01 octubre 2010

Cama especial para parejas con alguna limitación física o discapacidad.


Las personas con limitaciones fisicas también pueden disfrutar del sexo. 

Viviana Esguerra, quien trabaja en el Programa de Derechos Humanos y Discapacidad de la Vicepresidencia de la República, envía un análisis sobre el tema que bien vale la pena publicar. 
Alguien que va en silla de ruedas tiene particularidades diferentes que alguien que camina con sus dos piernas. Pero también un zurdo las tiene respecto de un diestro; un obeso respecto de un flaco; un feo, respecto a un guapo; un salado, respecto a un soso... Cada cual con sus limitaciones; pero también con sus recursos y habilidades, va por la vida y vive su sexualidad como mejor puede y sabe. 
Corría el año 1990, y tenía lugar en Salamanca el Doctorado en Sexología y un curso sobre sexualidad. Se escuchó entonces la frase "yo tengo la silla de ruedas en el culo, no en la cabeza", de los labios de un chico con una lesión medular. 

Esta frase deja medianamente claro que no es lo mismo tener la silla de ruedas en el culo, que en la cabeza. Más aún que es muy mala suerte tener que llevarla bajo el culo, pero que aún es peor llevarla de por vida dentro de la cabeza. Nos va muy diferente en la vida, cada uno con su muy particular biografía, según donde llevemos las cosas y según qué cosas llevemos en nuestra mochila. Porque, efectivamente, hay muchas cosas que es mejor llevar en el culo; mientras que otras se llevan bastante mejor en la cabeza. 

Pero, ¿dónde llevar el sexo? Porque también el sexo, como la silla, puede llevarse en varios sitios; y no es lo mismo. Cada cual con su minusvalía lleva el sexo donde lo lleva. Donde puede, donde sabe, donde quiere. Pero las consecuencias son muy diferentes. Ahora bien, lo llevamos donde lo llevamos en razón de cómo lo definimos y de qué tenemos en la cabeza cuando decimos sexo. 
Botellas medio llenas y botellas medio vacías 

Evidentemente alguien aquejado por una discapacidad, una incapacidad y/o una minusvalía tiene problemas en el terreno erótico. Pero también tiene soluciones. Tiene limitaciones, pero también tiene posibilidades. Tiene dificultades, pero también tiene oportunidades. Tiene obstáculos, pero también tiene recursos. 

Si uno se define por lo que no tiene, por lo que le falta o por lo que no puede, se convierte a sí mismo en una "botella medio vacía". Y al contrario, si uno se define por lo que sí tiene o por lo que sí puede, se convierte a sí mismo en una "botella medio llena". 
Al final parece que tanto el contenido como el continente son lo mismo, pero no es lo mismo ser "botella medio vacía" que ser "botella medio llena". Unos tienen la silla en la cabeza (lo cual es un problema), mientras que los otros tienen la silla en el culo (lo cual es un recurso que les permite la movilidad que sus piernas no tienen). 

Suele suceder que las personas con limitaciones acaban odiando lo que más debían valorar: su cuerpo y sus recursos (la sonda, la silla, la bolsa, la muleta, etc.). Pero es importante que caigan en cuenta que si odian las herramientas que les facilitan la vida y la más valiosa de ellas (el cuerpo), difícilmente podrán gozar, sentir y vivir las posibilidades de su sexualidad. Quien se define por lo que no puede, no dedica sus energías a disfrutar, vivir y sentir aquello que sí puede. 

Aquel que ya no tiene erecciones sigue excitándose y sí posee sentimientos. Y aquella que no siente sensaciones en las piernas, sí que las siente en sus senos, sus axilas o sus labios. Y este otro que supuso que nunca más volvería a penetrar a su chica, descubrió las inyecciones intracavernosas y está encantado porque su pene se mantiene erecto más tiempo que nunca. Y esa otra ha descubierto un truco para ser penetrada sin quitarse la sonda. Y aquel otro, parapléjico él, descubrió las posibilidades de poner el arnés de su grúa a su chica con motivos lúbrico- festivos. Y el que se asustó tanto porque tuvo un intenso dolor de cabeza en su primera eyaculación, se toma de vez en cuando un antimigrañoso y está tratando de embarazar a su chica mediante el "sistema tradicional". 

Y esta pareja ha descubierto que la cama con mando a distancia tiene muchas más posibilidades que las que aparecían en el catálogo. Y estos dos, aunque parezca increíble, están exultantes por su embarazo de seis meses. Y esa mujer de los grandes pechos se ha reconciliado por fin con su condición femenina y la reivindica incluso en su vestir atrevido y escotado. 

Y aquel otro se masturba porque, aunque no siente con su pene la mano, si siente con su mano el pene. Y aquella otra deja sus muletas apoyadas en la cama y no corre las cortinas cuando se cambia la ropa. Y este joven adolescente bromea desde la silla con sus colegas bípedos porque su perspectiva visual de los movimientos glúteos de esa hermosa y cimbreante muchacha es la envidia de todos. 

Todos ellos, cada uno de ellos, no son menos válidos que nadie. Saben que no tienen lo que no tienen, pero eso no les impide disfrutar de lo que sí tienen. Porque no se definen por lo que les falta, sino por lo que son. Y descubren sus límites, como los demás, experimentándolos. 

La discapacidad física no invalida como hombre o como mujer: no elimina la capacidad de desear ni de ser deseable; no anula la capacidad de conocer a alguien y de convivir y de compartir; no borra la capacidad de proporcionar y sentir placer. Incluso, al contrario, puede servir de punto de acercamiento, de ocasión o trampolín para abrirse a las necesidades del otro, para detenerse y merodear en las sensaciones, para explorar nuevos horizontes y ensayar otras posibilidades que, de otro modo, quizá nunca se buscarían. 

Pero, sobre todo, una discapacidad no quita ni minusvalora la identidad: el ser y hacerse, sentirse y vivirse, expresarse y actuar como hombre o como mujer. La discapacidad es una circunstancia más o menos grave en la vida, pero no lo que nos estructura como sexos. 
Curiosidades entre parejas de discapacitados 

En Salamanca durante la Asamblea General de Sexología causaron cierta expectación (y benevolencia) dos parejas. Una de ellas estaba compuesta por un informático con parálisis cerebral y su novia, con la que estaba próximo a casarse. En algún momento se llegó a pensar: ¿se darán pena mutuamente? Si lo ves andar, y lo hace tan lento, que crees que está a punto de desplomarse en tus propias narices; y, sin embargo, había conducido durante cuatrocientos kilómetros en su propio coche. ¡Qué valor! Ahora, de ahí a la boda, ¡qué ganas! 

La otra pareja estaba protagonizada por una joven con parálisis cerebral, con una deambulación extremadamente rápida y muy imprecisa... ¡Bueno, pues estaba casada con un joven! ¿Extraño, no? Y además tenían una preciosa hija de cuatro años... Durante la cena uno no dejaba de intuir cómo fue posible ese "encuentro". 
A las personas que les sobreviene una discapacidad pasan por un proceso de adaptación, de aceptación de lo sucedido y de asumir la realidad de la pérdida. 

La sexualidad de las personas con discapacidad tanto congénita (cardiopatías, deformaciones, espina bífida), como adquirida (lesión medular, esclerosis) puede verse afectada sobre todo en su función reproductiva. Pero, ¿qué sucede con el deseo sexual de las personas que sufren algún tipo de discapacidad? La idea de no ser una persona sexualmente atractiva y, por tanto, la pérdida de la deseabilidad, independientemente del sexo al que se pertenezca, es propia de los primeros momentos del proceso adaptativo y, en ocasiones, de determinados períodos evolutivos (adolescencia, edad adulta) de las personas con discapacidades congénitas. Se debe trabajar con las actitudes sexuales y aspectos como: ¿la persona afectada se siente deseable?, ¿se considera una persona sexuada?, ¿qué expectativas sexuales tiene? 

Romper las denominadas "barreras actitudinales" puede ser una tarea tan difícil de llevar a cabo, como superar los problemas que las barreras arquitectónicas presentan a las personas con movilidad reducida. 

Las personas con limitaciones físicas y mentales, y sus respectivas parejas, pueden y deben aprender a vivir la sexualidad de un modo diferente: "jugar" con su cuerpo independientemente de las "incapacidades" que presente; descubrir sus propios deseos sexuales, estén o no éstos relacionados con lo que socialmente se debe de "hacer" y "sentir", ver el cuerpo como un todo, donde el placer, la ternura y las relaciones no son aspectos reservados a los cuerpos totalmente sanos. 

C sabe que... 
-Tiresias, el personaje mitológico que tuvo el don de ser de un sexo por un tiempo y luego del otro, recibió un buen día la visita de Zeus y Hera, la pareja célebre por sus disputas conyugales. (...) lo que fueron a preguntarle era esto: ¿quién puede disfrutar más en la relación sexual, el hombre o la mujer? Claro, Tiresias había sido las dos cosas. Entonces, podía responder a la pregunta. De hecho, Zeus, como buen representante del sexo masculino, opinaba que quien más disfrutaba era Hera. Y ésta, encabritada, dijo que de eso nada. Que el hombre llevaba todos los privilegios y que eso no iba a ser distinto. Que era el hombre. ¿Qué dijo Tiresias? Aquella especie de sexólogo se encontraba en un apuro nada cómodo. Conocía bien lo que traía a Hera a su “consulta sexológica”. Pero Tiresias, en un alarde de sinceridad, respondió: “Verdaderamente es más agradable y placentero ser mujer”. ¿Sabéis como le pagó Hera la consulta? Mandando que le sacaran los ojos a Tiresias. 

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...