10 julio 2011

"El espejo social de la mujer con gran discapacidad"

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AutoresJuan José García de la Cruz y Juan Zarco. 
Universidad Autónoma de Madrid.
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IMÁGENES PROYECTADAS / PERCIBIDAS

"El título de esta investigación, que incorpora fielmente los objetivos de la misma, reza "El espejo social de la mujer con gran discapacidad". La metáfora del espejo, que por supuesto no nos atribuimos como original, (Metáfora de Cooley, Ch. H. (1902), Human Nature and the Social Order, Schocken, Nueva York, 1964.), tiene un gran poder heurístico en las ciencias sociales, y en concreto en la sociología. Por lo que aquí se refiere su utilización, precisamente en este capítulo, tendrá dos sentidos claramente analíticos. De una parte es en un espejo donde nos miramos, queriendo por tanto vernos, hacernos una idea de nosotros mismos. Pero en un espejo también nos vemos en un sentido menos intencional, menos de búsqueda de nosotros mismos y más, precisamente, de encuentro con un nosotros mismos que no siempre nos gustaría averiguar que existe, que no siempre nos gustaría mirar. Si esos dos «usos» del espejo, la búsqueda y el encuentro, los trasladamos a un espejo muy específico, la sociedad, las posibilidades de la metáfora se amplían muy significativamente. Y es que en una concepción amplia de lo social, la que venimos manejando en todo el trabajo, esa realidad peculiar es una realidad de tipo construido, en el sentido de una realidad producida en la interacción con otras personas.

Las numerosas imágenes que ese espejo social nos devuelve se generan por tanto, o de manera especialmente significativa, en nuestras interacciones personales. Interacciones que pueden ser públicas o privadas, entre multitudes o cara a cara, superficiales o intensas, largas o cortas... Todas ellas, sin excepción, construyen —con sus reflejos de espejo— las imágenes del «sí mismo» que cada uno de nosotros incorporamos.

La complejidad de la personalidad humana interioriza esas imágenes y, de manera inconsciente, guía muchas de sus conductas apoyándose en ellas. En este sentido, las personas construimos nuestra propia personalidad en esas interacciones. Por ello las dos caras del espejo nos deben ser igualmente interesantes. Para saber quiénes somos nos miramos en la sociedad, nos relacionamos con la gente, los amigos, familia, pareja... Basándonos sus respuestas elaboramos nuestra «autoimagen», que por personal que parezca ya está indefectiblemente marcada por lo social. Pero igual que cuando uno se ve sorprendido por la imagen de un espejo impertinente o imprevisto, que nos recuerda nuestra edad o nuestro aspecto, exactamente igual en nuestras interacciones cotidianas el espejo implacable de lo social puede devolvernos una imagen decepcionante, dolorosa o no esperada ni querida. Por desgracia, también ésa la interiorizamos y viajamos con ella. 
Las busquemos o las encontremos, las imágenes del espejo social siempre nos afectan y, en algunos casos, literalmente nos determinan".






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