04 octubre 2010

“La sociedad no tolera la sexualidad de las personas con discapacidad”.

Entrevista al Dr. Juan Carlos Kusnetzoff

El Cisne entrevistó al Dr. Juan Carlos Kusnetzoff, especialista en sexualidad humana con más de cuarenta años de trayectoria, para echar luz sobre el complejo devenir de la sexualidad de las personas con discapacidad. A partir de allí emergieron distintas problemáticas asociadas que señalan lo poco preparada que está aún la sociedad para afrontar este tema, como también lo están muchos profesionales y el ámbito académico. Sin embargo, la aparición de determinados avances en el tratamiento de disfunciones y la empatía de los especialistas que luchan por hacerse eco de las problemáticas que padece este sector social también siembran una esperanza para alcanzar una plena sexualidad.
El Dr. Juan Carlos Kusnetzoff más conocido como el “Dr. K”, especialista y referente en sexualidad humana, lleva adelante día a día una labor compleja y que quizás, a esta altura de nuestra historia, no debería serlo tanto: esclarecer las problemáticas y particularidades de la se-xualidad, más allá de géneros, preferencias, edad o condición física. Esta tarea lo invita a responder más de cincuenta consultas diarias por correo electrónico, lo que demuestra el marcado interés y también las inmensas dudas que aún giran en torno a esta faceta esencial del ser humano. A lo largo de su carrera el Dr. Kusnetzoff ha trabajado con temáticas complejas como lo son dos de los temas más espinosos para la sociedad: sexo en la tercera edad y sexualidad y discapacidad. A partir de su práctica con algunas personas con discapacidad severa, no sólo debió desarrollar su labor como especialista, sino lidiar y confrontarse con la discriminación de la sociedad, que experimentó en carne propia junto a un paciente en silla de ruedas. Desde este recorrido es que lo consultamos para compartir sus experiencias y su análisis. 
- En los últimos años las personas con discapacidad han comenzado a trabajar intensamente por recuperar aquello que durante tanto tiempo la sociedad condenó: el derecho a una vida sexual plena. Al estar confrontados con el límite de la discapacidad y aún así luchar por superarse parece que lograran adquirir una conciencia integral de la sexualidad mucho más fuerte que las personas sin discapacidad. ¿Comparte esta impresión? 
- J.C.K.: Si, no hay ninguna duda. Además, ya la persona que tiene una disfunción sexual está muy focalizada en su situación, pero en la persona con discapacidad mucho más. Incluso hasta cierto punto, no puedo afirmarlo o extenderlo demasiado, puede ser beneficioso porque quita o resta la focalización de tensión en su discapacidad, por ejemplo, motora. Esto es beneficioso porque le retira cierta sobrecarga a su discapacidad.
 - En relación a la vida sexual de las personas con discapacidad mental, ¿siente que perduran los mismos prejuicios que hace algunas décadas atrás? 
- J.C.K.: Sí. No soy un especialista que ha subrayado su trabajo clínico en la discapacidad mental, pero creo que sí. Las preguntas sobre problemas mentales y funcionalidad sexual abundan, siempre, son sistemáticas. 
Por ejemplo, ¿a qué edad conviene hablarle de sexualidad? ¿A qué edad puede comenzar a interesarse? ¿Qué se hace o cómo se hace para orientar o acompañar el camino hacia la obtención de una sexualidad ciertamente satisfactoria para el individuo? - ¿Resulta igual de complejo para los profesionales como para las familias de las personas con discapacidad mental ahondar en esta problemática? 
- J.C.K.: Sí, seguro. Hasta donde llega mi conocimiento en el ámbito sexológico no hay mucho interés por ocuparse de los problemas disfuncionales de las personas con discapacidad mental, que son bastantes. Esto forma parte de todo el prejuicio que existe en la sociedad en general y en los profesionales en particular sobre la discapacidad. Incluso también entran en juego situaciones del orden de la accesibilidad. Por ejemplo, hasta hace unos cinco o seis años yo trabajaba en un consultorio en el cual no podía atender a las personas con discapacidad que se trasladaban en silla de ruedas, ya que no entraban en el ascensor. Por lo tanto tuve que atender a muchos pacientes en esta situación en el hall del edificio y luego en diversas confiterías de la ciudad. Y Allí también en varias ocasiones sufrimos discriminación por los dueños de los locales. Sin llegar a amenazarme emplearon expresiones que daban a entender claramente que no les gustaba en absoluto que tuviéramos nuestro encuentro allí, más allá de que fuera un cliente habitual y que cumpliéramos con nuestra consumición. Es más, me llegaron a “sugerir” que atendiera a mi paciente en el fondo del local y no cerca de la entrada, ya que la silla de ruedas “dejaba marcas en el piso”. 
- ¿Socialmente se desa-prueba que las personas con discapacidad tengan una vida sexual plena?
 - J.C.K.: Sí, de la 
misma manera en que no se tolera la sexualidad en las personas de la tercera edad. “¿Pero cómo, los abuelos tienen vida sexual?”. “¿Los abuelos se besan?”. “¡Pero si los hombres mayores apenas tienen erección, y ni siquiera deben eyacular!”. Todo este tipo de afirmaciones prejuiciosas promueven interés en las personas que consultan, que estudian o se dedican profesionalmente a trabajar en sexualidad. Por eso no me resulta extraño que se equipare la sexualidad “geriátrica” a la sexualidad del discapacitado. - ¿Y qué factores entran en juego socialmente? 
- J.C.K.: Nunca nada sucede por una causa sola, son todas situaciones convergentes. La primera y la más importante es que estas discriminaciones son un sub ítem de la discriminación en general, de la represión a la que se ve sometida la sexualidad desde tiempo inmemorial. Que de pronto la sexualidad en la tercera edad o en las personas con discapacidad padezcan este tipo de discriminación “muy poca importancia tiene”, porque proviene de la discriminación de la sexualidad. Entonces esto no es un prejuicio específico contra la sexualidad de las personas con discapacidad, es simplemente un particular aspecto de la sexualidad en general.
 - ¿Cuáles suelen ser las preocupaciones que aparecen en las primeras entrevistas de la consulta sexológica? 
- J.C.K.: En primer lugar, no hay cosa más complicada que la discapacidad que la persona porta, allí está el sujeto, lo otro son predicados a distancia de esta situación. Aún así las consultas suelen relacionarse acerca de qué posiciones pueden adoptar, si pueden o no eyacular, si pueden o no sentir, o la impotencia. Cada caso es un caso, y debe ser examinado meticulosamente, diagnosticado y trabajado. Porque decir que las personas con discapacidad tienen sexualidad activa, es decir una verdad a medias, ya que para ello hay que trabajar mucho y enfrentar algunos límites. 
- ¿Puede ser el humor dentro la práctica profesional una manera de desdramatizar este tema tan complejo?
 - J.C.K.: Sí. La respuesta es sí, pero también es genérica. Es decir, el humor en mi caso aparece con personas no discapacitadas, ni motoras ni sensitivas. Cuando uno emplea el humor, aunque sea muy liviano, con una persona con discapacidad se corre el peligro de rozar un límite donde uno puede hacerse el simpático pero también puede resultar agresivo. Todo depende muchísimo de la situación y de quien lo recibe. Tampoco es algo que empleo de entrada, trato de evaluar cada situación y en cada caso qué conviene y qué no conviene decir. - En los últimos años han crecido mucho, sobre todo en Internet, grupos que nuclean a personas que sienten una especial atracción hacia las personas con discapacidad. Desde la sociedad y desde el ámbito profesional estas preferencias se rotulan indiscriminadamente como desviaciones o parafilias.
 ¿Cuál es su mirada al respecto? 
- J.C.K.: Existen muchas parafilias en este aspecto. Pero también hay muchas situaciones muy contrarias. Recuerdo dos o tres casos a lo largo de mi extensa carrera de cuarenta y tres años de recibido, donde personas muy discapacitadas, cuadripléjicos con sondaje de orina, etc., que tenían compañeras muy bonitas con las que tenían relaciones formales o eventuales. Yo tuve oportunidad de hablar con una de estas mujeres, compañera de un hombre con una cuadriplejia bastante importante, y le pregunté por qué lo prefería en relación a otros hombres. Y me respondió una verdad de a puño: “que tenía relaciones sexuales y orgasmos como nunca había tenido con otros hombres”. Entonces le pedí que me explicara cómo sucedía esto, siendo que este hombre no tenía sensibilidad en la mitad de su cuerpo, que llevaba un sondaje, que tenía erecciones reflejas de las que no tenía sensibilidad y que tenía que ser transportado en brazos. Y me respondió que él, aún sin tener movilidad en brazos y piernas, se ubicaba de una manera donde ella podía ser la parte activa, acomodándose a la medida de lo que su compañero le ofrecía, alcanzando una sensibilidad clitoridiana que jamás había experimentado. Fue una respuesta honesta, firme y muy ilustrativa, y que empleo en las clases que doy en la Facultad, cuando me toca hablar de sexualidad y discapacidad. 
- En una época donde la imagen corporal adquiere un protagonismo superlativo sumando la exigencia de encajar dentro de patrones inalcanzables, casi irreales, ¿cuánto afecta esto a la relación con el otro y con el propio cuerpo en aquel que se siente diferente?
 - J.C.K.: Mucho, ya que es lo primero que salta a la vista. Debido a la promoción de la belleza armónica que todos nosotros heredamos de los griegos hasta nuestros días, la discapacidad manifiesta lesiona el concepto y la idealización que todos llevamos dentro. Las personas con discapacidad padecen esto en gran magnitud, ya que comúnmente son personas sumamente sensibles. 
- ¿A lo largo de su extensa carrera, el encuentro en su práctica con las personas con discapacidad ha modificado su propia percepción de discapacidad?
 - J.C.K.: No hay ninguna duda. Simplemente el hecho de haber tenido que trasladarme a varios puntos de la ciudad para poder atender a un paciente por la falta de accesibilidad en los edificios y luchar contra los dueños de las confiterías que nos invitaban a retirarnos, ha sido muy modificador. Y lo curioso es que todas estas situaciones ocurrieron en plena ciudad, en Barrio Norte, no en la periferia. Es más, estoy seguro que de haber ido a Pompeya o a Mataderos encontraría dueños de boliches infinitamente más solidarios que estos innombrables, que rinden culto a la forma, a la belleza superflua. 
- Muchas veces estos preconceptos discriminatorios también se encuentran en los propios colectivos que los padecen. Hemos publicado un informe donde mujeres lesbianas con discapacidad admitían haber sido discriminadas por el colectivo gay bajo el argumento de que su lesbianismo era en realidad una incapacidad de conseguir un compañero. 
- J.C.K.: La discriminación que el ser humano en general realiza con otros seres humanos es infinita, no se detiene nunca y presenta recovecos muchas veces sorprendentes, cuando no inauditos. Ese argumento que vos me acabás de exponer, donde un colectivo de lesbianas argumenta que el “falso” lesbianismo de determinada mujer discapacitada es una extrema defensa psicológica por no asumir otros aspectos de la orientación sexual, me recuerda el dicho infantil de “el que lo dice lo es”. Eso significa que ese mismo argumento podría decirlo de ellas, enunciando otro preconcepto: que son homosexuales femeninas porque es una extrema defensa por tener miedo al hombre o asumir otra identidad. En fin, podría hacer un inventario polisémico de este tipo de cosas y no sería justo con nadie. Hay que cuidarse mucho de expresar opiniones que sean discriminatorias porque es como “escupir para arriba”. 
- ¿Qué nuevos avances se han dado en el tratamiento de disfunciones sexuales en personas con discapacidad? 
- J.C.K.: El panorama del tratamiento de hombres con discapacidad se ha visto favorecido por el implemento de dos factores. En primer lugar por la instrumentación de sustancias vaso-activas que se inyectan directamente en los cuerpos cavernosos del pene, en mínimas dosis. Y en segundo término la aparición de sustancias erectógenas por vía oral, como el citrato de sildenafil. Esto ha sido una solución muy importante para muchos casos, incluso más allá de su sensibilidad.
 - ¿Qué consejo le podría transmitir a aquellos profesionales que inician su carrera y que desean trabajar con personas con discapacidad? 
- J.C.K.: Para poder dedicarse a la sexualidad de las personas con discapacidad los profesionales no podemos saltear etapas. Aunque parezca loco, la sexualidad no es materia en ninguna facultad de Medicina o Psicología, sino que son todos cursos de postgrado. Y evidentemente para que los estudiantes que hacen estos cursos se puedan dedicar a las disfunciones sexuales de las personas con discapacidad tendrán que acumular mucha experiencia, transitar bastante sobre la sexualidad humana y adecuarse a cada caso. Porque cuando trabajamos con una persona con discapacidad es como si elaboráramos un traje a medida que depende de cada caso y sus múltiples particularidades. 


Luis Eduardo Martínez martinez_luiseduardo @yahoo.com.ar 
Datos de contacto: Dr. Juan Carlos Kusnetzoff E-mail: juanck@ciudad.com.ar Web: www.e-
sexologia.com

Fuente. EL CISNE

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