24 septiembre 2010

La Educación Sexual y Afectiva de personas con minusvalías psíquicas.


 Una propuesta de intervención para profesionales, 
padres y madres. 
  Por: José Luis García Fernández 
Dr. en Psicología. Especialista en Sexología. Servicio Navarro de Salud.
  COFES-Iturrama c/ Iturrama 9 Entlo. 31007 PAMPLONA (España). Tlf. 948198334
e-mail
jlgarci@correo.cop.es


Resumen
Recientemente los medios de comunicación se ha hecho eco de una controversia que todavía existe en nuestra sociedad en torno a la sexualidad de las personas con minusvalías psíquicas y que aflora con mayor intensidad cuando se plantea la cuestión de sus relaciones de pareja y la anticoncepción, particularmente la que hace referencia a los métodos quirúrgicos. Este hecho, nos permite reflexionar sobre una cuestión de singular interés y que está latiendo en esa controversia citada, cual el la formación de las familias y profesionales en este terreno y, a la vez, ofrecer un modelo de trabajo experimentado en los últimos años, que puede considerarse realista en la medida en que está teniendo una buena acogida, aunque en cada grupo las iniciativas son distintas.

Este modelo de trabajo tiene como eje central la actuación formativa, subsiguiente a un cierto consenso en el grupo de profesionales y entre éstos y las familias. Es indiscutible la pertinencia de la formación en este área para ambas agencias educativas, formación que facilitará con mayor probabilidad un consenso entre ellas.

La polémica citada debe, desde nuestra perspectiva, enmarcarse en el hecho de que la sexualidad en el mundo de las personas con minusvalías psíquicas es una cuestión sobre la que pesa todavía un gran tabú. También veremos que hay mucho de emoción y de sentimiento, tanto en el área de la sexualidad como en el de las minusvalías psíquicas y que ciertas emociones asociadas a ambos aspectos pueden, con frecuencia, dificultar un análisis objetivo.

Necesidad e importancia de la educación sexual y afectiva.
Es obvio que, en las últimas décadas y en el terreno que nos ocupa, han habido cambios importantes que las personas optimistas no dudarían en calificar de extraordinarios. Seguramente todavía para muchas personas, estos son considerados insuficientes. Habrá quienes piensan que se han producido algunos avances, pero también siguen existiendo miedos y ,desde luego, queda mucho camino por recorrer.

Con todo, si se trataran de explicar estos cambios probablemente el listado de factores implicados en el proceso sería muy extenso. Un factor sin embargo y a nuestro entender, destacaría entre todos los demás: los cambios no se hubieran producido sin el esfuerzo y la ilusión de tantos madres y padres que confiaron en sus vástagos con minusvalías psíquicas, que apostaron por sus posibilidades, que creyeron en ellos/as mismos/as y, como no, de tantos profesionales y voluntariado que trabajaron con una gran motivación.

Creyeron en las capacidades, diferentes, diversas, de los chicos y chicas, con minusvalías psíquicas, de estos hombres y mujeres distintos. Ese tesón les llevó a crear asociaciones a través de las que fueron aprendiendo nuevas cosas de sus hijos/as, de su educación y cuidados, grupos de presión que exigieron apoyos y recursos a las administraciones públicas, que les permitieran promover programas de atención y asesoramiento profesional. Han confiado en ellos/as y en si mismos/as y, en parte, ahí están los resultados.

Pues bien, a nuestro juicio y en ese balance al que se ha aludido, destacaríamos entre otras cuestiones las siguientes:

1. Una primera reflexión acerca de los programas de integración se impone: capacitar a estas personas con minusvalías psíquicas en muy diferentes áreas de la convivencia cotidiana o en el mundo laboral y no incluir un mínimo repertorio de habilidades sociosexuales, no solamente es injusto sino, probablemente, se trate también de una cierta irresponsabilidad ya que se les deja vulnerables ante muy diferentes riesgos, toda vez que no se reconoce su derecho a la educación sexual y su derecho a desarrollar sus capacidades afectivo-sexuales.

La integración y la normalización, exigen una atención global e integral. No hay ninguna razón para escindir las cuestiones afectivo-sexuales del conjunto de la vida de las personas con minusvalías psíquicas y de la atención que se les presta.

2. Es razonable pensar que si los procesos de integración y de normalización - o si se prefiere de respeto a la diversidad- siguen un sendero adecuado, las demandas vinculadas a la vida sexual-afectiva y reproductiva se incrementarán en los próximos años. Cuanto mayor sea el grado de integración mayor será la demanda de este tipo de servicios (educación sexual, planificación familiar, disfunciones sexuales, problemas de pareja, etc).

3. Teniendo en cuenta las actitudes de sobreprotección, sería muy positivo que la familia comprendiera que los cuidados y el amor hacia los/as hijos/as no son incompatibles con una educación orientada a conseguir la mayor autonomía posible. Amar también es educar para la autonomía. Probablemente estemos de acuerdo en que una de las finalidades más importante de su educación debe ser prepararles para una vida lo más independiente posible, considerándoles personas en desarrollo y no niños y niñas permanentes.

Desde este enfoque tenemos que transmitir la idea de la necesidad de que aprendan a tomar sus decisiones, a arriesgarse, a confiar en si mismos/as y en sus posibilidades ya que afrontando los problemas se generan recursos.

4. Nunca se protege a los/as hijos/as de todos los riegos. Es imposible y probablemente no deseable. Ellos/as tienen que aprender a "gestionarse los riesgos", con sus propios recursos y con los que podamos enseñarles. Lo que no parece razonable es que un exagerado temor a los riesgos restrinja su libertad, menoscabando la confianza en si mismos/as y la capacidad para vivir su vida de la manera más autónoma posible. Hemos de centrarnos más en sus posibilidades y mucho menos en lo que no pueden hacer.

5. Hay diferencias muy importantes entre las personas que presentan una minusvalía psíquica y aquellas que la presentan física. La dependencia legal de los progenitores, la capacidad cognitiva y las ayudas técnicas concretas serán tres elementos diferenciales básicos. Obviamente en cada grupo existe así mismo una gran diversidad.

Con todo, si tuviéramos que hacer un diagnóstico de la situación actual podrían considerarse los siguientes elementos:

1. Hay un mayor interés por este tema en ciertos sectores de padres y madres, particularmente los de menor edad. Su formación parece ser un objetivo prioritario en el momento actual y el factor que permitirá más avances en este campo, formación que las familias sensibles a esta problemática, demandan cada vez más.

En este sentido los programas que nosotros hemos desarrollados a lo largo de estos últimos años, variados según los grupos de trabajo, los objetivos y la metodología, ya que cada grupo tiene sus peculiaridades, vienen a confirmar esta necesidad y aceptación.

2. Más comprensión y predisposición a intervenir, en sectores de profesionales. Sin embargo la ausencia de criterios comunes de intervención y el temor a las posibles reacciones de algunos progenitores desincentivan la puesta en marcha de programas. 

3. Los chicos y chicas con minusvalías psíquicas siguen presentando, en general, carencias informativas incomprensibles en el momento presente.

4. La sociedad está cambiando, aunque muy lentamente, en torno a la consideración social de las personas con minusvalías. Los procesos de integración y normalización parecen estar contribuyendo a ello.

5. Perviven numerosos prejuicios y miedos sobre la sexualidad y afectividad de estas personas.

Si bien como se ha advertido, nos encontramos cada vez más hogares con interés en plantear esta necesidad, no obstante:

1. La sexualidad sigue provocando temor y ansiedad particularmente cuando se asocia a la comunicación en cuestiones referidas a la conducta sexual y, más aún, a admitir la posibilidad de una cierta autonomía en este terreno.

2. Para algunos todavía sigue vigente la creencia de que el conocimiento sexual tiene efectos negativos y que es mejor no saber.

3. Hay un importante grupo de padres y madres que siguen pensando que su vástago con minusvalías psíquicas no es como los demás en cuestiones afectivo sexuales y que no tiene ese tipo de necesidades.

4. También se observa una notoria preocupación respecto al hecho de que la sociedad todavía no garantiza unas condiciones adecuadas para un cambio de actitud unilateral. Algunos progenitores, no sin razón, arguyen que la sociedad no puede pedirles los cambios que ella misma no está dispuesta a aceptar.

Aunque los cambios son lentos y costosos, alguien tiene que tomar la iniciativa y pagar el coste que supone la movilización. Por tanto podría decirse que la sexualidad y la educación sexual de las personas con minusvalías psíquicas es una de las " asignaturas pendientes" en los programas de integración y normalización.

En este momento convendría destacar la necesidad de que reConocermos que la persona con minusvalías psíquicas es un ser sexuado con necesidades afectivas y sexuales y que, como cualquier otro ser humano, requiere una adecuada preparación en orden a una positiva integración de su sexualidad y afectividad a lo largo de toda su vida y en sus relaciones. Esta preparación habrá de ser una tarea de familias y profesionales: todos habrán de hacer un esfuerzo en consensuar intervenciones y llegar a acuerdos en los programas que se pongan en marcha.

Las personas con minusvalías psíquicas tienen similares necesidades de intimidad, amistad y afectividad que el resto de seres humanos. Nos atreveríamos a decir que, mas si cabe, atendiendo a la marginación de la que son objeto todavía en nuestra sociedad en lo que respecta al reconocimiento de estas necesidades.

¿QUE HACER?

La educación sexual es una cuestión que interesa a la mayoría de las personas. Claro que a unos más que a otros. Por ejemplo a los sectores más juveniles les interesa sobremanera, a las familias también aunque tienen más dificultades para colaborar y el interés parece patente en buena parte del área profesional.

Como se ha señalado, en los últimos años venimos realizando un modelo de trabajo que puede considerarse realista en la medida en que está teniendo una buena acogida, aunque en cada grupo las iniciativas son distintas. En el taller que vamos a iniciar trataremos de presentar esta propuesta concretándola en objetivos, contenidos y metodología.

Para los chicos y las chicas distinguimos, atendiendo a los procesos de desarrollo, dos etapas: antes de la pubertad y después de la pubertad poniendo un límite puramente indicativo en torno a los 11-12 años. Hemos considerado a los destinatarios/as con un grado de minusvalía ligero.

Este modelo de trabajo tiene como eje central la actuación subsiguiente a un cierto consenso en el grupo de profesionales y entre éstos y las familias. No obstante es indiscutible la pertinencia de la formación en este área para ambas agencias educativas, formación que facilitará con mayor probabilidad ese consenso. No ha de soslayarse el hecho de que, tal vez, sea ésta una de las mayores dificultades del momento presente. Este consenso debe incluir una evaluación de las condiciones reales del Centro (recursos educativos, consenso, coordinación profesionales, características de los grupos...etc.), el establecimiento de unas prioridades y el compromiso de poner en marcha iniciativas específicas.

El consenso y la coordinación entre los diferentes agentes educativos debe abordar al menos las siguientes cuestiones:
·                    Qué información dar.
·                    Qué criterios educativos seguir.
·                    Cuales son las actitudes y conductas permisibles.
·                    Qué lugares y momentos son los adecuados.
Por consiguiente tratar de unificar criterios y consensuar ciertas actividades y actitudes tanto del profesorado/dirección, como de los madres-padres, será un objetivo prioritario de las intervenciones en educación sexual. 

1. Profesionales.

El/la educador/a habitual puede hacer una excelente tarea en el área sexual. Además de la información que pueda ofrecer (sistematizada o no) es un modelo real y por tanto forma parte activa del proceso de aprendizaje a través del modelado, la imitación y la observación.

En este sentido, la propuesta que hacemos considera al profesional que trabajan con los personas con minusvalías psíquicas, como eje central del cambio, como promotores de una nueva situación. Sin duda alguna la formación es la clave de ese cambio en la medida en que no solo: puede capacitarles sino también, y para nosotros es una variable muy relevante, motivarles para ello.

Planteamos una actuación a dos niveles: sensibilización y formación. 

Las actuaciones de sensibilización pretenden motivarles a realizar programas de formación ulteriores. Puede consistir e una o dos sesiones de trabajo en el que se incentive y anime a profundizar. En estas sesiones habrá de insistirse en que la educación sexual es un derecho y una necesidad de todas las personas, que los profesionales, en términos generales, son capaces de llevar a cabo programas educativos y que la formación es el camino adecuado. Es importante informar también de los objetivos y contenidos del programa porque ello puede favorecer una autoselección facilitando la creación de grupos más homogéneos.

En este sentido una propuesta de programa básico de formación es un curso intensivo de 24 horas con 10 sesiones posteriores evaluación, con unos contenidos agrupados en 7 módulos:
-                     Sexualidad humana: sentido e importancia.
-                     Evolución y desarrollo de la sexualidad.
-                     Educación sexual: teoría y práctica.
-                     La Educación sexual en personas con MP.
-                     Habilidades sociosexuales.
-                     Actitudes sexuales.
-                     Temas monográficos: Anticoncepción/ETS/Conductas sexuales.
No obstante, el programa y sus contenidos son abiertos y flexibles a los eventuales cambios que las características específicas del grupo así lo requieran.

En los grupos de formación convendría considerar que haya una cierta homogeneidad, siendo muy interesante cuando se implican sino la totalidad si al menos la mayoría de los profesionales de un mismo centro.

Si bien nosotros proponemos hacer estos programas en horas de trabajo no siempre se consigue, aunque la tendencia debiera ser esa. En nuestra experiencia hemos observado una gran motivación, incluso en ocasiones cierta euforia al finalizar el curso, euforia que acaba diluyéndose en muchos casos. En los grupos con los que mantenemos contactos de supervisión las dificultades siguen siendo importantes, ya que la puesta en marcha de un programa no depende solo de la formación de los profesionales. Una de las carencias más extendidas es la ausencia de criterios de intervención entre profesionales y entre estos y el resto de agencias educativas particularmente las familias.

En esta evaluación hemos observado la importancia de la motivación y de la toma de conciencia acerca de su responsabilidad. Probablemente la incorporación al programa de un apartado relativo a las actitudes y a la motivación sea una cuestión a valorar con interés.

Según estos datos la inmensa mayoría consideran la educación sexual como algo importante, que debe comenzar pronto, pero no todos/as acaban de verse como elementos fundamentales del proceso. Hay casos en los que se delega en otras agencias. No hemos encontrado diferencias importantes tanto en una modalidad intensiva como no intensiva, aunque la aplicación gradual parece ser más aconsejable. La utilización de materiales complementarios y audiovisuales, así como los ensayos conductuales, son de gran interés desde nuestra perspectiva.

Hemos observado en muchos profesionales una cierta obsesión por las técnicas concretas. Desde nuestra perspectiva no hay un método que valga para todos. Existen muy diferentes recursos que pueden ser de utilidad. Cada profesional deberá adaptar a su grupo concreto los recursos y elegir su "propio método". Este es, por ejemplo, uno de los criterios que debe abordarse en profundidad.

Finalmente cabría considerar que del grupo de profesionales que han seguido cursos de formación tienen una actitud más positiva hacia la sexualidad y la educación sexual, se consideran mejor informados, tienden a actuar de manera más sistemática, utilizan más a menudo y mejor los recursos educativos e incorporan temas no estrictamente biológicos al curriculum.

Por tanto es indiscutible la formación de profesionales en el momento presente; de hecho muchos dicen no intervenir por la ausencia de ésta, formación que debe poner en cuestión algunos miedos y prejuicios infundados en torno a la educación sexual que en ocasiones subyacen a ciertas controversias que paralizan el proceso de cambio.

2. Familia.

La segunda línea de actuación son las madres y padres con los que proponemos un trabajo que pretende inciar su formación en este tema, motivándoles a que traten de llegar a un consenso con otos agentes educativos. Desde nuestra perspectiva consideramos de gran importancia, y en algunas circunstancias incluso indispensable, contar con algún tipo de colaboración, ya que son una agencia educativa de primera magnitud, en virtud de tener un elevado impacto, tanto en cantidad de tiempo que hacen educación sexual incidental, como en la calidad, es decir por los procesos de modelado e imitación. Por otra parte su responsabilidad legal y la dependencia que establecen con sus hijos/as es algo indiscutible.

Pensamos que, en este sector de población, cualquier programa de educación sexual debe comenzar por la formación de las madres y padres. Una educación sexual que trata de convencerles acerca de la importancia y la trascendencia de la educación sexual, que incorpore una mínima capacitación en dotar de determinadas habilidades a sus hijos/as, pero también una aceptación de esa persona con minusvalías psíquicas y el reconocimeinto de sus capacidades sexuales y afectivas.

En ocasiones hemos sugerido la necesidad de que sea el profesorado el que pueda estimular la formación familiar, si bien en algunos lugares ha sido francamente difícil. La presencia de una persona experta en ocasiones es útil para tranquilizar a los más temerosos.

Con todo, es preciso contar con el apoyo y la colaboración de los madres- padres y tratar de llegar a unos puntos de acuerdo mínimos. Hemos de señalar que un plantea- miento razonable y profesional tiene el éxito asegurado: cuando les presentamos una propuesta adecuada, aceptan de buen grado.

Por consiguiente en la formación del hogar proponemos un programa que incluya también una sesión general de sensibilización y una segunda fase de formación. Esta última tendría una duración inicial de 10 horas distribuidas en. 5 sesiones y con la posibilidad de supervisiones posteriores con personal especializado. Entre otros los módulos de contenidos serían: Sexualidad humana, salud sexual: prevención y promoción, sexología evolutiva , educación sexual en el hogar y criterios de intervención.

Una segunda actuación con padres es el trabajo psicológico de apoyo que nos parece de gran interés.

La metodología para iniciar los trabajos puede consistir en una convocatoria abierta para todos las familias, favoreciendo el horario adecuado y el transporte. En esta convocatoria habrá de insistirse en la necesidad e importancia de la educación sexual en la familia, su gran responsabilidad educativa y la conveniencia de superar una educación histórica negativa en lo que al sexo respecta.

En esta sesión habrá de argumentarse convenientemente la necesidad de intervenir( siempre se hace educación sexual, las personas con minusvalías psíquicas tienen necesidades, tienen información y, además, viven en una sociedad permisiva que instrumentaliza el sexo de manera omnipresente, existen riegos de salud importantes, debemos prepararlos para una vida lo más autónoma posible, queremos que se integren en la sociedad, tienen derecho a la educación sexual... etc.). Así mismo se tratara de poner en cuestión algunos de los miedos que tienen respecto a la educación sexual, sugerir vias de colaboración y animarles a que sigan algún programa de formación.

Existen diferentes miedos y temores asociados a la educación sexual que responden a una idea central: El/la minusvalido/a es un/a niño/a que no tiene necesidades sexuales. A partir de esta creencia el miedo se asocia a todo lo que pueda provocar o fomentar diálogos sexuales, en la medida en que se supone que el conocimiento sexual tiene efectos negativos:

-                     Puede aumentar el deseo por poner en práctica lo que se les dice.
-                     No tienen capacidad para controlar . Informarles aumentaría su descontrol.
-                     Se les bombardea y se les excita innecesariamente.
-                     Hay un cambio de valores.
-                     Le dará más autonomía y perderemos el control. 
No habrá de soslayarse las dificultades. Los cambios en los comportamientos y en las actitudes no son rápidos y pueden desvanecerse. Habrá que plantearse objetivos a corto plazo no muy ambiciosos.

En no pocas ocasiones no estaría mal conseguir que , al menos, aceptaran una propuesta de trabajo en el centro.

3. Chicos y chicas con minusvalías.

El tercer nivel de trabajo es con los chicos y chicas, en particular jóvenes y los adolescentes. La intervención propuesta tendría como ejes fundamentales las actuaciones tanto Individuales como Colectivas toda vez que consideraría el nivel madurativo y las necesidades concretas.

Una vez resuelto este punto hemos de considerar:
-                     Características de cada grupo.
-                     Conocimientos, actitudes y habilidades.
-                     Observación y Registro sistemático de conductas 
Diseño de la intervención.

La información obtenida nos será de gran interés de cara a hacer un Diseño de la intervención para lo que consideraríamos entre otros las siguientes variables:

· Recursos disponibles 


· Desarrollo del programa:
Horario dedicado: A consensuar
Caracteristicas específicas: A consensuar


· Contenidos básicos:

Aspectos biofisiológicos. Nuestro cuerpo.
Aspectos psicosexuales. Nuestro desarrollo sexual.
Aspectos afectivos: Comunicación.
Habilidades sociosexuales: Relación.


· Metodología activa y participativa 

* Adaptación y flexibilización de las intervenciones.
* Creación de grupos homogéneos.
* Incremento de espacios y actividades de relación


· Crear un espacio para la Educación Sexual en la biblioteca del centro.
Materiales didácticos 

Algunos criterios para la educación sexual de chicos/as con minusvalías psíquicas

El hecho de dirigirnos específicamente a chicos y chicas, nos obliga a considerar algunos aspectos de interés en esta etapa evolutiva. Entre otros, destacaríamos:

1.- Aceptación de los cambios bio-psico-sociales que tienen lugar a partir de la pubertad. Capacitación específica en cuestiones como la menstruación o las primeras eyaculaciones, antes de que tengan lugar.

2.- Comprensión, respeto y aceptación positiva de las necesidades, deseos y capacidades sexuales de los adolescentes. Comprender y aceptar positivamente los inevitables procesos de atracción y enamoramiento que surgen. Potenciar más sicabe los canales de diálogo y discusión. Hablarles no es sólo advertirles de los peligros del sexo.

3. Favorecer el desarrollo responsable de su sexualidad. Tener actitudes abiertas hacia la conducta masturbatoria.

4. Proponer modelos de conducta sexual respetuosos y saludables.

Ya se ha señalado la pertinencia de facilitarles espacios y actividades para la relación entre chicos y chicas. Si nos consta que hay actividades sexuales, sería preciso como veremos luego, prepararles en cuestiones como la anticoncepción y las propias relaciones sexuales.

5. Adoptar actitudes abiertas y comprensivas hacia conductas de carácter homosexual.

6. Puede que nos encontremos con algunos problemas relacionados con otras conductas sexuales o con el uso de material pornográfico.

Hay que señalar que, en ocasiones y al igual que sucede en chicos sin minusvalías, los materiales pornográficos u eróticos son la única y principal fuente de información y de modelado, por lo que es probable que su uso disminuya a medida que estas personas tengan fuentes de información sexual y formas de satisfacción más adecuadas.

En algunos casos habrá de considerarse la posibilidad de someter al sujeto a un programa de cambio de conductas inadecuadas (exhibicionismo, falta de intimidad sexual, abuso...etc.).

7. Promover que haya una mayor comunicación y dialogo en la familia, así como que en los centros o en otros de carácter comunitario (tiempo libre..)se ofrezcan programas y recursos complementarios para jóvenes.

En cualquier caso la puesta en marcha de este tipo de tareas supone, entre otras muchas cuestiones, un esfuerzo importante de los/as profesionales. Para ello sugerimos la creación de un Grupo de trabajo que coordine las actividades Intracentro así como las InterCentros con profesionales o expertos de los Servicios Sociosanitarios.

Este grupo igualmente podría responsabilizarse de la Evaluación continuada de la experiencia.

Propuesta para los/as chicos/as.

En la propuesta que hacemos para los/as chicos/as hemos distinguido dos etapas 8-12 años y 13-18 años.

En la primera de ellas, antes de la pubertad, si bien sugerimos 3 unidades didácticas( Vamos a conocer nuestro cuerpo, ¿De donde y cómo venimos? Nuestros amigos y amigas.) para que puedan ser abordadas con las consideraciones realizadas con anterioridad, hemos de pensar que las características evolutivas, en particular sus capacidades y los procesos de aprendizaje que siguen, aconsejan que la educación sexual y afectiva se enmarcarse en un contexto en el que se consideren algunas de las cuestiones siguientes:

1. Tener en cuenta las capacidades de aprendizaje de cada cual y su nivel de desarrollo.

2. Se promuevan escenarios donde los chicos y chicas puedan contrastar los conocimientos que ya tienen sobre cuestiones sexuales y afectivas. Debemos partir de lo que ellos/as saben.

3. Las tareas educativas que se realicen deben considerar y responder a sus intereses, necesidades y capacidades de aprendizaje.

4. Sería muy deseable que consideraran las ventajas y la utilidad de lo que queremos que aprendan.

5. Tratar de involucrarles activamente en el proceso de aprendizaje en un marco lúdico, trabajo en grupo y con actividades atractivas

6. Se creen espacios en los que se favorezca el desarrollo de sus capacidades, estimulando la autonomía personal.

7. Se favorezca el aprendizaje de hábitos de higiene y cuidado corporal y genital.

8. Se den las condiciones favorables para que aprendan de manera gradual y progresiva las limitaciones sociales existentes.

9. Se cree un clima de naturalidad que permita promover el dialogo y la confianza en cuestiones afectivas y sexuales.

10 Desarrollar habilidades de relación interpersonal.

11. Utilizar un lenguaje cómodo.

12 Tener en cuenta el contexto general y la realidad cercana del chico y de la chica.

13. No hay normas, reglas ni técnicas precisas. La creatividad y la capacidad de adaptación son fundamentales en las actividades a realizar.

14. Habrá que repetir las ideas centrales cuantas veces sea preciso, incluso a lo largo del tiempo.

En la segunda etapa, despues de la pubertad (13-18 años) sugerimos 4 unidades didácticas: Me quiero como soy, Cómo nacemos y cómo nos desarrollamos, Nos queremos, nos relacionamos y Esas cosas de la pubertad.

Un desarrollo concreto de este programa y de las unidades didácticas, se encuentra en nuestro libro EDUCACION SEXUAL Y AFECTIVA EN PERSONAS CON MINUSVALIAS PSIQUICAS (Medusex, Pamplona,2000)


SUGERENCIA FINAL

En el dominio de la educación sexual de las personas con minusvalías psíquicas, está casi todo por hacer. Una política educativa coherente en este terreno debe cuando menos, abordar de manera urgente e inmediata las siguientes cuestiones:

1. Promover la realización de cursos y programas de capacitación para padres y madres.

2.- Promover y realizar cursos de formación y reciclaje para los/as profesionales en ejercicio, a través de los mismos Centros de enseñanza, o nuevos Centros especializados que puedan crearse.

3. Promover y realizar programas especificos de capacitación en materia sexual y afectiva para chicos y chicas con minusvalías psíquicas.

Es indiscutible la necesidad de la formación y reciclaje de los/as profesionales que trabajan con personas. Según un documento del Ministerio de Educación y Ciencia la formación del profesorado debe centrarse entre otros extremos, no tanto en las características de la persona con minusvalías, sino en aquellos factores que faciliten la comprensión de los procesos de enseñanza y aprendizaje, en función de las necesidades especiales de los/as alumnos/as que las presentan.

4.- Integración de la disciplina Sexología y Educación Sexual, en las Facultades y Escuelas Universitarias vinculadas a la salud y la educación.

5. Iniciar investigaciones específicas sobre la conducta sexual de las personas con N..E.E., actitudes y necesidades reales eneste área.

6. Diseñar y producir materiales didácticos concretos de apoyo a los programas de educación sexual para estas personas.

Somos conscientes de la complejidad y dificultad de llevar a cabo este plan de trabajo, sin embargo pensamos que se dan unas condiciones favorables para comenzar a andar. Los resultados de algunos estudios realizados por nosotros y nuestra experiencia ilustra esta esperanza.

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