20 septiembre 2010

Símbolo y "sexualidad especial".


Mitos relacionados
con la sexualidad de las personas
con discapacidad mental.



Prof. Silvina Peirano


La mayoría de los mitos tienen en común la negación del hecho sexual en los individuos con discapacidad, basados en la falsa creencia que la sexualidad solo puede ser compatible con individuos sanos; física y psicológicamente.

Lo que llamamos símbolo es un término que representa algo vago, desconocido u oculto para nosotros. Así es que una palabra o una imágen es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto inconciente más amplio, que nunca está definido con precisión o completamente explicado. Cuando la mente explora el símbolo, se ve llevada a ideas que yacen más allá del alcance de la razón.

El misoneísmo: es el miedo a lo desconocido y lo nuevo. Dado que existen innumerables cosas más allá del alcance del entendimiento humano, usamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender totalmente. Esta es una de las razones por las cuales todas las religiones utilizan un lenguaje simbólico o de imágenes.

El hombre jamás percibe cosa alguna de manera completa, así como tampoco puede hacerlo respecto de la realidad, ya que existen numerosos aspectos inconcientes que subjetivizan la visión de la misma.

Este vínculo existente entre mitos primitivos y arcaicos, y los símbolos producidos por el inconciente es de inmensa importancia práctica para el análisis. Permite identificar los símbolos en un contexto histórico y en un marco de significado psicológico.
La historia antigua del hombre se está redescubriendo hoy día en las imágenes simbólicas y mitos que han sobrevivido al hombre antiguo. Cuando leemos los mitos de los antiguos griegos o las narraciones populares de los indios americanos, en general no somos capaces de relacionarlos con nuestra actitud respecto de los héroes o los sucesos de la actualidad. Sin embargo, hay relación, y los símbolos que la representan no han perdido su importancia para la humanidad. La mente del hombre moderno conserva la capacidad de crear símbolos que en otros tiempos encontró en las creencias y ritos del hombre primitivo.

Examinaremos ahora algunos de los mitos o símbolos más importantes de todos los tiempos, y veremos en que forma son análogos al material simbólico que perdura en la actualidad; respecto de la sexualidad de las personas con discapacidad mental:

• La deficiencia es hereditaria y por lo tanto el ejercicio de la sexualidad por parte de los deficientes contribuirá a lograr la degeneración intelectual de la especie. “Los discapacitados siempre tendràn hijos con discapacidad”.
• Otro tabú social presenta a las personas con discapacidad como ángeles o niños eternos, es decir, no tienen sexualidad o ésta se limita a las primeras etapas del desarrollo infantil o : por el contrario,se los presenta como :
• Seres hipersexuados, lindantes con violadores, que no pueden controlar sus impulsos.
• Es una creencia popular que la persona con discapacidad pierde, o lo que es peor, nunca tuvo; función sexual. Este hecho entorpece su proceso de descentralización de la sexualidad, limitando la expresión de la misma al autoerotismo rígido.
• Las personas con discapacidad mental son “infra- humanos”, y por lo tanto deberían estar encerrados y desde luego carentes de sexualidad.
• Al vincular la sexualidad con el matrimonio y la procreación y ser el retardado incapaz de toda responsabilidad, es necesario reprimir la sexualidad.
• La necesidad de los varones con discapacidad hay que calmarla con relaciones sexuales regulares, como por ejemplo ; permitiéndoles el contacto con prostitutas.
• Se les debe proveer de sedantes que aplaquen el deseo sexual.


Si hiciésemos un análisis de las diversas situaciones que nos llevan a no iniciar algún tipo de intervención en el ámbito de la educación, podríamos considerar, al menos, los siguientes aspectos:

• La creencia por parte de la mayoría de la población, que la educación sexual en discapacidad no es necesaria, ya que los discapacitados no lograrían entender los conceptos o términos sexuales.
• La dificultad de abordar el tema por parte de familiares, docentes y profesionales de la salud debido, en parte; a la gran confusión existente, el desconocimiento sobre la temática, la historia psicosexual personal, etc.
• El temor a una eventual consecuencia: rechazo, u oposición de los padres o grupos sociales y/o religiosos.
• Incitación a conductas sexuales, desborde de los alumnos, creencia de que hablar con ellos sobre el tema es corromperlos.
• Carencia de recursos teóricos y técnicos adecuados por parte de los docentes.
• Falta de una normativa legal institucional que apoye, avale y promueva la educación sexual.
• Temor, por parte de las familias y docentes, de enseñarles a percibirse disminuído en el ámbito sexual; a consecuencia de descubrir un cuerpo enfermo, deforme, incapacitado sexualmente, carente de deseo, etc.
• Los discapacitados son incapaces de aprender determinadas conductas relacionadas con la sexualidad, por lo que sólo se debe promover la satisfacción de los impulsos, sin considerar normas o valores sociales.


Se cree que determinados ritos han podido nacer del deseo de proteger de cualquier ataque el ideal de una vida guiada enteramente por reglas; de una condiciòn humana estabilizada y definida, que asegura la ausencia de problemas.
Se recurre al rito para alejar del propio sistema de vida todo lo que se aparte de tales reglas “Todo lo que es insòlito nos da miedo y todo lo insòlito se vuelve tabù”.

Se ha escrito: “Un discapacitado es un individuo sin adolescencia”.

Cuando una persona debe pasar de un estadìo social a otro (nacimiento, niñez, adolescencia, etc.), tiene lugar un ritual que cumple dos finalidades diversas: por una parte, unificar todo lo que se ha sido anteriormente, y por otra; reproducir de manera simbòlica el paso de un estado al otro, permitiendo a la sociedad realizar aquellos cambios que de otra manera causarìan ansiedad.
Quien es tabù, queda excluìdo de estos rituales que garantizan el pasaje de un rol social a otro. Quien tiene una discapacidad es tabù, asì como quien tiene contacto con dicho tabù. La enfermedad y la discapacidad se vinculan a la nociòn de contaminaciòn y tabù. El estigma de la discapacidad se sobrepone al propio individuo. La persona con discapacidad deja de ser para devenir en el discapacitado.

La persona disminuida no es sometida a las pruebas que acompañan a los ritos del pasaje (ej.: niñez-adolescencia), sino que se queda en una condiciòn de limbo, de eterno niño.

J. Cazeneuve, escribe en “La sociologìa del rito” :
“Quien no ha sido iniciado queda marginado. No està ni siquiera provisto de una naturaleza humana profana. Ni siquiera es un hombre. No supera la iniciaciòn del nacvimiento. Esta es la condiciòn del disminuìdo, y le son prohibidos tambièn los otros ritos, principalmente el de la pubertad, con las consiguientes prohibiciones sexuales”.

Se suele considerar a la persona con discapacidad, como el centro de tres sistemas: la familia, la escuela y la asistencia.
La sexualidad de las personas con discapacidad es vivida como un trauma, un despertar de la angustia y en consecuencia ha de ser negada; cancelada, asì como el crecimiento del niño. La angustia lleva a pensar que dar “satisfacciòn” a un estìmulo sexual implica la disminuciòn del mismo.

Dado que la sexualidad de la persona con discapacidad no ha constituìdo un problema durante mucho tiempo: ¿A qué se les condena, sumándolo a su dolencia: “a pedir al Señor que lo calme con una benigna polución nocturna?”.

En general, nos preocupamos más por el orìgen de la discapacidad, que por la discapacidad misma. La respuesta cultural frente a la discapacidad revela la influencia del cuerpo de creencias de la cultura judeocristiana. Las ideas sobre el castigo, la culpa, la prueba de fe, siguen estando presentes frente a la explicaciòn de la adversidad.


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