22 noviembre 2010

DEBATE 3: Maternidad y discapacidad física.

 Testimonio enviado por María Isabel Ramirez.
"Aunque hubo quien me ayudaba a amamantar a mi hija, acomodándomela al pecho, no era lo mismo pues no había esa privacidad e intimidad de requieren madre e hija en esos, momentos, por lo que el amamantarla duro poco tiempo, ya que era más práctico un biberón, y menos costoso para quien me auxiliaba".

En ocasión de éste tercer debate propuesto por el grupo "Mitología de la sexualidad especial", respecto de La maternidad  y la discapacidad física, deseamos brindarles el valiente, claro y generoso testimonio de Maria Isabel Ramirez, integrante activa de nuestro grupo de facebook.
Días atrás, Maria Isabel nos envió las  presentaciones que ilustran éste debate. Leyéndolas, imaginamos que el texto que las acompaña -también de su autoría-, contaba sólo parte de una historia que podía ser mal interpretada; juzgada desde el desconocimiento y la distancia...
Fue entonces cuando solicitamos a María Isabel  que "le pusiese historia" a las imágenes; sorprendiéndonos con el relato que a continuación transcribimos, tal y como lo hemos recibido.
El debate queda abierto; esperamos vuestros comentarios en el grupo de Facebook y en éste blog.
La generosidad de María Isabel espera vuestras palabras Las nuestras se resumen en un Gracias enorme y profundo; por el testimonio brindado en un marco de confianza y afecto que, afortunadamente; creemos ya es mutuo.

"Yo era una persona normal, con todas mis capacidades físicas y mentales, me dedicaba a dar clases en la preparatoria y en la licenciatura, era feliz con mi esposo y un hijo de 5 años, con quien tuve la primera experiencia de ser madre, poder alimentar a tu hijo libremente, correr  y reír con él, tener la responsabilidad de tomar tu coche y llevarlo a donde los dos quisiéramos ir y disfrutar del parque, un restaurante, que se yo, simplemente el hecho de ir al super. Estaba embarazada de mi segundo hijo, cuando sin avisar, a los seis meses de gestación; sufrí un derrame cerebral (aneurisma), que me dejo cuadripléjica, no podía mover mi cuerpo y la angustia de llevar en mis entrañas un ser con futura discapacidad, por el hecho de haber estado en coma un mes, era muy grande, los doctores monitoreaban todo el proceso pero eso no ayudaba en mucho, lo que más ayudo es tener fe en la Virgen María como madre que es.
El tiempo paso rápidamente los tres siguientes meses del embarazo pasaron como agua, llegó el momento en que se cumplían las 40 semanas y hubo que hacerme Cesárea.

Angustiada me encontraba en el quirófano por la niña que nacería y que futuro le podía ofrecer si ni era capaz de valerme por mi misma, ni siquiera era independiente para ir al baño, o capaz de tomar un alimento, como se lo iba yo a dar a ella, y si fuera discapacitada como le iba a ayudar a ser independiente y a crecer. La niña nació, completamente sana ,como por obra de un milagro, sana e inteligente, los médicos lloraban el  quirófano, no podían entender aquel milagro .Obviamente no pude amantar a la niña, cosa que como ya sabía lo que era el placer de tener solo para ti en tus brazos a tu pequeña y poderla mirar a su carita y sentirla tan cerca de ti, pegada a ti como una extinción de tu carne, sustrayendo de ti tu savia como muestra de todo aquello que le quieres trasmitir con amor, como ya sabía que era esa sentimiento con mi primer hijo sentí una frustración muy grande, una impotencia de no poder criarla, como aquella impotencia que sentí por primera vez al no poder sostenerme en mis dos piernas, irrumpí a llorar y muchos creían que era por la depresión post parto, pero nadie podía entender mi impotencia, y solo decían da gracias de que están vivas las dos, aunque ello no me consolaba en nada. Aunando a la imposibilidad de no poder cargar a tu hija, estaba la desilusión de salir caminando con ella en brazos del hospital, y lejos de estar en privado con tu hija y tu pareja te veías  rodeada de la gente que te iba apoyar en la crianza(amistades, enfermera y suegra).Llegando a casa y después de instalarnos, siguió la segunda frustración, el escuchar a tu hija llorar,(indefensa y pequeña),quien quería algo de su madre, que era la persona más natural que la atendiera, y tener la imposibilidad de poder siquiera acercarte a ella por ti misma y ver que le sucedía, sino simplemente conformarte con la respuesta de aquellos que te ayudaban, y tener que depositar toda tu confianza de que así sucedía, pues no te quedaba de otra. Aunque hubo quien me ayudaba a amamantar a mi hija, acomodándomela al pecho, no era lo mismo pues no había esa privacidad e intimidad de requieren madre e hija en esos, momentos, por lo que el amamantarla duro poco tiempo, ya que era más práctico un biberón, y menos costoso para quien me auxiliaba.

Debo mencionar que además había más gastos que se generaban ya que no era lo mismo cuidar de una discapacitada, como el  cuidar a la discapacitada y su hija. Por razones lógicas me perdí del primer baño de mi hija, y solo me conformaba con los comentarios a mi alrededor de: que linda, los gestos que hace, es bien tierna, es un amor, lo que siente cargarla es increíble, que solo me provocaban el deseo de poder disfrutarla yo también, y por ende mas impotencia y frustración, y no me quedaba más que el consuelo de tontos al pensar, que bueno que hay quien le pueda dar lo que tú no le puedes dar.
El tiempo paso y me fui acostumbrando a perderme de todos esos momentos bellos, con el consuelo de que tengo toda una vida para disfrutarla, mientras me recupero, y en efecto me fui recuperando hasta quedarme en hemiplejia izquierda y con el manejo de mi lado derecho ya podía hacer más cosas, claro que con esfuerzo, podía bajarme al suelo a jugar con ella, darle de comer en su sillita, y otras cosas pero llego el tiempo en que tuve que decidir si mandarla a la escuela donde podía convivir con otras gentes normales, y niños sanos o quedarse a imitar movimientos limitados de una discapacitada, y tome la decisión de que fuera a la escuela, que tristeza sentí ,hasta el momento ,de no podría llevarla de la mano a la escuela y conformarme con darle un beso de despedida desde la puerta de mi casa, eso sí tuve la oportunidad de decidir a qué escuela iría ,eso porque la conocía por mi hijo.

Tuve la fortuna de enseñarle a hablar y decir su primer palabra ¨mama¨. Recuerdo el esfuerzo que hice para festejar sus 5 años, tanto para conseguir salón de fiestas como todos los detalles, y yo sin recuperarme más, pero ya era una niña, que era mi angelito, que en todo me ayudaba y era la fuente de cariño que yo necesitaba. Y como la vida tiene que seguir ella ha crecido hasta ser una adolescente de 15 años, con todas sus ventajas y desventajas, por supuesto ya no soy su ídolo a quien admire, o su amiga en la que se apoye, ya tiene su vida hecha y ahora para cierta cosas le estorbo, pero eso como si fuera cualquier mama, no porque sea discapacitada.

Problema con mi primer hijo que nunca acepto mi discapacidad y perdí todo poder de autoridad al grado de querer acuchillarme por la espalda, ah¡ que dolor tan grande el de una madre cuando te sabes mal amada por tu hijo al grado en que te prefiere muerta, pero bueno tomemos eso como algo natural en un pequeño que le cambio la vida por completo., ahora ya es todo un jovencito y gracias a las palabras de su padre ya me acepta mas, y hasta me quiere un poco. Pero gracias a mis hijos y esposo (he salido adelante en mi discapacidad, te dan un motivo para luchar y esforzarte, aunque claro me los llevo entre las patas, les toca vivir algo que a ellos no les tocaba, pero los hace más personas, valorar más a la humanidad, eso creo. Para mi ser madre y en condiciones de discapacitada ha sido una gran alegría y también un dolor muy profundo. Que en una situación normal hubiera sido diferente y muy bella. Pero el hubiera no existe, ya paso y le doy gracias a DIOS por haberme permitido las dos experiencias diferentes.

Para no hacerles la historia más grande omití comentar que los 11 años de mi segunda hija me avente un tercer embarazo, donde tuve una niña hermosa que me ha motivado más que los otros hijos, simplemente por el hecho de saber ya  a lo que iba, y estar más recuperada física y emocionalmente, pero eso es otra historia y otra experiencia".


Presentación enviada por María Isabel Ramirez.





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