23 septiembre 2010

"HÉROES, NO HACEN FALTA ALAS PARA VOLAR".

De: Ángel Loza Género.










Sinopsis:
Pascal Kleiman nació sin brazos, 
pero eso no le frenó en su carrera como dj 
de música techno.



La historia del discjockey que pincha con los pies por sí mismo ya vale más de 60 minutos de metraje. Pascal Kleiman nació sin brazos, pero eso no le frenó en su carrera como DJ de música techno. Un ejemplo que constata que la voluntad humana es más fuerte que cualquier impedimento, sea del tipo que sea. Esta es la tesis que guió la filmación de Loza, el ganador del Goya.
La noche de la gala de los Goya duró casi un día. Una sobredosis de alegría contagió al equipo de Héroes. No hacen falta alas para volar, un filme que refleja la historia de un discjockey que pincha con los pies en las discotecas de Valencia.
A la pregunta de si Kleiman quiere ser un héroe, responde: “Claro, quién no. Un héroe que no utiliza armas, aunque de momento soy Pascal. Y quiero que la gente me conozca por lo que soy, no por pinchar discos con los pies”. 


Este DJ es un ejemplo de vida, ya que a pesar de sus limitantes físicas, ha sido uno de los mejores DJ´s de la historia. Su vida quedó marcada desde que era un feto, ya que su madre tomó talidomida cuando estaba embarazada y le provocó una grave malformación. Sus pies son sus manos, con ellos come y maneja los discos que pincha en locales de Valencia.
“Nunca he soñado con tener brazos”, dice él, a pesar de que estamos en un mundo que vive en la discriminación, pero que cuando estás con él no hay compasión, y dice no tener rencor alguno por nacer así, ya que su madre tomó esa droga por prescripción médica y no por ignorancia o apatía.
El desde niño instintivamente, comenzó a tomar sus alimentos y objetos con los pies, hasta que se fue acostumbrando, y sobre todo su familia le ha ayudado a salir adelante, como su abuelo que es un erudito sefardita que le enseñó la Kabala. “Mi padre era joyero y mi madre tenía una peluquería en Montouban. Ellos siempre consideraron guetos los lugares reservados a los minusválidos, y seguí una escolarización normal”. Se licenció en Derecho en Toulouse. “En esa época viví con rabia mi minusvalía. Estaba locamente enamorado de una chica, pero ella no podía corresponderme. Lloré como nunca”.
Ahora, sostiene el plato con los dedos de su pie izquierdo, que es como su mano derecha. Algunas personas clavan su mirada en él. “Yo nunca bajo la vista”. Pascal no le teme a nada, salvo a lo que está terminado y sin movimiento. El matrimonio, por ejemplo. Tiene un niño de tres años, Yahel, pero ya no vive con la madre. “Me sentía prisionero, encerrado en un esquema. La vida diaria demasiado organizada, el amor instalado e inmóvil. Era terrible”. Como mejor se siente es pinchando discos. “La gente se olvida de mí y ya no presta atención a mis pies, que juegan con los vinilos o suben los amplificadores. Bailan y vibran, y yo con ellos”. Este DJ indudablemente es un ejemplo a seguir.



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