeto, primero por haber sido parte de una familia “comunista”, luego por su discapacidad, por los espacios a los que está restringuida en un entorno que ve sus necesidades como privilegios, tercero por ser transexual, como ella se define, por desear ir en busca de su verdadera identidad, que la ha alejado de amigos, familiares y amores, finalmente por ser mujer, al haber completado su transformación, por la facilidad con que los hombres la abordan y la dejan de considerar persona. A pesar de las situaciones desfavorables ha logrado superar su enfermedad y realizarse como mujer, formar una relación afectiva y solidaria con su pareja y seguir luchando por sus convicciones, por un mundo más solitario y respetuoso de las identidades.

Nota desde ILGA.




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