26 marzo 2011

"El hijo adolescente con discapacidad en el seno de la familia"

Por: Blanca Nuñez
Este trabajo fue  publicado en el periódico  "EL Cisne", marzo 2010. Argentina.


"La etapa de la adolescencia tiene vicisitudes particulares para la familia Los conflictos  propios de esta  etapa evolutiva habitualmente están intensificados. 
Suele aparecer una respuesta ambivalente aumentada en el adolescente ante el crecimiento. También los padres  y la sociedad muestran resistencias y actitudes ambivalentes incrementadas ante su crecimiento". 

En la familia se abren  viejas heridas
 en torno a la discapacidad. 
  
"En esta etapa se reactualiza  aquella crisis que se produjo ante la confirmación del diagnóstico. Vuelve a la escena la temática de la discapacidad movida por las inquietudes del mismo adolescente que comienza a cuestionarse su condición de discapacitado.  Un abanico de nuevos  planteos parten de él e impactan en el seno de la familia. Muchos de los mismos  pudieron haber sido encarados anteriormente, pero se reavivan nuevamente. 
El joven atraviesa un momento de nueva toma de conciencia de la realidad de su discapacidad.   Debe afrontar un cuarto duelo, que  se suma a los tres duelos señalados por A. Aberastury que debe elaborar todo adolescente: duelo  por el cuerpo de niño, por la identidad infantil y por la relación con los padres de la infancia. Al adolescente con déficit se le suma el cuarto: el duelo por la capacidad de la que carece. 
Este duelo ya lo iniciaron los padres tiempo atrás con el diagnóstico. 
También el niño en años de la infancia  enfrentó una toma de conciencia de su limitación que se debió acompañar de cierta elaboración. Con la adolescencia nuevamente se abre esa vieja herida  que implica iniciar un proceso de  elaboración y aceptación de  su condición de discapacitado, de persona diferente 
a consecuencia de la falta. 
Deberá hacer una lenta discriminación entre lo que “no puede” y “lo que puede”. Deberá ir descubriendo todas sus potencialidades y  posibilidades en espera de ser desarrolladas. Este proceso suele ir  acompañado de acusaciones y reproches a los padres y la solicitud de la reparación mágica  del daño por medio de operaciones, medicaciones o cualquier avance técnico. 
Habrá momentos de dolor, de enojo, de depresión, de descalificación, de gran preocupación ante la mirada de los otros,  de vergüenza, de temor al rechazo, de dudas e inseguridades.  Los padres ante estas inquietudes de su hijo revivirán  la etapa del diagnóstico con los consiguientes sentimientos ambivalentes movilizados entonces.  
Más allá del dolor que produce la herida que se vuelve abrir, este es un período que  ofrece  una nueva oportunidad a padres e hijos para hablar sobre: la discapacidad y las causas de la misma; su pronóstico; la diferencia, que no debe ser negada, etc.
Es un momento oportuno para aclarar ideas erróneas y falsas expectativas de curación y para elaborar proyectos.  Se abre la oportunidad para compartir  entre todos la amplia gama de respuestas emocionales ante las limitaciones.  Es bueno para la salud mental de todos los miembros de la familia no caer en la negación del dolor, el sufrimiento, las angustias, temores  y otra gama de sentimientos presentes. 
Este es un período que ofrece una gran posibilidad y oportunidad a padres e hijos para enfrentarse nuevamente con esa vieja herida  y resignificar la misma". 

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