23 septiembre 2010

¿SEXO ESPECIAL?.


PAUTAS ACTITUDINALES ANTE LAS CONDUCTAS SEXUALES

EN DISCAPACIDAD MENTAL.

Prof. Silvina Peirano.











La educación sexual considera diversos aspectos del individuo que procurará unir; como lo emocional, intelectual, los elementos somáticos, etc, del ser sexual. El término educación sexual implica plasticidad y pluralidad, por lo que su enseñanza no puede reducirse a una charla aislada, sino que demanda un proceso familiar y social de participación activa, que comienza con el nacimiento mismo. Permanentemente estaremos educando sexualmente, aún cuando no sea nuestro propósito, a través de actitudes, conductas, prohibiciones, etc, realizadas frente a los niños o jóvenes con discapacidad mental.

Berge recuerda que la educación sexual suele plantearse en estos términos: ¿ hay que informar al niño o es preferible que cada uno se entere por sus propios medios?. Por otra parte, señala que el silencio de los padres en ésta materia presupone lo peor.

Puesto que el jóven con discapacidad vive como cualquier otro individuo en un mundo en el que la sexualidad ocupa un lugar importante, éste corre el riesgo de sentirse preocupado al comprobar que una publicidad manifiesta en su casa, fuera de ella, el silencio y hasta el misterio en toda cuestión relativa a lo sexual lo rodean.
Así, no se debe limitar la educación sexual a su aspecto específico, sino que hay que extenderla y utilizarla como medio para favorecer la evolución del discapacitado hacia una madurez socioafectiva mucho más amplia. No hay que esperar que la educación sexual logre una desaparición de las manifestaciones sexuales.

La metodología utilizada en educación sexual debe llevar consigo medios para analizar en qué medida ha sido integrado el mensaje transmitido. Esta dificultad de integrar la información, no siempre responde a las limitaciones intelectuales de los jóvenes discapacitados, sino que a veces la verdad puede provocar ansiedad y culpabilidad en demasía como para que se pueda aceptar en una primera aproximación.
Se trata de que el educador logre hacer tomar conciencia a los jóvenes de sus responsabilidades en el plano social y afectivo, y de hacérselas asumir.

En general, el comportamiento de los jóvenes con discapacidad mental, hace pensar que no establecen relación entre las necesidades sexuales que sienten, y la posibilidad de satisfacerlas con el otro sexo.

Se han dedicado varios estudios a la actitud de los padres y educadores ante la sexualidad de las personas con discapacidad mental. Así, Hammar y sus colaboradores, comprobaron que, ante la situación de hablar con sus hijos sobre sexualidad, los padres se sienten más desprotegidos cuando deben dirigirse a un varón que cuando han de hacerlo a una niña. Generalmente esperan las preguntas para responder a ellas y consideran el silencio de sus hijos como desinterés. Hasta llegan a considerar que sus hijos con discapacidad no tienen problemas en éste terreno. La inquietud de los padres se alimenta en general de la preocupación de un posible embarazo o abuso sexual.

Para comprender la sexualidad de las personas con discapacidad mental es menestar tener en cuenta, por una parte, el aspecto particular de cada individuo en su historia personal y, por otra parte, el riesgo que siempre se corre de comparar su sexualidad con una norma que no le concierne: los aspectos que hemos descripto, muestran hasta que punto la sexualidad del discapacitado corresponde a la originalidad de cada personalidad.

Así, es de vital importancia evitar dos actitudes extremas: por un lado el “angelismo”, que podría hacer creer que el discapacitado no puede ni debe verse envuelto en sexualidad y; por otro lado, la tendencia que aspira a que el grado de integración sea en función de la realización de una vida sexual comparable en todo aspecto con el resto de la población.

Por lo demás, ciertos comportamientos sexuales que pueden molestar a nivel social, no tienen en verdad el carácter de verdaderas perversiones sexuales. Así la ausencia de pudor, puede dar lugar a que se juzgue como tendencias exhibicionistas o voyeuristas, porque el sujeto no percibe la diferencia entre el comportamiento tolerado en la familia o en la Institución a la cual concurre, y el que se admite generalmente en el exterior.
Algunos sujetos a los que se mantiene en una situación infantilizante, que se besa y abraza como si se tratara de un bebé, no comprenden porque no han de manifestar de la misma manera su afecto delante de extraños.

Las dificultades a la hora de educar sexualmente en el ámbito de la discapacidad, estarían dadas porque muchos educadores olvidan las limitaciones de los niños o jóvenes al momento de abstraer, por lo que todos ellos- en mayor o menor medida- presentarán inconvenientes para lograr nuevas respuestas frente a situaciones desconocidas: aprender nuevos hábitos en materia sexual.
Una adecuado programa de educación sexual brindado a personas con discapacidad mental, abarcá no sólo la información biológica y anatómica, sino información sobre actitudes, sentimientos, comportamientos, autoimagen, valores y actitudes de vida. Desde luego, es necesario también utilizar los métodos y técnicas apropiadas a las personas con discapacidad mental, teniendo en cuenta sus limitaciones cognoscitivas, físicas y socioafectivas; etc.

Muchas concepciones nos vuelven a una situación que se daba ya antes de la era freudiana, en que un “adultomorfismo” simplista truncaba el desarrollo psicoafectivo del niño. En la actualidad, existe una suerte de “normomorfismo”, según el cual el desarrollo del discapacitado seguiría con un cierto retraso (¿cuál?) el esquema del niño normal.

Se suele atribuir al jóven o adulto con discapacidad mental, necesidades que nada tienen que ver con su realidad. Desde éste punto de vista, se suelen observar sus gestos y actitudes en un marco de intencionalidad sexual, sin que ésta sea su intención primaria.
Asì, las manifestaciones eròticas de las personas con discapacidad son percibidas como anormalidades que han de ser curadas, o bien como fuente de preocupacion y alarma. Muchos de ellos usan el sexo como una posibilidad de comunicaciòn, y no como algo genital; por lo que resulta imprescindible evaluar, en primera instancia, cual es la verdadera necesidad que se esconde tras las manifestaciones verbales o de comportamiento “sexual”.

Estudiar la sexualidad de las personas con discapacidad mental no sólo implica tener en cuenta aspectos biológicos, tales como el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, la fertilidad y las incidencias genéticas, sino también el desarrollo psicosexual, la comprensión de la vivencia sexual, de los problemas de la educación sexual, de las posibilidades de emplear métodos anticonceptivos, y hasta la actitud de los padres y educadores ante la problemática sexual de éstas personas.

En nombre de estos estudios, se suele atribuir al jóven o adulto con discapacidad mental, necesidades que nada tienen que ver con su realidad. Desde éste punto de vista, es frecuente observar sus gestos y actitudes en un marco de intencionalidad sexual, sin que ésta sea su intención primaria.

El estudio del desarrollo psicosexual de las personas con discapacidad implica como premisas; el conocimiento del devenir de las instancias del aparato psíquico. A estos aspectos se refieren los estudios de Lang, que recuerda que para comprender la organización del yo del discapacitado, hay que tener en cuenta mecanismos de defensa o de adaptación, los procesos primarios, secundarios y de la relación de objetos y de los procesos de identificación.

Garrone y sus colaboradores demostraron que existe en los niños con discapacidad mental una filtración constante de procesos secundarios por procesos primarios. Recordemos que éstos últimos están regidos por el principio de placer y reducen el displacer de la tensión instintiva mediante la satisfacción alucinatoria del deseo; mientras que los procesos secundarios están regidos por el principio de realidad y permiten un comportamiento adaptativo para reducir el displacer de la tensión intelectual.
Así, en el discapacitado mental, los procesos secundarios están mal adaptados al yo, lo que lo conduce en las relaciones con los otros a tratar de llenarlas de una manera autoerótica.


DESARROLLO PSICOSEXUAL Y DISCAPACIDAD MENTAL.

"El drama de estos niños está hecho de desesperanza. Aceptarse con sus límites intelectuales o con su miseria física supone una posibilidad de rebelión creativa o salvadora a lo largo de un camino donde se ha percibido el drama personal. Elegir una vida es elegir siempre una lucha". M. Manoni (1987: 155).

Para considerar de una manera correcta a las personas con discapacidad mental, es necesario tener en cuenta tres edades: la cronológica, la mental y la social.

Se comprenderá mejor con un ejemplo, el caso de un joven con Síndrome de Down de 17 años, que sale con su hermano de similar edad y desea ponerse de novio. En éste caso, juega el “como sí”, de los otros chicos que están pasando por una etapa de búsqueda del otro sexo, y una forma de seguir perteneciendo al grupo es hacer y decir lo mismo.
La mayoría de las personas que rodean al discapacitado, exigen de éste un comportamiento sexual acorde a su edad cronológica, lo cual los confunde, ya que se plantea un doble mensaje: para algunas cosas es un débil mental, mientras que para otras es un adulto. Será difícil comprender algunas conductas de un “adulto” que ha alcanzado una evolución cognitiva comparable a la de un escolar de 8 o 9 años, si para interpretarlas se utilizan los marcos de referencia de adultos comunes. Evidentemente, las bases de estas contradicciones están en la información errónea de padres y docentes, que interpretan algunos comportamientos desde la sexualidad del adulto y en base a los prejuicios existentes en torno a los débiles mentales.
Es entonces que se dice, como si fuera una cuestión natural: "las personas con síndrome de Down son dulces y cariñosas", o "mi hijo es inquieto porque tiene una disritmia". Cuando esa persona con Síndrome de Down se enoja, o se entristece, con naturalidad se patologiza ese sentimiento normal y se lo entiende como un trastorno (porque los Down son dulces y cariñosos). O se impide la reflexión sobre las angustias, las frustraciones o los conflictos que puedan causar la inquietud, porque ésta es causada por la disritmia y lo que debe hacerse es regular la medicación neurológica.

La educación sexual occidental estuvo basada en el sexo- reproducción, por lo que no se creyó necesaria la educación sexual para las personas con discapacidad mental.
Veamos un ejemplo que clarificará los conceptos anteriores: Juan tiene 18 años de edad, concurre a un taller protegido, donde realiza tareas de armado de cepillos; los padres consultan si es necesario iniciarlo sexualmente ya que se masturba diariamente. Esta situación les indica a ellos que Juan necesita una “descarga fisiológica”. Juan tiene una edad mental aproximada de 8 o 9 años, y realiza actividades laborales asignadas de acuerdo a su edad mental. La inquietud de los padres es la de los padres de un varón de 18 años con un desarrollo evolutivo normal. Evidentemente hay en ellos la necesidad de acercar a su hijo a un patrón de conducta social “normal”, lo que es imposible dado el CI de su hijo.

Un adulto puede equivocarse al interpretar rápidamente los juegos de exploración sexual. Al evaluar a estos individuos suele encontrarse que el desarrollo evolutivo no es el esperable, o sea que el desarrollo psicosexual no concuerda con la evolución en otros aspectos de la vida. Cuando una persona logra un buen desarrollo de sus habilidades motrices, pero está detenida en etapas anteriores del desarrollo psicosexual, es necesario investigar las causas de esta discordancia evolutiva. Puede deberse a interferencia en las relaciones interpersonales, a las pocas oportunidades de experimentación y exploración y sobre todo a la represión y negación de su sexualidad, alimentado por la desinformación y los prejuicios sociales.

La implementación de un buen programa de educación sexual, tenderá a lograr la máxima capacidad en cada persona, de acuerdo con cada nivel mental (puesto como límite máximo), del desarrollo psicosexual.

El proceso biológico de los débiles mentales, es decir su conformación anatómica, el desarrollo de los caracteres sexuales primarios y secundarios, la producción sexual masculino tanto como la femenina, la menarca (primera menstruación) y la egarca (primera polución nocturna), y el aumento de los impulsos biológicos, transitan por las mismas vías que cualquier otro ser humano, lo que se modifica es la forma de expresar dichos impulsos, determinados por la edad mental. Por lo tanto será imposible que éstas personas actúen con expresiones adultas, salvo que existan conductas imitativas o que sean guiadas por algún adulto. Con esto queremos decir que muchos chicos con retardo mental pueden imitar o actuar de determinada manera, lo cual no significa que comprendan lo que están haciendo. Generalmente la imitación trae consigo la reacción del adulto, por lo tanto la curiosidad se verá estimulada y reproducirá la misma conducta buscando la reacción del adulto, en un intento de comprender el significado. El sentimiento de culpa que resulta de haber hecho “algo malo” que no se entiende promoverá la repetición del hecho, que al principio no tenía ningún significado “sexual”, pero adquirió la connotación a partir del adulto.

Es necesario recordar que las manifestaciones reiteradas de ciertas conductas sexuales, tienen orígen en el deseo de satisfacer una necesidad oculta, siendo el sentimiento de culpa la energía que hace repetir fantasías y comportamientos inaceptables para uno mismo, acompañado de sensaciones placenteras en muchos casos.

Una conducta frecuente en los jóvenes con discapacidad mental, es intentar tocar los genitales de otra persona, con la consecuente respuesta negativa de la otra parte. Como éste jóven le asigna un significado diferente a la situación, sigue tocando a otras personas con el fin de observar la respuesta que provoca. Si la primera vez le hubiesen respondido con indiferencia, o con un llamado de atención respecto a la necesidad de respetar el cuerpo del otro, todo habría quedado ahí, pero la mayoría de los adultos desconocen la verdadera situación de éstas personas, y reaccionan conformes a prejuicios y creencias que le atribuyen una intencionalidad perversa. Para que se entienda mejor; se puede decir que si este jóven en lugar de tocar los genitales de otra persona, hubiese tocado su hombro; y la reacción hubiese sido de rechazo, seguiría tocando los hombros de otras personas. Pero como el hombro no es catalogado como una zona sexual de nuestro cuerpo, habría personas que al ser tocadas, reaccionarían positivamente, y el jóven dejaría de repetir la conducta.

Nuestro enfoque incluye la totalidad del contexto social y familiar, pués es en la interacción social donde se tejen la “normalidad o anormalidad de persona con discapacidad mental”.
Como se dijo; las personas con discapacidad mental, atraviesan todas las fases del desarrollo psicosexual, aunque experimentando mayor dificultad que lo normal, para abandonar una fase en beneficio de la siguiente, dado que su proceso evolutivo es más lento. Debido a las frecuentes inhibiciones de los padres, docentes y profesionales de la salud, muchas personas discapacitadas no tienen las habilidades psicosexuales adecuadas para desarrollar relaciones afectivas, o para acceder a sus posibilidades de desarrollo psicosexual (conductas adaptativas), pues muchas veces se interfiere desde los miedos del adulto.
El desarrollo sexual en el retraso mental sigue los mismos patrones típicos:
• Exploración del cuerpo, con conductas masturbatorias, o mejor dicho de autoestimulación.
• Exploración de otro cuerpo (del mismo o distinto sexo), en la elección de pares afectivo.

Luego de la toma de conciencia de la capacidad orgásmica y por lo tanto, la adquisición de una intencionalidad “adulta” en un futuro, se presentara:
• Exploración del cuerpo con técnicas de manipulación de
genitales (masturbación).
• Exploración de otros cuerpos en la elección de pares sexuales.

Cada nivel de retardo mental accederá a una parte del proceso detallado.
Independientemente del nivel de desarrollo psicosexual al que acceda cada individuo, debemos revalorizar en todos los casos a las personas con discapacidad mental como seres sexuados como cualquier otro, con necesidades sexuales y afectivas, respetando sus espacios de intimidad; constituyendo la afectividad uno de los grandes canales por el que pueden expresarla, procurando que los miedos sociales no sean un obstáculo para su acceso.
Las experiencias del niño o el adolescente con deficiencia mental en la esfera de la sexualidad son un dispositivo estimulador del desarrollo de su persona.

La posibilidad de REINVENTAR la actividad sexual existe y es posible. Las vidas sexuales de las personas con discapacidad mental pueden ser tan felices o tan tristes como las de cualquiera.


ASPECTOS RELACIONADOS
CON LA SEXUALIDAD
DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD MENTAL.

Algunas situaciones que suelen plantearse en las Instituciones.


1) Es frecuente que las escuelas de educación especial consulten porque dos personas con discapacidad mental de grado moderado, fueron vistas en una habitación desvestidas y manteniendo contactos corporales; la expresión del docente que los sorprendió suele ser “llegué justo a tiempo porque sino...”, generalmente sucede que imaginan más de lo que puede ocurrir desde la intencionalidad adulta; desde el temor a la violación.
Si el adulto no interviene la situación se mantiene entre los chicos en el nivel de exploración corporal infantil, en algunos casos se presenta como falta de respeto de un niño o joven hacia otro, por lo que hay que intervenir protegiendo al que está siendo agredido, por no corresponder a esta propuesta.
Es difícil imaginar una pareja de niños de 7 u 8 años no discapacitados en un coito, los jóvenes con retardo mental moderado actúan de igual manera.

2) Es frecuente que los jóvenes con discapacidad mental utilicen expresiones del lenguaje popular que manejan como si entendieran su significado, cuando para ellos tiene otra connotación y no pueden comprender el simbolismo que le da el adulto.

3) Una de las mayores dificultades que encontramos al estudiar la sexualidad de las personas con discapacidad mental, es el marco de referencia de los adultos, a cerca de lo normal- anormal, que impide una correcta interpretación de la sexualidad infantil de las personas con edad cronológica diferente de la edad mental. El significado de las manifestaciones sexuales de estas personas varía de acuerdo al estado psicosexual en que se encuentran. Una misma conducta tendrá diferentes lecturas según quién la realice: una conducta de exhibicionismo será esperable si la persona que la realiza se encuentra en una etapa psicosexual equivalente a los 2- 3 años, pero no será interpretada de la misma manera si la persona está atravesando una etapa equivalente a los 6- 7 años.
En el primer caso se deberá evaluar las posibilidades de esa persona de evolucionar en el desarrollo psicosexual. En el segundo caso, es factible que la conducta tenga que ver con manifestaciones de problemas de conducta o búsqueda de límites, y no con aspectos sexuales.

4) Entre los jóvenes con retardo mental leve es frecuente el uso de revistas para satisfacerse viendo cuerpos desnudos; el represor empeora ésta situación. Saber disfrutar de esta situación erótica agradable, compartir la curiosidad por el “ver”, convierte la “obsesión morbosa” en una anécdota agradable.

Asimismo, los padres de estos niños y jóvenes presentan temores y preocupaciones por determinados comportamientos socioafectivos de sus hijos que pueden ser malinterpretados por las personas que los rodean; ejemplos de ello son los expuestos por Achilles (1996), quien dice que algunos padres temen que sus hijas sufran de abusos sexuales por mostrarse confiadas y cariñosas con los extraños, o bien la marcada preocupación de algunos padres de familia ante la conducta de masturbación de sus hijos(as), pues temen que la realicen con demasiada frecuencia o en lugares públicos.

Conductas problemáticas a nivel social.

Algunos niños y jóvenes con discapacidad mental pueden presentar las siguientes conductas:
• Muestran afecto indiscriminadamente, a veces impulsivo.
• Muestran un juicio pobre y un razonamiento deficiente en el desarrollo de las relaciones afectivo- sexuales.
• No pueden o les cuesta mucho expresar, verbalizar y explicar sentimientos, pensamientos y emociones.
• Dificultad para retrasar esfuerzos y calificarlos adecuadamente, lo que en ocasiones genera abusos o miedos por parte los adultos.
• Dificultad para distinguir la realidad de la no realidad, los sueños y experiencias frutos de la imaginación, de lo que realmente ocurre.
• Tendencia a mostrar su cuerpo o manipulaciones del mismo en cualquier situación.

El exhibicionismo puede ser una manera de disimular la vergüenza que se siente por no poder controlar esfìnteres. Por conocer el significado de lo ìntimo, se quiere burlar ese lìmite. A veces lo niños que han sido objeto de de abusos sexuales, buscan el masturbarse en pùblico, como modo de escenificar lo que pasò.
No es la anormalidad en sì misma, lo que los conduce a masturbarse excesivamente.
Gestos repetitivos como el mecerse, morder, agitar las manos o golpearse en la cabeza, suelen ser signos de una gran vulnerabilidad.




PAUTAS ACTITUDINALES ANTE LAS CONDUCTAS SEXUALES.

La autoestimulación sexual.
Desde pequeños, niños y niñas tienen comportamientos autoestimulatorios con una intencionalidad diferente a la del adulto. Tales conductas, no necesariamente acompañadas de estimulación manual, producen gratificación y agrado en ellos.

Actitudes negativas y/o prohibitivas ante estas conductas exploratorias, pueden sentar una base inadecuada sobre la cual se instalen sentimientos negativos en relación al sexo. Ciertas amenazas como “no te toques”, “se te va a caer”, “te lo voy a cortar”, son angustiantes, porque expresan con mayor o menor claridad un intento de mutilación.



El diálogo de ayuda frente a la masturbación.
Michel Foulcaut en su capítulo “Hipótesis represiva”, sostiene : ... “Desde la penitencia cristiana hasta hoy, el sexo fue motivo de confesiones. Los controles recientes con los cuales ; desde el siglo XIX, se ha invadido la sexualidad infantil y perseguido sus “hábitos solitarios”, consisten en diversos mecanismos de poder. Para ejercer el poder real se exigen más que las viejas prohibiciones, presencias contantes, atentas, también curiosas, supone proximidades, procede por exámenes y observaciones insistentes. Require de una serie de cuestionarios a través de preguntas que arrancan una serie de confesiones.
La confesión fue y sigue siendo hoy la matriz general que rige la producción del discurso verídico sobre sexo”.

Entre las formas de ayuda que se pueden prestar al adolescente, el diálogo podría parecer de escasa eficacia. Sin embargo, cuando el jóven se acerca a nosotros espera encontrar una ayuda definitiva: sabe tan bien como nosotros que debería poner un fin a su hábito, pero la manera de conseguirlo se le escapa, y por ello espera encontrar el camino de su “liberación” hablando de ello.

El tema de la palabra como vínculo de verdad y progresión interior se debe a la influencia freudiana y su aparición en la conciencia contemporánea. Este puede ser el punto de partida de la decisiva importancia que reviste la expresión verbal en el psicoanálisis, sobre numerosos sectores de la existencia humana.
Al hablar del diálogo ayuda, nuestro propósito se apoya en la importancia del lenguaje para el acceso del individuo a su realidad interior.

Los juegos sexuales.
Conviene destacar lo que algunos autores han señalado respecto de que en un ambiente hostil a éste tipo de manifestaciones, las necesidades sexuales son realizadas lejos de la visión de los adultos, buscándose el camuflaje de los juegos sexuales.

Las actitudes prohibitivas en este sentido, tienen por resultado el fin contrario al deseado, si se intenta extinguir la conducta : solo se consigue que se sigan practicando en secreto.Por el contrario, existen opiniones que tienden a demostrar que los juegos sexuales tienen resultados positivos, que los primeros juegos en éste sentido favorecen la adaptación sexual. Para algunos expertos, son el camino hacia una vida sexual sana y equilibrada, sugiriendo con ello que tales juegos deben estimularse como un preludio de una adolescencia y madurez saludables.
La autoestimulación y los juegos sexuales en la etapa escolar son dos típicas manifestaciones sexuales ante las que el educador debiera adoptar actitudes permisivas y tolerantes, nunca prohibitivas; dentro de un marco que más adelante detallaremos. La aceptación de las mismas es una buena prueba de que se admite la sexualidad.

El contacto corporal.
Un aspecto interesante a destacar en éste punto resulta de la importancia del vínculo corporal entre padres e hijos, ya que a partir de él se pueden realizar varias lecturas relacionadas con la sexualidad adulta.

Otro aspecto interesante resulta de las actitudes respecto de las conductas sexuales de niños y jóvenes. Las más frecuentes tienen como objetivo prohibir conductas de autoestimulación, utilizando técnicas diversas: levantarse temprano, hacer ejercicios al aire libre, ausencia de ropas ajustadas, etc.

Esta visión del cuerpo como algo intrínsecamente malo, fuente de pecados; es más virulenta cuando se trata de las mujeres.

No hemos de olvidar, como señala Fast, que “los niños antes de aprender las inhibiciones de nuestra sociedad exploran su mundo con el tacto”.
La exploración de su propio cuerpo es una parte importante y natural del desarrollo del niño, y este desarrollo comprende la exploración de otros cuerpos, entre los cuales se encuentra el de los padres y el de otros chicos.


Mirar, observar relaciones sexuales adultas.
Existe una natural y sana curiosidad por mirar el cuerpo de los demás y el propio. Si se prohibe esta conducta, sin mayores explicaciones o se la censura de manera agresiva, lo único que se consigue, además de sobrevalorizar esa acción, es satisfacer la curiosidad, haciendo que el interés no desaparezca.

En el caso de la observación fortuita, debe adoptarse una actitud comprensiva, tolerante y benevolente, explicando posteriormente que es preciso respetar la intimidad, haciéndole ver al niño que - en el caso de observar la relación de dos adultos- es una manifestación sana, deseable y placentera, toda vez que es una conducta íntima y exclusiva de los padres, que debe respetarse al igual que ellos respetan la suya.


Imitación de relaciones sexuales.
Ya incluídas al momento de hablar de los juegos sexuales, aunque hay conductas con una intencionalidad claramente coital o genital. Pueden darse frecuentemente entre hermanos/as, amigos/as, etc. No tienen ningún tipo de trascendencia si son entendidas correctamente por el adulto. Actitudes prohibitivas y castigos, no hacen sino complicar la situación.


Exhibicionismo.
Sería una tendencia natural a exhibirse, en la cual el niño/a tiene una natual satisfacción. Ciertas conductas sexuales análogas en adultos, podrían eventualmente explicarse en función de las actitudes parentales hacia estos juegos.

Según nuestra opinión, ciertas conductas de los padres ; como por ejemplo las observables en el nacimiento de un varón en la familia,
-en especial si éste es el primogénito-, al mostrarlo a los parientes o amigos, se acompaña la presentación de ostentosas referencias al desnudo genital, valorando ese hecho de un modo significativo para el pequeño, invistiendo al falo de un valor particular, que los participantes suelen reforzar con risas y comentarios, ante los que el niño comienza a responder.


Sintetizando: el rol del educador es de fundamental importancia en la solución de problemáticas sexuales. Su escasa información, de modo alguno imputable a ellos mismos, sino a los profesorados de formación docente donde se capacitaron en cuestiones sexuales, y el escaso apoyo institucional, ha hecho qure la inhibición o una inadecuada intervención sean la constante en numerosos centros escolares.
No obstante, además de la adquisición de conocimientos, es fundamental la propia reflexión entorno a las actitudes adoptadas fren te a las manifestaciones sexuales de los alumnos.
El significado de la sexualidad para los deficientes es en principio el mismo que para el resto de las personas, es decir, la posibilidad de autodesarrollo, de expresión de sentimientos, de afectos, de contacto, de comunicación y amor. No tiene porque existir una ética específica para los disminuidos y otra para el resto de las personas. “Si el significado de un ser humano y el significado de la sexualidad son por naturaleza los mismos, la misma ética sexual es aplicable”. (Amor, 1995:121).
Se puede afirmar que la importancia de la sexualidad en el desarrollo de la persona y de la personalidad del deficiente mental es incluso mayor. Por sus limitaciones y carencias, en especial en lo referente a sus posibilidades de verbalización, por las actitudes de la sociedad hacia su persona y la auto imagen que ha construído en él, hace del deficiente una criatura necesitada como pocas de estima, afecto, amor y cariño.

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