28 agosto 2011

Madres

Fuente: El universal
Nota original



México, D.F.- Diego tiene cinco años, mira hacia ambos lados de la calle y la atraviesa mientras empuja la silla de ruedas de Verónica, su mamá. Van hacia un parque. Después, al llegar, la toma de la mano y la hace girar a toda velocidad una y otra vez alrededor del quiosco hasta marearla. Le gusta jugar con su madre y Verónica se deja llevar.

Cuando se sube a algún juego, no la pierde de vista. La cuida. Se vigilan y, a su corta edad, Diego parece querer protegerla. ¡Ten cuidado con las pelotas que avientan, mamá!, grita el único hijo de Verónica mientras esquiva los balones que pudieran lastimarla. Sin embargo, no hace falta, pues ella es una mujer completamente autónoma que ya le explicó a su pequeño que no volverá a caminar.

Cuando era niña cayó al brincar de su cama, y con el impulso que llevaba se golpeó en la columna y en la cabeza. Debido a una negligencia médica comenzó a utilizar silla de ruedas a los 7 años de edad. A los 28 se embarazó.

¡Cómo se atreve a embarazarse estando discapacitada!, fue lo que Verónica Mondragón Campos escuchó en palabras de un médico general del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) el día en que fue a consultarlo. Para entonces había transcurrido un mes y medio de su embarazo.

Verónica argumentó, molesta, que no había ninguna diferencia entre ella y cualquier otra mujer. El médico le exigió que saliera del consultorio y así lo hizo. Dejó esa institución, pero al tiempo decidió seguir atendiéndose en ella, pues no contaba con recursos para cubrir lo que ya le habían dicho sería una cesárea, por tratarse de un embarazo de alto riesgo (es frecuente que las mujeres que tienen lesiones medulares no sientan contracciones).

Al término de los nueve meses nació su hijo, Diego Mondragón Campos, bautizado con los mismos apellidos de su madre, porque quien fuera la pareja de Verónica ya le había pedido que abortara, por eso decidió terminar la relación, comenta en entrevista.

Después de este hecho, su padre dejó de hablarle y le retiró su apoyo moral. Verónica abandonó la casa paterna. Tuvo varias amenazas de aborto y se mudó a un departamento que pagaba con su sueldo. Verónica comenzó a trabajar desde los 16 años; hoy tiene 34 y labora en el Estado de México como auxiliar administrativo.



UN APRENDIZAJE CONSTANTE
Verónica despierta diariamente a las seis de la mañana, lleva a su hijo a la escuela. Maneja su propio auto para ir al trabajo. 

Utiliza su silla de ruedas sin ayuda; se capacitó para poder hacerlo en la organización “Vida Independiente México”, donde ha sido instructora y coordinadora desde 2000. Por sus manos han pasado cientos de niños, jóvenes y adultos a quienes les ha enseñado el uso de la silla, para adquirir herramientas hacia una vida independiente. Ahí aprendió a manejar auto.

Fue en esta institución donde tomó su primer curso sobre sexualidad. Ahí, esta mujer reafirmó su convicción de que la sexualidad no es pecado; aprendió a erradicar los miedos y supo cómo tener relaciones sexuales con un hombre que no tiene una discapacidad aparente o visible.

“El padre de mi hijo es un hombre sin discapacidad física o aparente, pero con una enorme discapacidad emocional y en su corazón”. Verónica no supo más nada de él, y hoy por hoy Diego llama papá a su abuelo. En cuanto el niño crezca un poco más, Verónica le explicará el por qué de la ausencia del papá. No piensa mentirle. Le dirá la verdad sobre lo ocurrido.

Al nacer, Diego pesó tres kilos con 300 gramos. Aunque sigue soltera, Verónica no descarta la posibilidad de volverse a enamorar. Para ella, su cuerpo es un templo que respeta y no permite que nadie lastime. “Mis brazos son valiosos porque hacen una doble función: de piernas y de brazos”.

“Me considero una mujer que siente con toda su piel, que tiene deseos sexuales como cualquier otra, que se erotiza sobre todo cuando su pareja la hace sentir una mujer a la que quiere, respeta, admira, que la apoya, y que a la hora de hacer el amor la bese de la cabeza a los pies para culminar con el acto sexual”. Finalmente la piel es un órgano sexual en su totalidad.

Para Verónica, una relación íntima va más allá de una penetración. Sin embargo, cuando esto último ocurre, se siente en todo su cuerpo y puede llegar a un orgasmo, porque su lesión a nivel torácico fue incompleta.



RUTA DE GOCE
Cristina Sandoval, madre de Ian —de 4 años—, y de Azul —de un año—, asegura que ha ido construyendo a lo largo de su aprendizaje sexual y corporal un mapa sensitivo particular e irrepetible a través de un trabajo de exploración y descubrimiento mutuo con su pareja.

Cristina se casó; ella y su compañero han logrado desgenitalizar la sexualidad y trascender las dimensiones exclusivamente genitales (pene, vagina, clítoris). Inclusive han logrado “erotizar la silla de ruedas” cuando la utilizan para hacer el amor. Ella tuvo un accidente de joven, pues el conductor con el que viajaba ingirió demasiado alcohol y perdió el control del auto.

Tener una vida sexual activa y satisfactoria es la habilidad que más les interesa recuperar a aquellas personas que tienen más de un año paralizadas de la cintura para abajo debido a una fractura traumática de la columna vertebral", comenta Irene Torices, del Grupo Educativo Interdisciplinario en Sexualidad Humana, Geishad, único en su tipo en México.

Dice que “ante casos de adolescentes con lesiones medulares, muchas veces son los padres quienes no permiten que sus hijos vuelvan a enamorarse y con ello ejercer su sexualidad. Suelen estar mal informados e incómodos con la sexualidad de sus hijos”. 

Para la especialista, la ignorancia sobre las implicaciones sexuales de la discapacidad puede conducir a una disfunción sexual y a un conflicto de pareja. De ahí la importancia de tomar acciones positivas y una orientación adecuada a través de profesionales de la salud especializados en discapacidad. “México, en general, y el Instituto Nacional de Rehabilitación no cuenta con ningún módulo que capacite a las personas con discapacidad motriz para recuperar su vida sexual”.

Para Torices, se debe ayudar a la persona a identificar su grado de “discapacidad sexual”, a reconocer y a reforzar su potencial, al tiempo que se involucra a la pareja en la práctica de alternativas, reconociendo la sexualidad como aspecto fundamental del ser.



CONSECUENCIAS DE UNA LESIÓN
Desde el punto de vista médico, el problema de la disfunción sexual relacionado con las lesiones en la médula es mucho más crítico en los hombres. “En las mujeres no es tan grave, porque en general la disfunción sexual femenina es pasiva, es decir, puede perfectamente ser penetrada, puede engendrar un hijo e incluso tener embarazos y partos casi normales, independientemente de qué grado sea la lesión".

“La falta de la sensibilidad en la mujer no influye en su vida sexual, aunque probablemente lo que va a disminuir son los orgasmos, pero como relación puede tener un coito pasivo”, explica la fisiatra María Antonieta Blanco.

Comenta que hay un método, llamado electroestimulación, para hombres que no pueden eyacular como consecuencia de un accidente que les seccionó la médula espinal y que tienen una paraplejia o cuadriplejia que les impide caminar.

Con este sistema se pasa una cierta, pequeña y controlada energía eléctrica en la zona prostática, a través de un electrodo rectal, y se consigue en muy pocos minutos, y en prácticamente todos los casos, que la eyaculación se produzca.

“Las personas que tendrán problemas con su genitalidad son aquellas que por alguna condición tienen lesionado su sistema nervioso y especialmente el sistema nervioso central, porque al estar seccionada la médula, total o parcialmente, se interrumpen vías que van a los órganos que determinan nuestro sexo, y habrán alteraciones de las respuestas con relación
a la genitalidad”.

Para María Antonieta Blanco, hay dos posibilidades que dependen de dónde está la lesión. Cuando es alta y se ubica sobre la región sacra, en general el hombre va a tener erección, pero difícilmente una eyaculación que le permita ser padre (esto dependerá del grado de afectación medular y de si es completa o incompleta).

“Con ciertas maniobras, puede impulsarse al hombre hacia la eyaculación y fertilización in vitro. En el fondo, son masturbaciones/estimulaciones que se hacen por medio de elementos como la electricidad o aparatos especialmente diseñados”.
Cuando la lesión es sacra, es decir, esta más abajo, no hay erección, lo que impide una penetración o eyaculación. Ante esto, el médico deberá orientar a los pacientes para que desarrollen otras áreas de su sexualidad y aprendan cómo explotar otras zonas erógenas que puedan estimularlos”, afirma Blanco.

“No hay sexualidad de discapacitados, lo que hay es sexualidad humana con todo su abanico de posibilidades”, dice Irene Torices, quien ofrece consejería y terapia especializada en materia de sexualidad, facilitando el acceso a la información y a los servicios que permitan un desarrollo integral del ser humano con discapacidad.




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