28 enero 2011

"Sobre sensibilidad (es) y etiquetas".

Testimonio enviado por Ramón Ferrer Mari.


Hace unos días hablaba con una amiga que tiene una niña de seis añitos, que padece mielomeningocele. Le habían hecho la prueba de la "sensibilidad" en area genital en el hospital; que consiste en recorrer con una aguja la zona genital para averiguar la sensibilidad que tiene la afectada.No voy a perderme en vericuetos sobre la conveniencia o no de que dicha prueba se haga así o de otra manera. Entiendo las limitaciones morales y legales que padece un médico al hacer esta prueba. Lo que me rebela de este hecho es que se cree una especie de "etiqueta" con la que se marca a la mujer para el resto de su vida. 



Como esposo de una mujer afectada de mielomeningocele, a la que en su día le dijeron, tras la prueba; que "carecía de sensibilidad", doy fe de que ello no es cierto. 
Debe ser la propia mujer, autoexplorándose, o explorada por su pareja, la que descubra el territorio virgen de su sensibilidad, sin permitir que un diagnóstico médico, cuya realización es, cuando menos discutible; la etiquete para el resto de su vida como "insensible".


Como masajista y marido, recuerdo a toda mujer afectada de discapacidad, que del mismo modo que una persona que pierde la vista se le potencian el resto de sentidos, el mapa erógeno de la mujer se "reconfigura" con la discapacidad. Ello significa que se debe explorar el cuerpo y la sexualidad plenamente, antes de autocensurarse con un diagnóstico de "insensibilidad". 

Quiero hacer incapié en que la estimulación erógena por succión digital de las manos (chuparle los dedos de las manos a la mujer) es, en los casos en que la discapacidad lo permita, una herramienta de descubrimiento y placer, tan sencilla como potente.


Besos y a "desetiquetarse", chicas!

Un abrazo; Ramón y Yolanda.

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