El curso inició con un sondeo sobre los conocimientos acerca de la sexualidad con que cuenta la población con discapacidad visual. Para ello utilizaron modelos anatómicos de vulvas y penes de plástico para que los asistentes, a través del tacto, identificaran estas partes del cuerpo. Nueve personas con una edad promedio de 26 años participaron escuchando y tocando, y sin ver comprendieron de qué manera prevenir la transmisión de una infección. Conocieron cómo ingresa el VIH y de qué formas no se transmite, y también detectaron un condón en buen estado y cómo colocarlo correctamente.
La población con discapacidad visual es vulnerable a la transmisión del VIH debido a que no existen programas de prevención específica para este sector. Erika Cachola explica que este piloto lo diseñaron porque “es un derecho fundamental que toda persona tenga acceso a la información; es lamentable que una persona con discapacidad de por sí esté rezagada y nosotros no hagamos ninguna acción para compensar eso. Si no lo hacemos contribuimos a la discriminación y a la exclusión”.
Esta población suele no recibir información sobre sexualidad debido a que se los asocia con una comunidad “asexuada” e incluso son considerados como “eternos niños”, lo que podría favorecer que asuman prácticas de riesgo.
Este encuentro de personas con discapacidad visual es el resultado de actividades previas tales como un taller de prevención dirigido a personas con sordera. A largo plazo, el Subconsejo de Derechos Humanos proyecta hacer un disco de audio y video con un curso de prevención de VIH en lenguaje de señas mexicanas.
Las personas con discapacidad visual, auditiva o motora en México deben dejar de ser segregadas e ignoradas sistemáticamente. Según la Convención Internacional de las Personas con Discapacidad, ellas, como el resto de las personas, tienen derecho al acceso a la salud, y por lo tanto es necesario hacerles llegar mensajes sobre prevención del VIH/sida.



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