03 marzo 2011

"El cuerpo de la construcción de la identidad de los sordos".

María Inés Rey.
Universidad Nacional de La Plata. Argentina.

           Resumen
Desde las instituciones normatizadoras (medicina, educación, familia), los sordos son pensados como enfermos a rehabilitar mediante la enseñanza del habla. Se intervienen cuerpos, se transforman las vivencias de la sordera y del ser sordo. Los sordos se definen como comunidad lingüística con características

culturales propias. La Lengua  de Señas Argentina encarna fenómenos históricos, político - culturales y la ruptura con la biologización de la identidad sorda.



"Entender el cuerpo como material biológico sobre el cual opera la cultura, excluye al cuerpo de la original participación en el dominio de la cultura, haciendo del cuerpo un sustrato precultural. 
Reconociendo la constitución material-simbólica del cuerpo, partimos de la observación y descripción de la experiencia práctica del cuerpo. Aquí nos apartamos de autores que sostienen la capacidad pre-reflexiva del cuerpo de vincularse con el mundo a través de percepciones, sensaciones, gestos y movimientos. 
Pensamos que, el cuerpo como experiencia sensible, es uno de los modos de conocimiento del mundo que, sólo durante los primeros años de vida del individuo es pre-reflexiva. La sensorialidad también es consciencia de las vivencias internas y externas; el sujeto elabora la reflexión de la experiencia generando una valoración de la realidad. Se trata de asumir el cuerpo subjetivado y socializado como lugar de una identidad individual y social. La negación de un cuerpo o de una lengua remite al proceso traumatizante del sufrimiento en su negación de identidad. .Posturas corporales, emociones, gestos, percepciones, sentimientos sociohistóricamente constituidos y constituyentes que generan formas de sociabilidad y de afectividad, valorizaciones, interpretaciones, usos de espacios, usos de tiempo, son un modo de conocimiento de los cuales podemos dar cuenta. 
Para acercarnos a la identidad a través del cuerpo, hacemos hincapié en la noción de proceso y no en la configuración supuestamente natural y fundante de las identidades. Es decir, la identidad considerada no como un conjunto de cualidades predeterminadas y fijas, sino una construcción abierta a la temporalidad, inacabada, una posición relacional en el juego de las diferencias. Un proceso de articulación, aunque no necesariamente de ajuste. La dimensión política,  indisociable de la noción de identidad, remite a la relación sujeto-prácticas sociales".





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