24 enero 2011

"Relaciones sexuales: La integración pendiente".



Por Iván Rotella Arregui; Sexólogo.
Fuente:http://www.anundis.com

Artículo recogido en la publicación: “DISCAPACIDAD Y VIDA SEXUAL” y editado por COCEMFE-ASTURIAS (Noviembre 2003)

Las relaciones de pareja son muy complicadas en cualquier circunstancia, eso es evidente. No nos hace falta hablar a nivel personal, ni siquiera a nivel profesional, donde a lo largo del año vemos a un montón de parejas de todo tipo intentar resolver sus problemas y seguir siendo pareja. Independientemente de su formación, posición social, estado físico, trabajo o aficiones, todas las parejas necesitan de una gran implicación para salir adelante y ese esfuerzo debe ser mutuo y compensar, si no, no merece la pena y pocas cosas hay más tristes que estar con alguien con quien realmente no queremos estar.

Siguiendo con las obviedades podemos añadir que en una relación de pareja tenemos, siempre, a dos personas. Cada una de ellas tiene su forma de ser, su personalidad, sus gustos, manías, complicaciones, etc. Además, cada una de ellas viene de un pasado determinado, tiene un presente determinado y espera conseguir o vivir un futuro determinado. Todo esto hay que ponerlo encima de la mesa y compartirlo con la otra persona con lo que, de pronto, te ves mezclado en 2 entornos familiares, de amistad, laborales, etc. No sólo debes manejarte con tus cosas y tu familia o las amistades, sino que ahora debes aprender, lo más pronto posible, a convivir con personas que van a ser tus nuevas amistades y casi tu familia. En circunstancias normales tenemos décadas para aprender a convivir con ese entorno, Con el entorno nuevo no tienes tanto tiempo, semanas o meses como mucho, y eso con suerte.

Decir que las personas con discapacidad tienen problemas en sus relaciones de pareja sería seguir con las obviedades y seguir sin aportar nada. También sabemos que a la dificultad ya evidente para mantener una relación estable se une unas mayores o menores dificultades físicas, que parece que entorpecen la relación e incluso que la imposibilitan, me dirían algunos. Lo que tenemos claro es que el problema tiene 3 partes obvias: nosotros, nuestra pareja y, sobre todo, nuestro entorno.

El entorno muchas veces pone mucho más obstáculos que los que soluciona y hablo del entorno cercano, no solo de los problemas de accesibilidad de cualquier ciudad que se “precie”. El entorno muchas veces nos obliga, nos imposibilita, nos complica, y lo que es peor, generalmente, velando por nosotros, tratando de ayudarnos, implicándose, queriéndonos…

Pero claro, las personas que forman ese entorno también tienen un pasado, un presente y desean un futuro. Tienen una experiencia vital e incluso en muchos casos profesional y, se supone, adecuada para trabajar y ayudar a las personas con discapacidad pero claro, no pueden quitarse de encima el hecho que son personas con sus características y muchas veces vienen cargadas de moral, ideologías, planteamientos o realidades, totalmente ajenos a las personas con las que están. ¿Qué se hace entonces?

Es muy complicado. Podemos organizar buenas jornadas sobre sexualidad, por ejemplo, y traer a estupendos ponentes de gran nivel y oratoria, con experiencia y muchas ideas para que mejoremos nuestras condiciones de vida en pareja, nuestras sensaciones, nuestro disfrutar pero, ¿Quién acude a esas jornadas? Nosotros, no nuestro entorno, o por lo menos, no todo nuestro entorno. Solo las personas que nos tienen en consideración y alientan todos nuestros deseos y todo aquello que forma parte del ser humano y que incluyen la sexualidad con la importancia que ella tiene, van a implicarse y ayudarnos en las relaciones de pareja y con ellas en las relaciones sexuales.

Hay familiares que no entienden que, como si no tuvieras bastante con lo que te pasa, encima quieres tener una sexualidad placentera y, si puede ser, compartida. Hay médicos que te excluyen, unilateralmente, de la vida sexual activa, por que deciden que a tu edad o en tus circunstancias no te merece la pena. No se tiene en cuenta qué efectos pueden causar ciertos medicamentos, ni te avisan ni te consultan, como si el ser feliz fuese secundario, superfluo.

Sé que es el argumento de una película pero me ha pasado en mi desempeño profesional. Te llaman para que formes a un chico de 21 años (para disimular formas al centro entero, claro) que desea mantener relaciones sexuales y, como el ligar lo lleva bien pero solo hasta que le ven la silla de ruedas, decide que quiere una profesional con la que mantener esas relaciones sexuales pero claro, ¿Cómo va? ¿Quién lo lleva? Sus educadores se inhiben y consideran que debe ser la familia la que se implique. “Si no puede ni ponerse solo el condón” comentan como aparente argumento incontestable, como si ese fuese el gran impedimento o como si, por ejemplo, la profesional no supiese ponerlos. Parece lógico pensar en la familia pero, ¿ellos les decían a sus padres “oye que hoy me apetece echar un polvo y voy a quedar con una chica, que lo sepas? Evidentemente nuestro amigo no desea implicar a su familia en ese grado de intimidad que él considera que son sus relaciones sexuales. Quiere una solución. No quiere a un sexólogo pesado que habla de la piel y de “despenetralizar” las relaciones sexuales y de no sé que de que el orgasmo está en el cerebro o algo así. Le parece interesante pero por inquietud intelectual. El pesado sexólogo no le soluciona nada, “¿y aquí cuando se folla?” Parece pensar. Y perdón por la expresión pero su cara es lo que transmite.

Nuestro amigo navega por Internet, nueva herramienta que parece especialmente diseñada para discapacitados con inquietudes. Así navegas sin salir de casa, no te vaya a pasar algo. Evidentemente, Internet es una herramienta fantástica pero tiene, como muchas cosas, sus luces y sus sombras. Si eres joven y quieres aprender cosas sobre las relaciones sexuales, Internet te ofrece el catálogo de variedades sexuales más amplio que existe pero, “curiosamente”, el sexo con discapacitados o entre discapacitados es de lo que menos hay.

Si nuestro amigo introduce en el buscador de Internet GOOGLE “sexo con discapacitados” en páginas en español, sólo aparecen 17.800 entradas, siendo la mayoría sesudos estudios, trozos de artículos, publicaciones etc, es decir,, no precisamente muy erótico ni sexualmente explícito. Si introduce “sexo entre discapacitados” aparecen las mismas 17.800 entradas, ¿curioso, verdad? ¿Es lo mismo el sexo con alguien discapacitado que entre dos personas discapacitadas? Yo, experto en obviedades, creo que no. Por cierto, si introduces “sexo” o “relaciones sexuales” el ordenador amenaza con colapsarse ante los MILLONES de entradas y páginas, casi todas “lúdicas”, relacionadas con otros tipos de relaciones sexuales de todo carácter y condición.

El chico al que yo trataba de formar solo veía montones de chicas y de chicos guapos, dotados, activos, insaciables, mezclándose entre ellos, ellas o ellos y ellas y luego con todos los juegos que se le puedan ocurrir e incluso más. Son coitales, orgasmocentristas (mi amiga la sexóloga Salome Cía insiste mucho en esto) y, si somos sinceros, muy alejados de su realidad. Pero él considera que esa es su realidad, ya que es la que ve y la que le rodea, incluso su entorno puede compartir esto y hacer la vista gorda si trata de masturbarse o simplemente de navegar por estas páginas pero, ¿y si el también quiere? ¿Qué tenemos? Nada, en la inmensa mayoría de los casos, ni siquiera en los centros especializados hay protocolos de actuación. (Lo cual es un alivio, en parte, ¿Cómo protocolizamos la sexualidad de las personas?).

Sí hay meritorios centros educativos especiales que tienen programas diseñados y desarrollados ciertos protocolos de actuación o algo parecido pero con criterio, no con una moral que se trata de imponer por encima de la de la persona. Es loable, sobre todo, el que se hayan dado cuenta que es necesario trabajar desde pequeños este aspecto y educarlo y respetarlo pero, ¿Quién trabaja con el resto de tu entorno? Nadie había trabajado con los educadores de nuestro amigo, de los que cada uno tenía su opinión y su forma de actuar en base a ella. Nadie había trabajado con su familia, sus amigos. No solo tiene una dificultad física, parece que es de otro planeta y que tiene necesidades que aquí, en este planeta, no existen.

Internet le proporcionó otra herramienta a nuestro amigo: el chat. En el chat no hay problemas, ni dificultades, ni discapacidades. Tu tienes el perfil que quieras, la personalidad que quieras. Nuestro amigo es inteligente, lee, estudia y se cultiva. Es un chico que se mantiene actualizado. Mide más de un metro ochenta (“de pie”), es un buen mozo, atractivo y con una mente ágil y despejada. Consigue, con su labia y algo de morro, muchas citas con chicas de su misma ciudad. Chicas que en su mayoría son incapaces de evitar su cara de desagradable sorpresa cuando ven que su cita por internet viene acompañado “por una silla de ruedas, ¿te imaginas yo con un chico así? Además no hablaba del todo bien y estaba un poco retorcido, uff. Le dije que me iba al baño no volví”. Es muy duro el rechazo social, sobre todo cuando implicas sentimientos, ¿quien te trabaja la autoestima?, ¿quien enseña a nuestro entorno a trabajárnosla?

Nuestro amigo insiste y sigue “chateando” y ligando por Internet. Cada vez se pasa más tiempo en ese universo virtual que le permite construir un mundo en el que es comprendido, querido, admirado, apoyado. Consigue encontrar chicas a las que “no les importa” su silla de ruedas y parece que es un sacrificio casi evangélico que aceptan. Pero a medida que pasa el tiempo y las dificultades en el devenir normal de la relación se acumulan y ese sacrificio parece insalvable y finaliza. “Uff, era muy duro, yo lo intenté pero no pude”. ¿Qué es intentarlo? Estamos hablando de convivir, compartir, sentir, disfrutar, no de sacar una carrera universitaria o presentarse a la prueba atlética de San Silvestre a correr un poco. ¿Que necesitamos el entorno? Que se nos eduque en que la discapacidad existe y que nos puede pasar a todas las personas. Parece que hay que aislarla como un mal de algunos miembros de nuestra sociedad, pobres. Tenemos que conocerla, entenderla y ser conscientes de ella para interiorizarla y volverla una parte más de nosotros mismos, que cualquiera, de todos y todas. Todo sería más razonable, natural y compartido.

Hay otra variable también evidente.¿ qué pasa cuando tu edad no te permite estar en un centro educativo, o acceder a conocimientos que te permitan mejorar tus condiciones de vida, entre ellas la sexual? Pues que ni aquellos pocos que lo trabajan se acercan a ti. Dependes de la opinión y la buena voluntad de tu familia, amigos, pareja. Las instituciones no suelen trabajar este aspecto y claro, ¿Quién trabaja, y perdonad que insista, tu autoestima? La autoestima es imprescindible para sentirte bien y sentirte bien te va a llevar a querer compartir y sentir. Sin eso es muy difícil y esto pasa con discapacidad y sin ella. Tu imaginación tiene que hacer un enorme esfuerzo para idear nuevas formas de amar, pero si tienes con quien suelen ser maravillosas. ¿Y si no tienes? Encontrar a alguien que quiera tocarte, acariciarte, escucharte o hacerte estremecer de placer no es fácil cuando lo que te pasa es desconocido, ignorado o evitado. Cuando la discapacidad es conocida se integra y una vez integrada pasa de ser una desgracia a una singularidad, una peculiaridad de algunas personas, como otras tienen sus propias peculiaridades ya sean eróticas o de otro tipo, aunque estas últimas son menos divertidas pero también muy importantes.

Pero sigamos hablando del entorno. El nuestro puede ser mejor o peor y llevar mejor o peor “lo nuestro” pero, ¿qué pasa cuando damos con una pareja y la relación va bien y, como decíamos al principio, nos vemos implicados en su entorno? Aquí las opciones son dos: que nuestra pareja tenga discapacidad o no. Luego, evidentemente, hay muchas variables: que sea atractiva, simpática, que tenga buenos modales, dinero, trabajo, poco o mucho olor corporal, sentido del humor...

Aquí lo importante son las opciones: Si nuestra pareja tiene discapacidad, sea como la nuestra o no, el entorno de ambos suele llevarse las manos a la cabeza (quien no haya tenido estos problemas en esta situación que invite a cenar a su entorno que lo merece) Como si no tuvieses bastante con “lo tuyo” ahora encima implícate con otra persona que también tiene dificultades, ¿en qué estabas pensando? ¿quién os va a cuidar? ¿de qué vais a vivir? Y en el hipotético caso de que pudierais tener hijos, ¿quién los va a cuidar? Y así etc y etc y etc. A veces es difícil para el entorno entender que por encima de discapacitados o no todos somos personas, seres humanos.

Este obvio comentario debería servir para que se tuviese claro que cuando hemos tomado este tipo de decisiones ya se tienen las cosas pensadas, ya nos lo hemos planteado y, si hemos decidido seguir adelante, pueda parecer una locura o no, se ha hemos hecho como adultos. Usar muletas, silla de ruedas o tener cualquier problema físico similar no nos vuelve niños, se siguen teniendo 30, 40, 50, 60, 70 años o más y la cabeza perfectamente amueblada en la mayoría de los casos.

¿Que deberíamos hacer lo que ahora estamos en el entorno? No crear problemas, no poner más dificultades de las ya existentes y ayudar, apoyar, proponer, solucionar, colaborar y dejarnos de tonterías. Es muy fácil “pontificar” cuando es una vida ajena, por mucho que la queramos, en la que estamos interviniendo y que pueda existir cierta dependencia no nos otorga ningún poder ni ser más listos, sólo nos da otra perspectiva que tiene que ser útil,, sincera, sí, pero no obstaculizadora sino constructiva.

La otra opción, también “terrible” para algunos entornos, es cuando tu pareja no tiene ninguna discapacidad. Entonces lo primero es dudar de la estabilidad emocional de tu pareja y lo segundo, de sus intenciones. “¿Que buscará? ¿Pero no se da cuenta de como estás? ¿Será por vicio o por una promesa”. Seguro que conocen todas estas cosas y más. Aunque parezca mentira no siempre es el físico lo que valora a la hora de acercarte a una persona y todavía queda gente que valora una conversación amena, el sentido del humor, la inteligencia, la personalidad, el cariño... Si eres una persona millonaria pues igual debes desconfiar un poquito, pero eso te pasa con discapacidad o sin ella pero, como lo habitual no es ligar ni estar rodeados de personas adineradas pues son preocupaciones de las que podemos prescindir.

Es normal que el entorno se preocupe y está claro que muchas de estas “prevenciones” son fruto del amor pero los que, de momento (nunca se puede asegurar del todo), sólo somos entorno debemos confiar en los adultos (si, adultos) que tenemos delante y creer que saben lo que hacen, aunque no lo parezca. Y estar ahí si las cosas no salen bien y estar ahí si las cosas salen bien. Como siempre, como hasta ahora. Debemos tender una mano de apoyo pero no para caminar, si no para vivir. No trataremos de imponer criterios, morales o prevenciones exageradas. Molestémonos en conocer, convivir, aprender, profundizar en todos los aspectos de esa persona a la que queremos o cuidamos (o todo a la vez), con la que trabajamos, salimos, crecimos. Solo se quiere ser feliz y que eso no dependa de como está de bien o mal organizada tu estructura ósea o tu médula o lo que sea. Que puedas aceptar lo que la vida te ofrece y disfrutarlo, como todos, como todas y sin tener que renunciar a nada, cuando nos lo merecemos, seguro que nos lo merecemos.

1 comentario:

maeglin dijo...

Sencillamente me he quedado impresionado por el rigor y la cantidad de trabajo que tiene este blog. Uno de los mejores que he visto relacionados con la sexualidad y en el que espero poder aprender muchas cosas. Os he añadido como enlace al mío, es algo que no puede faltar en la formación de cualquier persona interesada en el tema de la sexología a nivel académico.

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