05 enero 2011

"La idiotez, una variante de alteración mental".

Extraído del libro: "La belleza imperfecta".  Cap.: "Locos".
Carlos Reyero. Editorial. Siruela. Madrid. 2005
Síntesis y recopolación de obras. Silvina Peirano.


"La representación de seres que sufren algún tipo de malestar, carencia física, mental o sensorial contituye un motivo iconográfico que, en todas las épocas, está rodeado de significados complejos. En el período que abarca desde la Ilustración hasta la eclosión de las vanguardias, la discapacidad se revela como un elemento expresivo de primer orden, frente al extendido tópico de la belleza ideal. Conciente de la importancia que este argumento ha cobrado en el arte moderno, Carlos Reyero plantea el trabajo como una búsqueda de las raíces que conducen a un cambio de sensibilidad, hasta terminar por reconocer la imperfección como una forma de belleza".


La representación de individuos con características intelectuales suele estar ligada a la existencia de deformidades físicas. En tal sentido, alguno de los bufones que polulaban por las cortes de los Austrias, con la intención de entretener a los monarcas y a sus familiares, han merecido el calificativo de bobos. Es el caso, por ejemplo, de El bufón de Calabacillas, llamado erróneamente El bobo de Coria, o también El bizco, aunque, según parece, ni era bobo ni era enano. Velázquez le retrató en varias ocasiones. en una de ellas aparece de pie (Cleveland, Museum of Art), con una miniatura en la mano izquierda y un molinillo de papel en la derecha, en una iconografía que ha sido relacionada con el grabado de la Locura de Cesare Ripa; en otra ( Madrid, museo del prado), está sentado en el suelo y nos mira con una inquietante sonrisa que parece la de alguien que ha perdido el juicio.
Es precisamente esa miraba estrábica y esa sonrisa sin motivo las que provocan nuestra extrañeza, juzgada por unos como vacía y bobalicona, y por otros como ambigua y provocativa.
"El bufón de Calabacillas"

Velazquez-Calabacillas.jpg
"El bufón de Calabacillas"; Museo Cleveland.
Otro personaje con retraso mental retratado por Velázquez, es Francisco Lezcano, conocido erróneamente por El niño de Vallecas (Madrid, Museo del Prado), cuya discapacidad intelectual ha sido puesta de relieve desde los primeros estudios de la pintura. El Doctor moragas, en el célebre estudio clínico sobre los bufones de los Austrias, "le diagnosticó un cretinismo con oligofrenia y las habituales características de ánimo chistoso y fidelidad perruna".
"El niño de Vallecas"




"Child of Vallecas".Botero.



Una pintura que se supone fragmento de otra mayor, obra de Juan Andrés Merklein, ha sido tradicionalmente titulada Cabeza de un tonto o Tonto del pueblo.
"Tonto del pueblo". Juan A. Merklein.
La cuestión aparece como importante en el marco de la historia de las imágenes, pues permite pensar que existe una forma de representar la idiotez en relación con una gestualidad exagerada, casi monstruosa. 
También Goya, en uno de los Disparates, el titulado Bobalicón, representa un personaje grotesco y grandote, que parece bailar de forma amenazante, mientras toca las castañuelas con expresión imbécil. Es un tipo baboso y repulsivo, con cierto carácter vicioso, aunque al propio tiempo inquietante, porque el juicio ético que realizamos sobre él es ambiguo.
"Bobalicón". Goya.

En la cultura popular del siglo XIX, el idiota es un tipo humano, que aparece con mucha frecuencia en las caricaturas políticas, aunque pocas veces trasciende al  gran arte. Algún pintor con acusado compromiso político,como es el caso de Bernardo Ferrandíz, llevó a la pintura El tonto de Guariguay, aspirante al trono de España, que es una caricatura en relación a la búsqueda de un rey para España, tras el destronamiento de Isabel II en 1868.
"El tonto de Guareguay" . Ferrandiz.
En el entorno pre-expresionista y expresionista, el retraso mental y la degradación física son cuestiones que aparecen relativamente próximas, asociadas a un mal endémico. Al respecto, se ha puesto en relación el uso de fotografías, es decir, de una inspiración directa de la realidad, por parte de Solanas al concebir sus pinturas: una de éstas fotografías,de 1910, representa a un enfermo psiquiátrico del hospital de Cáceres, que puede ser tanto un loco como un tonto.
"El tonto del pueblo". Carlos S. de Tejada.
También una obra del pintor Chaïm Sotine  titulada El idiota del pueblo (colección Calvet), ha sido relacionada con una interpretación directa de la realidad: en ella vemos una imágen caricaturezca, pero llena de lirismo, de un indefenso que sin embargo, resulta siniestro, como si el artista tratada de generar en nosotros una especie de culpabilidad.
"El tonto del bote".

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