23 septiembre 2010

¿Quién “discapacita” a la sexualidad?.

















Isabel Mª Rosado García.


Las vidas
Hay qué incómoda a veces
te siento
conmigo, vencedor entre los hombres!.
Porque no sabes
que conmigo vencieron
miles de rostros que no pueden ver,
miles de pies y pechos que marcharon conmigo,
que no soy,
que no existo,
que sólo soy la frente de los que van conmigo,
que soy más fuerte
porque llevo en mí
no mi pequeña vida
sino todas las vidas,
y ando seguro hacia delante
porque tengo mil ojos,
golpeo con peso de piedra
porque tengo mil manos
y mi voz se oye en las orillas
de todas las tierras
porque es la voz de todos
los que no hablaron,
de los que no cantaron
y cantan hoy con esta boca
que a ti te besa.

PABLO NERUDA
A la memoria de Dña. Concha Barchino


A modo de introducción...
En toda cultura podemos encontrar referentes a qué creer y cómo comportarnos con el fin de evitar entre otros, la impopularidad y la desconfianza. Algunas de estas convenciones sociales se formulan explícitamente, normativa, derechos, etc, otras se mantienen de forma más intuitiva, en un vasto acervo de creencias que dictan los valores económicos que deberíamos adoptar, los modelos de vida domésticos, las políticas, los modos de relacionarnos, de vestirnos, etc.
Algunas convenciones parecen encontrarse blindadas, pues se repiten generación tras generación. A pesar de que en ciertos programas culturales se ha producido un abismo generacional, en otros se mantienen.
La sociedad en general y los diversos contextos en los que nos vamos desarrollando, transmitirán múltiples mensajes a cerca de lo que es y debe ser, de lo que resulta apropiado y de lo que se espera de unos/as y otros/as. Así en nuestro proceso de construcción de la identidad personal ha de reflejarse un comportamiento ajustado socialmente. Los estereotipos no sólo tienen unas expectativas de conducta, sino también de capacidades y habilidades, basadas en las creencias..
Según los valores socioculturales y religiosos de las diferentes sociedades y los diferentes momentos históricos determinan en cierto modo la identidad sexual, los roles y la conducta sexual de las personas. Algunos de los factores culturales que influyen en la sexualidad son:
• creencias religiosas
• influencia familiar, de los medios de comunicación y de la escuela
• ideas individuales, experiencias y opiniones, actitudes, valores y creencias

Estos aspectos son los responsables de los estereotipos de género, la aparición de temas tabú y de interrogantes (virginidad, masturbación...), las formas de concebir las relaciones sexuales y en cierta parte de nuestro comportamiento en la sociedad.

Así vamos ajustándonos a los roles de género, pero además las personas con diversidad funcional2 nos iremos ajustando a las expectativas que para nosotras y nosotros tiene la sociedad preparados...
1. Los estereotipos, los prejuicios y la discriminación.
Los estereotipos contienen conocimientos, creencias, imágenes y expectativas sobre algún grupo humano, así como que atribuyen características generalizadas. Así, el conocimiento que nos transmiten no es, habitualmente, adquirido por la experiencia directa, sino por experiencias de “segunda mano”. Suele ser más falso que verdadero y es resistente al paso del tiempo. Por cuestión de economía mental, utilizamos los estereotipos para simplificar la realidad, por ello conllevan la distorsión de la misma. A través de los estereotipos se justifican privilegios y diferencias sociales, alimentando la negatividad hacia ciertos grupos humanos.
El mayor peligro de los estereotipos no son ellos en sí mismos, sino la valoración que de ellos hacemos. Así, tradicionalmente, la valoración del estereotipo femenino ha sido inferior, a la valoración del estereotipo masculino. Siendo las características para lo femenino, el cuidado, la dulzura, la dependencia, etc. Y para lo masculino, la agresividad, la iniciativa sexual, lo productivo, etc.
Al mismo tiempo, el estereotipo de las personas con diversidad funcional ha sido, básicamente, la dependencia y la incapacidad, aunque para los varones con diversidad funcional se ha designado más valor social que a las mujeres con igual diversidad funcional.
Es pues un hecho que tanto la imagen, como las expectativas y las creencias designadas a las mujeres y a la diversidad funcional, son menos valoradas que el estereotipo masculino. Y ambas recaen sobre las mujeres con diversidad funcional. Así pues, el estereotipo supone una creencia simple, no fundamentada adecuadamente, inexacta, al menos en parte, pero sostenida con bastante firmeza y rígidamente mantenida y que dota de una característica a todas/os las/os componentes de un grupo..
2 Siguiendo la nueva terminología que proponen miembros del Foro de Vida Independiente, Javier Romañach y Manuel Lobato, a lo largo de este artículo utilizaré la denominación de DIVERSIDAD FUNCIONAL, por considerarla mucho más positiva que el concepto al que sustitutye. ... Página 4
* Algunas creencias sobre las mujeres con diversidad funcional
Las siguientes creencias a cerca de las mujeres con diversidad funcional se han ido manteniendo durante generaciones. Una vez más demuestran la falta de información que poseen quienes las pronuncian. Creencias que pasarían a no ocupar ningún espacio, si se formularan las preguntas adecuadas, a las personas idóneas. Pero algunas de las creencias, no son revisadas, por lo que se mantienen y difunden.
Teniendo como base la intuición y la reiteración, se aseveran ciertas falacias como verdades universales. Parece que en torno a la mujer siempre se han tenido ciertas creencias en todas las culturas.
En torno a la mujer con diversidad funcional, además de los ya mencionados, se le puede añadir, dependiendo de la diversidad funcional que tengan, unas creencias u otras. Por ejemplo en torno a las mujeres con diversidad funcional física, con alguna movilidad dicen que “lo hacen muy bien...”, aquellas que no tienen movilidad o alguna deformidad son “insensibles y que no sienten nada...”, en torno a estas mujeres también se cree que son asexuadas, esta creencia está relacionada con la medida en que necesiten a alguien para poder vivir. De las mujeres ciegas “que tocan muy bien...”, “que son muy aptas para la música...” y un largo etcétera.
Sobre las mujeres con diversidad funcional psíquica, caen en mi opinión, las más crueles y repugnantes: “a todas les da por lo mismo...”. Se cree que son promíscuas. Otras creencias hablan sobre la adivinación del futuro...
Otras creencias desafortunadas que dicen que las personas con diversidad funcional pierden interés por todo lo erótico y que limitan sus aspiraciones sexuales a otra como ella. A su vez, es incapaz de atraer a una pareja que no lo sea y si ocurre, la suspicacia se pone en funcionamiento y se buscan otros elementos, especialmente económicos, que sustenten en porqué de la unión entre una persona con diversidad funcional y otra “normal”.
* Algunas creencias sobre la sexualidad
Tradicionalmente, a causa de la influencia cristiano-católica, la vida sexual sea ha circunscrito al matrimonio, al igual que la descendencia. El sexo fuera del matrimonio ha sido siempre más permitido en los varones, como muestra de virilidad, mientras que en las mujeres ha resultado ser repugnante, unido a una serie de calificativos. Así ... Página 5
entorno al sexo siempre ha habido un cierto tabú, al igual que no ha sido “bien visto” ser madre soltera
La creencia romántica a cerca del matrimonio, hoy aún persiste, entendiendo a los hijos como fruto del amor y que las relaciones sexuales son para tener descendencia.
Pero hay una creencia que se aplica a la sexualidad de cualquier persona que creo que es el que más peso tiene, y es pensar que para que la sexualidad sea plena, tiene que haber relaciones sexuales que lleven al orgasmo, tras la penetración y el coito. Entonces nos enfocamos en eso, menospreciando otros tipos de manifestaciones de afecto y caricias sexuales que son satisfactorias en sí mismas. El simple contacto físico, los besos, las caricias, la cercanía, la ternura y la intimidad pueden ser mucho más importantes que el orgasmo en sí mismo y centramos en él nos impide disfrutarlos.
Estas creencias y muchas más se encuentran presentes en los niños y niñas de 10, 11 y 12 años. Básicamente creen que las personas con diversidad funcional son todas iguales, no hacen distinciones, entienden la diversidad funcional como “un problema homogéneo”. Creen que ninguna persona con diversidad funcional puede realizar su aseo personal, comer, vestirse, etc, que todas, sin distinción han de ser ayudados. Sobre las barreras, mencionaban principalmente, aquellas que veían: rampas y semáforos acústicos. No se pronunciaban a cerca de las barreras de comunicación e información.
Sólo los niños y niñas que convivían con alguna persona con diversidad funcional detectaban necesidades específicas y capacidades. Sólo aquellos que habían visto las paralimpiadas por televisión, pensaban que las personas con diversidad funcional, sin excepción podían hacer algún tipo de deporte. Así como que las personas con diversidad funcional no pueden tener hijos/as y por supuesto tampoco pareja.(Rosado 2000-2005).
Lo alarmante de estas creencias es la valoración que sobre ellas se hace. El prejuicio hace una valoración negativa del acto de juzgar, rechaza y/o desaprueba. Y esta opinión o juicio no se haya justificada por hechos.
Los prejuicios conducen a actitudes discriminatorias. La discriminación es pues un trato desigual, injustificado que excluye de derechos sociales, políticos y jurídicos, entre los que se encuentran los derechos sexuales.
El/a discriminador/a cree que el grupo sobre el que se ejerce la discriminación lo requiere y niegan las necesidades de los que discriminan.

Las protagonistas:
Historias personales...
Este apartado ha sido dedicado a dar voz a la realidad de muchas mujeres anónimas. Mujeres que, en raras ocasiones deciden los designios de su vida. Mujeres que en diferentes contextos y con diferente diversidad funcional, han sufrido en sus carnes los prejuicios y la discriminación. Actitudes que sin lugar a dudas, les han impedido desarrollarse como seres humanos, sin derecho a decidir sobre sus vidas. Han sido mutiladas en su autonomía personal y moral.
Aunque los nombres no son reales, para impedir la posible identificación, sus historias sí lo son y deben ser tenidas en cuenta. La cultura humana nos permite mostrar otros puntos de vista y aquí están.

Manoli: Tiene 19 años, es una mujer ciega. Manoli es estudiante de fisioterapia y conoció a Salva, un joven de su edad, “normal”, también estudiante. Comenzaron a salir juntos, durante un tiempo todo marchaba bien, pero un día Salva le comunicó que quería dejar la relación. Los motivos que le dio fueron unos, pero los motivos reales otros. La madre de Salva se interpuso en la relación, argumentando a su hijo que con una “ciega” no iba a estar cuidado, que sería “una carga para toda la vida” y que habían chicas mucho mejores. (Madrid 1988).

Clara: Tiene 30 años. Desde hace 12 años vive en una residencia para discapacitados. Clara se fija en mi camisa y comenta que ella no puede llevarlas, porque en la residencia le dicen que es mejor el chándal. Pero Clara asegura que el chándal es mejor para que las asistentas la vistan con mayor facilidad, pero no para ella. A Clara le encantaría poder vestir con una blusa y una falda, de vez en cuando, y asegura que estaría mucho más guapa. Me confesaba que le encantaría poder pintarse los ojos y los labios con un color brillante, pero que nada de eso era posible. Cuando en alguna ocasión ha pedido algo, que no estaba previsto, ha recibido contestaciones tales como “que ella no vive en un hotel”. (Castellón 1993).

Luis: Tiene 40 años, tiene una enfermedad mental y asiste a un centro de día desde hace 5 años. Luis encuentra imposible tener novia, pues dice que “las chicas que están “bien”, se ríen de él y que le hablan con poco respeto”. Además protesta porque
... Página 7
en el centro “sólo hay dos chicas y ninguna le gusta”. A mi pregunta de por qué cree él que hay tan pocas chicas en el centro, Luis me contestó que “sus padres no las llevan porque en el centro no hacen nada y que en casa por lo menos hacen faena”. (Valencia 1998).
María: Tiene 39 años, tiene una diversidad funcional intelectual desde su nacimiento. Ella acude todas las mañanas a un centro ocupacional con otros compañeros y compañeras desde hace 20 años. Me cuenta que al principio “no habían chicas, porque los” padres y madres, tenían miedo de que los chicos les hicieran algo, pero ella no tenía miedo y empezó a asistir al centro. Tras ella, otros padres y madres se fueron animando, y empezaron a llevar a sus hijas. Ahora son mayoría de mujeres. María se muestra muy contenta, pues “no entiende que las chicas se tengan que quedar en casa aburridas”, “con lo bien que lo pasan en el centro”. Cuando le pregunté por qué no tenía miedo de ser la única chica, me contestó y textualmente lo transcribo, “que su madre le había enseñado “que cosas no se deben hacer y qué cosas si están bien””. María no quiere novio, pues afirma que “los hombres dan mucha faena y que ella no limpia para nadie”. ( Valencia 1999).

Pepa: Tiene 38 años y una diversidad funcional sensorial. Está casada desde hace 10 años y tiene una hija de 8 años. Pepa a pesar de tener gran autonomía personal, siempre escucha comentarios a cerca de su capacidad para cuidar a su hija. Comenta que los peores comentarios los escuchó al personal sanitario, cuando estaba embarazada, “le reprochaban su insensatez y atrevimiento a tener una hija “estando ella como está”, “que cómo había sido tan egoísta y si su hija padecía ceguera que iba a hacer”. Lo más curioso comenta Pepa es que su marido también tiene su misma diversidad funcional, pero “sin embargo, no recibió ni un solo comentario a cerca de su paternidad”. (Extremadura 1997).

Claudia: Tiene 20 años y una diversidad funcional psíquica –síndrome de down-. Claudia asiste a un centro especial de empleo todas las mañanas. Está muy contenta de trabajar, pero se siente triste porque Claudia ya no tiene novio. Sus padres le han dicho que “si se empeña en decir que tienen novio no la llevarán más al C.E.E”.
Le pregunto por qué le gustaba tanto ese chico y ella empoderada me responde que “la cuidaba mucho, que se sentaban juntos y que se daban muchos besos”. (Alicante 2000).

Mar y Marcos: Tienen 25 y 30 años, ambos con diversidad funcional física, con movilidad reducida. Viven institucionalizados, pero ellos “no entienden la institución como su casa”. Ambos están enamorados, pero cuando quieren acariciarse se esconden, pues en alguna ocasión, comentan que “alguna cuidadora les ha sorprendido y se ha mofado y burlado de ellos”. Me comentan que “les encantaría poder dormir juntos, compartir la misma habitación, disfrutar de un poco de intimidad, pero que esto no es posible”. (Granada 2002).
Todas las historias tienen un factor común: los prejuicios psico-sociales culminan en actitudes discriminatorias que perpetúan las creencias y la desigualdad en todas las esferas sociales.

A modo de conclusión
Todos los seres humanos somos seres sexuados, independientemente de nuestra condición. Existe una gran ignorancia del tema e incluso una concepción equivocada de lo que se entiende por sexualidad. La sexualidad es inherente al ser humano durante todo su ciclo vital y abarca la totalidad de la persona en sus aspectos tanto biológicos como sicológicos, sexuales y emocionales. Esto significa mucho más que el aspecto puramente genital, con el que las creencias de la cultura patriarcal, se suelen identificar equivocadamente, por lo que no se puede decir que exista alguien que carezca de sexualidad. Por lo tanto se puede educar.
La educación afectiva y sexual representa un aspecto de gran importancia en la formación integral de las personas, porque más allá del conocimiento puramente biológico explica procesos transcendentales como la construcción de la identidad de género o las relaciones afectivas en el ámbito de nuestra cultura.
La educación en esta área es una necesidad social basada en el derecho de las personas a tener información sobre esta materia. Esta información debe ser rigurosa, objetiva y completa a nivel biológico, psíquico y social.
Esta educación impedirá en gran medida los abusos sexuales, los embarazos no deseados y las enfermedades de transmisión sexual, así como la facilitación a las prácticas sexuales y afectivas por parte de las familias, tutores y cuidadores/as de las personas con diversidad funcional.
Se debe garantizar el respeto a las decisiones que las personas toman sobre su sexualidad y reproducción, es decir, rechazar que la sexualidad sea sólo para fines reproductivos. Por ello se debe establecer que las instancias públicas y privadas de salud y educación, deben garantizar el pleno acceso a la información, a los servicios de salud y el acceso a métodos anticonceptivos, todos ellos accesibles independientemente del ámbito en el que las mujeres con diversidad funcional se encuentren (ámbito rural, institucional, familiar, etc.). La no atención integral y respetuosa de la educación y de la salud sexual y reproductiva no sólo impide el mejoramiento de la calidad de vida de las personas y de las relaciones personales, sino que promueven la violencia, la discriminación, las desigualdades y el VIH/SID que actualmente es considerado un problema de salud.
El prejuicio, en su vertiente individual, se asienta sobre datos falsos o sin comprobar, basados en una generalización inflexible, que se resiste a revisiones y comprobaciones. Por lo que se hace necesario una adecuada información también a los familiares, cuidadoras/es de las instituciones, tutores/as, etc. Prejuicios que concluyen en conductas discriminatorias.
En su vertiente institucional, incluye la manipulación, intencional o no, o políticas institucionales que restringen injustificadamente las oportunidades a las personas con diversidad funcional. Estos prejuicios aparecen de forma sutil, penetrante e imprimen una expresión individual e institucional de superioridad ejercida sobre las personas con diversidad funcional y con mayor fuerza, sobre las mujeres con diversidad funcional.
Así pues, el fundamento patriarcal que organizó la idea y el funcionamiento de la institución familiar todavía subsiste, subyacen a su organización un conjunto de reglas opresivas y especialmente discriminatorias para las mujeres con diversidad funcional, entre otros, que deben ser erradicadas. Las instituciones jurídicas vinculadas a la familia deben ser revisadas desde una visión que corrija las desigualdades de poder en su interior y garantice el bienestar que tanto proclama para todos sus integrantes. Su revisión, desde una perspectiva democrática, debe anclarse en los principios de libertad, igualdad y solidaridad para todos los individuos que la componen, así como en la necesidad de reconocer la heterogeneidad de estructuras familiares y modos de convivencia emocional, que existen. No es posible que hasta el día de hoy persistan restricciones legales basadas en principios morales que impiden a muchas personas, mantener una convivencia.
De otro lado, las libertades también se jerarquizan en razón de las personas. El ejercicio de la libertad sexual no se garantiza por igual para todos los seres humanos. Las libertades sexuales para las mujeres en general y en concreto para las mujeres con diversidad funcional, independientemente de sus elecciones, tienden a ser más ... Página 10
restrictivas, por tanto, son fuertemente sancionadas y estigmatizadas cuando se alejan del patrón heterosexual, de la familia matrimonial o convivencial y de la maternidad.
Las relaciones sexuales de las personas con diversidad funcional son expresiones vitales que ponen, también en cuestión las creencias morales religiosas, el matrimonio, la familia heterosexual y su finalidad reproductora.
La dificultad de aceptar las diferencias es otro de los terrenos en donde hay que trabajar arduamente para desarticular la creencia de lo ¡natural” referente a la mujer y a la diversidad funcional.
De otro lado, el entendimiento respecto a que el ejercicio de estas libertades es individual y privada ha dificultado esclarecer las relaciones y conexiones que existen entre la afirmación y ampliación de estas libertades en tanto derechos, y los contextos políticos, culturales, sociales y económicos. Como sabemos las instituciones han pretendido moldear y constreñir nuestros comportamientos sexuales y reproductivos. Por tanto, no basta con reconocer discursivamente y en forma abstracta nuestras libertades. Para que éstas se puedan ejercer realmente tendrán que generarse las condiciones institucionales, culturales, materiales y subjetivas para su concreción explícita. Condiciones, que sin lugar a dudas, deben crearse a partir de la diversidad.
Así como la responsabilidad que tienen los medios de comunicación en la difusión y mantenimiento de creencias socio-culturales respecto a las mujeres y a la diversidad funcional.
Los derechos sexuales incluyen el derecho a la libertad y a la autonomía en el ejercicio responsable de la sexualidad, acentúan el respeto mutuo dentro de las relaciones interpersonales y aseguran que las personas sean capaces de disfrutar la sexualidad como una profunda intimidad entre los seres humanos. El respeto por los derechos sexuales como derechos humanos brinda la base para la eliminación de la violencia contra las mujeres, que viola, menoscaba o nulifica las libertades fundamentales de las mujeres, abandonándolas al riesgo del acoso y el abuso sexuales, la violación, el maltrato en el ámbito doméstico e institucional.
Aunque los derechos sexuales incluyen el derecho a explorar la propia sexualidad sin miedo, vergüenza, culpa, falsas creencias ni otros impedimentos a la libre expresión de los propios deseos y afectos, el derecho a escoger a nuestras parejas sin discriminación, el derecho al pleno respeto a la integridad física del cuerpo o el derecho a ser libre e independientes en la expresión de la propia orientación sexual o el derecho a la salud sexual, para lo cual se requiere acceso a toda la gama de información sobre sexualidad y salud sexual, educación y servicios confidenciales y accesibles de la más alta calidad posible.
Por lo tanto las mujeres con diversidad funcional tienen el derecho a disfrutar una vida sexual satisfactoria sin riesgo de procrear y sin que la sociedad, los servicios de salud y/o las instituciones las prejuzguen ( critiquen, discriminen o nieguen algún servicio).

Conferencia presentada en el Ciclo de Conferencias “Discapacidad e Igualdad de Oportunidades” del GIAT sobre Discapacidad de la Fundación Isonomía para la Igualdad de Oportunidades (Universitat Jaume I -Castellón, julio 05).

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...