20 septiembre 2010

Ritos de iniciación: la sexualidad de los jóvenes con discapacidad mental.

Recopilación: Prof. Silvina Peirano.







ADOLESCENCIA Y DISCAPACIDAD MENTAL: UN RETO PARA LA FAMILIA.


Una de las etapas críticas de la familia es la llegada de los hijos a la pubertad. Muchas familias que hasta entonces habían tenido una buena comunicación, que les permitió a un equilibrio familiar, lo pierden en ese momento y les es difícil recuperarlos, en algunas ocasiones con resultados negativos para los padres y los jóvenes.
Sin embargo, es posible lograr una nueva forma de comunicación que les permita la independencia a cada quien, si hay disposición por parte de los padres, como de los jóvenes en conflicto.
Durante la temprana juventud es crucial para el individuo la búsqueda de la identidad, esto hace que el cuestionamiento y la rebeldía sean necesarias en esta etapa. La sexualidad, es jerarquizada en una nueva dimensión que puede no coincidir con la posición de los padres.

Los sentimientos de los jovenes son ambivalentes, se sienten niños, así como adultos. El joven debe diferenciarse y tratar de aceptarse como individuo con pensamientos e ideas propias, diferentes a las de sus padres. Para lograr èsto ; es necesario “romper los ídolos” paternos, lo cual es muy doloroso y poco soportable para los padres.

Es importante tener en cuenta que muchas veces son los padres quienes tienen dificultades para entender qué les sucede a sus hijos, y se encuentran tan inestables como estos. Tal vez ellos no pudieron vivir su propia juventud como hubieran querido, o les fue muy difícil asumir un rol de adultos, etc. El despertar sexual de los hijos hace que quede evidenciada la sexualidad de los padres, y esto muchas veces se vive como un enfrentamiento.

Esta y otras actitudes que se originan en ésta etapa representan una conflictiva familiar.
Cuando no hay posibilidades de solución o negociación, el joven busca algo o alguien que lo pueda rescatar.
El conflicto que se presente en cada familia, así como su modo de resolución, depende del tipo de interacción que se dé entre los miembros. Las repercusiones de la dinámica familiar en la temprana juventud, pueden tener diversas modalidades:

• Familias rígidas: este tipo de familias no permiten nuevas reglas, experimentan dificultades para aceptar el cambio y el crecimiento. Insisten en mantener los viejos modelos de comunicación, de ahí que a los jovenes no les quede otra alternativa que someterse, con toda la carga de frustración que ello implica, o rebelarse en forma drástica y destructiva.

• Familia sobreprotectora: la excesiva protección retrasa el desarrollo de la autonomía, de la competencia y del crecimiento, y convierte al joven en un ser indefenso e inseguro.

• Familia amalgamada: en éstas familias hay falta de privacidad. Se impiden los intentos de individuación. Para el joven es difícil vivir esta situación ya que temen dañar a otros miembros de la familia con dicho proceso.

• Familia evitadora de conflictos: estas familias tienen muy baja tolerancia al conflicto, son personas con poca autocrítica, no aceptan la presencia de problemas, y por tanto, no permiten el enfrentamiento y la resolución de los mismos.Los jovenes no aprenden a tratar y a negociar las situaciones.

• Familias centradas en el hijo: los padres no pueden enfrentar sus conflictos como pareja y desvían la atención hacia los jóvenes, en ellas la estabilidad de la pareja y la satisfacción familiar dependen de los jovenes, impidiéndoles crecer y volviéndolos dependientes, ya que al separarse del núcleo familiar romperían su equilibrio.

• Familias con un solo padre : en éste caso, uno de los hijos hace el papel de padre o madre, sustituyendo su rol. El joven juega un rol que no le corresponde, por lo tanto no puede vivir su etapa de crecimiento, se comporta como adulto; está lleno de problemas y responsabilidades.

• Familia democrática: es aquella en donde los padres son incapaces de ejercer disciplina sobre sus hijos, con la excusa de ser flexibles no logran poner límites. El símbolo de la autoridad es confuso.

• Familia inestable: las metas son inseguras, son improvisadas y no pueden favorecer la unidad familiar. El joven se vuelve inseguro y muy temeroso, y se le dificulta el desarrollo de su identidad.

Conforme las necesidades del joven van transformándose, deberán crearse en el medio familiar nuevas formas de transacción. Es necesario que tanto los padres como los jovenes aprendan a comunicar sus sentimientos y expresarlos de manera honesta y no agresiva, cuidando la forma de transmitir el mensaje, utilizando un mensaje preciso y congruente, tanto en lo verbal como en lo no verbal (ACTITUDES).

Es importante conocer el beneficio del uso de elementos oracionales tales como: iniciar una oración con el pronombre “yo”, y asumir así la responsabilidad de lo que se exprese, o un “me gustaría”, en lugar de ser imperativo.

Frases como estas hacen más efectiva la comunicación y evitan los elementos negativos que tanto dificultan la comprensión. Si el proceso de comunicación se lleva a cabo de manera eficaz los hijos podrán sentir la confianza de expresar sus sentimientos, de acercarse a preguntar sus dudas, y de solicitar orientación ante sus interrogantes.

La familia tiene posibilidades de reencontrarse y restablecer el equilibrio, mediante la bùsqueda de una nueva forma de comunicación ; que facilite el proceso de identidad de los jovenes.
Por el contrario, si los canales de comunicación se cierran, se crea una resistencia al cambio con resultados negativos, para la familia en general y para el joven que inicia una nueva vida.

Ante la problemática de la sexualidad de los jóvenes discapacitados mentales, se pueden presentar diferentes situaciones familiares:

Familia relativamente bien adaptada.
• Familia que intenta desexualizar al discapacitado.
• Respuesta pseudo- ilustrada: “me gustaría, 
pero a él le gusta más estar en  casa”
• Excesiva preocupación por controlar.
• La sexualidad es pecado.
• No saben qué hacer.

Consecuentemente, el discapacitado mental es considerado como una persona no autónoma, al cual se le enseña frecuentemente a percibirse como disminuido, devaluado e incapaz de relacionarse exitosamente en su ambiente social. De ahí que, por extensión, su sexualidad sea vista de manera deformada por los padres, quienes, por un lado, prolongan la dependencia del sujeto hacia ellos y, por el otro, incrementan la dificultad para que aquél promueva una separación emocional del núcleo familiar.

Toda la conflictiva propia de la adolescencia se agrava y se potencia cuando el sujeto padece algún tipo de discapacidad. En esta etapa se produce un cambio y una evaluación del propio cuerpo, de las posibilidades, de los roles y los proyectos; un encuentro consigo mismo.

Muchas personas nacidas con algún tipo de discapacidad sitúan entre los 13 y 14 años, la etapa en que tomaron conciencia de su handicap. Por un lado se hace mayor la presión del grupo para responder a ciertas expectativas; por otro, muchas veces, ciertas etapas se alargan y un adolescente se encuentra, por ejemplo, en un grado escolar que no corresponde a su edad, con pares que no comparten las inquietudes tan difíciles de entender o de nombrar, o ante la imposibilidad de continuar su educación; otras veces se duda acerca de la propia sexualidad, de las posibilidades de iniciar una vida de pareja o de desempeñar un trabajo. Inquietudes que, muhas veces, el medio no puede comprender ni responder; ante esta angustia, se desplaza indefinidamente hacia el futuro la discusión de las reales posibilidades de realización.

Si en cualquier caso existe ambivalencia, en los padres, frente a un adolescente (que se expresa en la lucha entre mantenerlo niño o guiarlo hacia la adultez), ésta se potencia en el caso de un hijo discapacitado. Los polos, sobreprotección - desprotección, entre los cuales debería situarse el sano equilibrio, oscilan a impulso de sentimientos contradictorios.
El peligro de una sobreexigencia exagerada se hermana con el riesgo de suspender las exigencias lógicas por lástima o temor. A veces estas dos actitudes coexisten en distintas áreas de la vida. Es común la depresión en esta etapa, la confrontación con las posibilidades y las imposibilidades y su distancia de los deseos producirá durante toda la vida sentimientos angustiosos, que cada uno tratará de manejar como mejor pueda.
Negación, agresión hacia afuera, somatización o acción orientada a resolver problemas concretos son algunas respuestas posibles. El conflicto con la propia sexualidad es otra área en la que puede presentarse estancamiento. A muchas personas con discapacidad les cuesta asumirse como sexuadas (aunque esta sexualidad deba expresarse y ponerse en acto de maneras no tradicionales), el miedo a no resultar atractivos, el desconocimiento del propio cuerpo, el sentimiento de presión (la vida sexual es una cosa más en la que se debe probar que se puede), conspiran contra el placer, el crecimiento y la armonía. Ser sexuado significa ser adulto y eso genera temor.
Podemos citar también aquellos casos en los que la "edad mental" no coincide con la del cuerpo, planteándose la pregunta acerca de su edad psicosexual.
La posibilidad de realizarse por medio de un trabajo es, en muchos casos, difícil. El estudio es visto, no como una medio para un futuro proyecto, sino como un fin en si mismo, una manera de llenar el presente. Y el trabajo, no como una manera de obtener ingreso y satisfacción personal, sino simplemente para mantenerse ocupado.
Al llegar a esta etapa etaria, los recursos educativos y de rehabilitación suelen agotarse. Resulta muy difícil construir un proyecto de vida, ya que las escuelas especiales, terapias, instituciones de rehabilitación contemplan la infancia,la adolescencia y no continúan apoyando la construcción de un proyecto de vida adulto.

RITOS DE INICIACIÓN.

Se puede considerar a los ritos de iniciación como el pasaje de la infancia a la edad adulta. Este prevé, después de la separación del mundo infantil y femenino, un período de segregación, fuera de la comunidad, antes de volver a ser admitido en la sociedad con la nueva categoría de adulto.
El rito retrotrae al joven al más profundo nivel de la originaria identidad madre-hijo identidad ego-sí- mismo, forzándolo a experimentar una muerte simbólica. El ritual propicia al novicio un “rito de paso” de una etapa de la vida a la siguiente, ya sea desde la infancia a la niñez o de la primera etapa a la última adolcescencia y de ésta a la edad madura.

Prueba de fuerza en la juventud.
La historia antigua y los rituales de las sociedades primitivas contemporáneas nos proporcionan abundante material acerca de los ritos de iniciación, por los cuales a los jóvenes, varones y hembras, se les acostumbra a separarse de sus padres y se les fuerza a convertirse en miembros de su clan o tribu. Al hacerse ésta separación del mundo de la niñez, el originario arquetipo paternal será perjudicado, y el daño ha de hacerse beneficioso mediante un proceso saludable de asimilación en la vida del grupo (la identidad entre el grupo y el individuo se simboliza, con frecuencia, con un animal totémico).
En ésta ceremonia drástica que se parece mucho a un sacrificio, vemos como el poder de los arquetipos originales no puede vencerse sin una sensación de daño o pérdida
Durante éste período de alejamiento, se prepara a los jóvenes de distintas maneras para la vida nueva: pruebas de coraje, mutilaciones y deformaciones corporales, y también con frecuencia, relaciones homosexuales con los adultos encargados para su iniciación. La explicación del fenómeno se debe encuadrar en el problema más vasto y todavía abierto de la función de la iniciación. Es cierto que el sexo constituye para el hombre esencialmente un instrumento de conocimiento, más que un medio para la reproducción de la especie. Esta función, esencial desde el punto de vista biológico, lo es bastante menos desde el punto de vista cultural. El problema del hombre es conocerse; y del sexo él hizo un instrumento de conocimiento por excelencia.

La iniciación prevée para el joven la toma de conciencia de sí y de su rol en seno de la colectividad de la cual forma parte. Es durante éste período cuando se ponen a su disposición los instrumentos para el conocimiento de la realidad en la cual vive.
Esta transmisión de conocimientos de una generación a otra, en muchas culturas se realiza a travès de una relación homosexual, en la cual el alumno tiene el rol pasivo y el maestro el activo, como símbolo de la transmisión de la esencia de todo lo que fundamenta, justifica, sanciona y perpetúa la identidad del grupo.
Por ejemplo; en la teoría popular sexológica de Sambia- Nueva Guinea- la ingestión del semen del varón, es prerequisito para obtener el desarrollo puberal y la madurez en niños, así como la leche de la madre, es prerequisito para su crecimiento y madurez cuando son infantes. Por consiguiente, es obligación de solteros adolescentes y adultos jóvenes, antes de la edad del casamiento, entre los diescinueve y veinte años, que sus penes sean chupados por chicos de edades entre los nueve años y la edad de la pubertad. Sólo por el hecho de participar de éste ritual homosexual, primero como receptor y posteriormente como donador de semen, es posible para un varón ser instruído como guerrero feroz y cazador de cabezas. Sin engullir su cuota adecuada de semen, el chico no pasará de la edad de las influencias femeninas de su niñez, ni de las características y disposiciones de la prepubertad.

Tampoco se desarrollará en un adulto exclusivamente heterosexual, adecuado para el matrimonio y la paternidad.
Existe un aspecto interesante de la iniciación que pone al hombre en relación con la mujer y a la mujer con el hombre, de tal manera que emnmienda una especie de oposición originaria macho-hembra. El conocimiento del hombre (Logos) encuentra la relación con las mujeres (Eros) y su unión se representa como un ritual simbólico de un matrimonio sagrado. El tema del matrimonio es una imágen universal que tiene un significado más profundo, que veremos màs adelante en el orìgen de los sexos.

El paso de la niñez a la adolescencia parece reavivar en los padres la fantasía de la “cura mágica”. Imaginan que “recuperando al niño, èste conseguirá su integración social pero, fundamentalmente : la normalizaciòn.

Existen numerosos ritos de iniciaciòn, en los que encontramos que “la mágia o el talismán que cura la desgracia”.


Los nativos australianos y los ritos de pubertad.
La iniciación tiene lugar con intérvalos de algunos años, cuando hay un número suficiente de candidatos dispuestos a ser iniciados. El rito principal consiste en la circuncisión que se realiza en todos los jóvenes antes de que sean admitidos en el rango de hombres completamente desarrollados. La edad de los candidatos varía notablemente entre los cuatro y los veinte años.
La operación se realiza en el bosque y los jóvenes marchan en procesión hacia el lugar. Las mujeres en tanto miran desde cierta distancia llorando porque se les ha enseñado a creer que los jóvenes habrán de ser tragados por un monstruo llamado Balum quien solo los libera de sus vientres si recibe suficiente cantidad de cerdos sagrados. El lugar donde se realiza la operación es una choza que disminuye gradualmente de altura hacia atrás. Esta representa el vientre del monstruo, debiendo permanecer los jóvenes en estricta reclusión durante tres o cuatro meses, evitando constantemente el contacto con las mujeres.
Cuando termina la época de reclusión, los jóvenes son llevados a la aldea con gran solemnidad, con los ojos cerrados. Cada uno de ellos es conducido por un hombre mayor, que actúa como una especie de padre bueno. Finalmente, las mujeres bailan alrededor de los jóvenes que pensaban devorados por el fantasma y que sin embargo, por el sacrificio de los cerdos han resucitado.



No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...