16 marzo 2012

"Encuentro a gusto este encuentro"

De:Óscar Lázaro Cabezón.(Confederación ASPACE.La Rioja- España)
Fuente: "LA ERÓTICA DEL ENCUENTRO" 
COCEMFE-ASTURIAS. España. 2003


Bienvenida al Encuentro
Antes de nada, resaltar el acierto con que se ha diseñado esta campaña corporativa, y también por resumirla con la palabra "encuentro". Posiblemente pocas palabras definen por sí mismas la sexualidad, pues, ¿qué otra cosa es, sino un encuentro con tu propio cuerpo sexuado… o/y un encuentro con el otro? Y hablar de encuentros es invitar a la diversidad, y su respeto invita también a entenderlo desde el marco de las posibilidades… y no de las ausencias.
Recuerdo un seminario celebrado hace 14 años sobre "sexualidad" y "enfermos renales". Releyendo los recortes de prensa, descubrí que el acto abrió con un auténtico bombardeo de "negativismos" para abordar la "problemática concreta de la sexualidad de los enfermos renales" (desequilibrio hormonal y metabólico, debilidad física y cansancio, inseguridad, sentimiento de inutilidad,…).
Me sorprende, sobre todo, que según la crónica, en aquella intervención trataba de descontaminar de prejuicios sociales… y, al parecer, sólo lo supe hacer explicando las distintas disfunciones sexuales. Me sonroja haber caído tan ingenuamente en una trampa de la que tantas veces hemos sido advertidos irónicamente por Efigenio Amezúa. Pido perdón y haré valer en esta ocasión mi propósito de enmienda.  

Encuentro con sexualidades y discapacidades
La verdad que es difícil: discapacidad,  minusvalía,… Todos conocemos los dichosos certificados de minusvalía que sentencian los grados de deficiencia…
Sutilmente nos obliga a unos y otros a centrar la mirada en las limitaciones. Y esto es algo que condicionar…, condiciona. En quienes tienen discapacidad, mitigando la autoestima, y en los demás, recelando de sus iniciativas. Aun con todo: enormes esfuerzos por la integración escolar… y hasta laboral. ¡Pero de ahí a tratar de integrar la sexualidad…! ¿Para qué?
Situemos el tema. Si tradicionalmente la sexualidad sólo se entendía como genitalidad, como instinto reproductor… la cuota de audiencia era una muy selecta audiencia que gozaba del privilegio de la sexualidad: se trataba de parejas heterosexuales, en edad fértil, dentro del matrimonio, con claras intenciones de tener hijos... Si quitamos a niños y mayores, solteros, votos de castidad, viudos y viudas, mujeres con menopausia, …y discapacitados, ¿qué nos queda?
Bueno, afortunadamente, ahora son otros tiempos. Ya nadie está tan obsesionado con la genitalidad, y se entiende que hay una vertiente tremendamente enriquecedora de la sexualidad como es su faz comunicadora, afectiva, placentera…
¡Es evidente! ¿…O no? ¿Ha desaparecido esa insistencia en las relaciones genitales? Reconozcamos que, al menos, es difícil obviarla… Pues, ¿cuál es la figura de normalidad en sexualidad? Si, al paso que vamos, acabaremos sospechando de cualquier soltería como una desviación y de cualquier pareja sin hijos como un silenciado trauma sexual.


Anécdota del Encuentro con parejas de discapacitados
Lo diremos de otra manera. El pasado sábado 1en Salamanca se celebró la Asamblea General de Aspace. Entre los delegados, causaron cierta expectación (y benevolencia) dos parejas. Una de ellas estaba compuesta por un informático con parálisis cerebral y su novia, con la que se va a casar este verano. En algún momento se llega a pensar: ¿se darán pena mutuamente? Si lo ves andar, y lo hace tan lento…, que crees que está a punto de desplomarse en tus propias narices; y, sin embargo, había conducido durante cuatrocientos kilómetros en su propio coche. ¡Qué valor! Ahora, de ahí a… la boda, ¡qué ganas!
La otra pareja estaba protagonizada por una joven con parálisis cerebral, con una deambulación extremadamente rápida y muy imprecisa… ¡Bueno, pues estaba casada con un joven! ¿Extraño, no? ¿No disimularía él alguna discapacidad psíquica o… no sé? Y además tenían una preciosa hija de cuatro años o así.
Durante la cena uno no dejaba de intuir cómo fue posible ese "encuentro".
¿Prejuicios yo? ¡Por favor! Que se me entienda… Bueno, quizá algunas reservas, las normales… La verdad es que al tratar a estas parejas, uno descubre gente muy normal: con nuestras bondades y nuestras miserias…

Es curioso, ahora se me ocurre preguntarme: ¿habrémos sido yo y mi pareja también objeto de análisis? ¿Habrá pensado alguien ¡qué pareja tan rara!? Quizá notaron que no bailé en toda la noche y que no estuve especialmente romántico,… y ¡no sé, no sé…!


Anécdota del Encuentro de monitores sin discapacidad 
A media noche, salí a la terraza a tomar un refresco. Tomé asiento junto a dos monitores de residencia de personas con parálisis cerebral. Se me ocurrió comentar que hoy estaría en Avilés, participando en estas interesantes jornadas. Y me hicieron partícipe de sus desazones. Por ejemplo, consideraban que los residentes tenían perfecto derecho a expresar su sexualidad.
"Otra cuestión es cómo -comentaban-. Por ejemplo, si un residente ronda en amores a otro, ¿qué hacer? Porque claro, ¿qué pasa con los demás residentes…?”
Eso mismo les pregunté yo: “¿qué pasa?”
"Pues eso", me contestaron…
"Claro, claro…", asentía yo.
"¿Y si se enteran sus padres? Porque ellos pueden ser todo lo adultos que quieras, pero…"
A lo que yo les repuse: "ya, están incapacitados y sus padres tienen la custodia…” ”No. No hace falta. Pero son los padres.”
"Entiendo -contesté, entonces- que vosotros a vuestros padres les confiáis vuestras…
"¡Hombre! No empieces con ironías y teorías… que hay que estar ahí todos los días."
"¿Estar ahí? ¿Dices en sus cuerpos…?"
"¡Hala…! tengamos la fiesta en paz." (Y me dejaron plantado con el refresco…).

Anécdota del Encuentro con la decoradora
Como   al   parecer  ya  era  presa  fácil  de la fiesta,  tomó asiento de okupa una decoradora   que me  empezó  a  hablar  de  lo que  quiso… Tenía  en proyecto:  un  centro  residencial  con   todas  las  innovaciones as posibles.

“Van a estar… de lujo”. Ésas fueron sus últimas palabras. Como era tal mi desánimo, traté de agarrarme a aquel soplo de optimismo, y le insté a que se explayara. Con el dedo índice fue simulando en la mesa el plano de la residencia: habitaciones, salones,…
“¿Las habitaciones con baño individual?"
“No, hombre… ! Te he dicho que cada dos habitaciones hay un baño en medio, al que se accede desde cualquier habitación e incluso ¡más cómodo! desde el pasillo… Accesible, accesible, accesible…”
Yo debí de poner unos ojos tremebundos, a juzgar por el gesto de rareza que me brindó. Me sentí obligado a explicarme un poco más, y lo hice: 
“¿Y cada vez que vayan al baño, tienen que cerrar tres puertas?”
“¿Qué falta tienen…?”, concluyó ella.
Yo, la verdad, pensé en mí. ¿Qué sería de mi pudor… y del de los demás? Y ¿dónde quedaba la intimidad? ¿Acaso las personas con discapacidad no valoran la intimidad? Será eso… Al menos así debió pensar esta profesional de la estética, mientras levantaba vuelo y me volvía a dejar en el desencuentro.

Anécdota del Encuentro con la administración
La directora de un Centro de Ocupacional también tuvo la gentileza de compartir conmigo sus preocupaciones.
“Aprovecho que te veo muy tranquilo, para hacerte una pregunta muy concreta, tú que sabes…" Y lo soltó, ya lo creo que lo soltó: “Un usuario del centro le ha pedido a un monitor que le lleve a… a eso, a una prostituta, porque…, pues eso. ¿Qué?” Yo la verdad, que había salido a refrescarme…,  pero cada vez estaba menos fresco y no sabía qué me preguntaba: si estaba de acuerdo en que fueran de prostitutas, si acaso tenía que habérselo pedido a la Dirección,… ¿o qué?
Ella sin darme tiempo a seguir pensando, insiste: “¿Qué? ¿Va a no va?.
Y más todavía, de ir, ¿van en horario laboral o qué… ¿Y con qué coche?
Porque ésa es otra, que si pasa luego algo, la responsabilidad… ¡eh!
Yo seguía en silencio, así que ella concluyó como tenía previsto hacerlo: “Ya veo que aún menos idea que yo. No, si la teoría es muy bonita…, pero hay que estar ahí todos los días… ¡todos, todos los días!”

Anécdota del Encuentro con la madre del adolescente
Se me ocurrió que era buena idea volver al salón del baile, que tanto “refresco” no debía ser bueno. Pero en el camino fui interceptado por una madre. Su hijo está en plena adolescencia:
“Se excita con gran facilidad, me pide que le ponga películas… ya sabes. Hasta a las monitoras del centro de Día, les da apuro, porque cuando le cambian de chándal…, pues le notan, vamos le notan todo…" Yo preferí no darme por aludido y le hice ademanes de absoluta  normalidad. Ante lo cual ella asintió que coincidía conmigo, pero añadió:
“No, si el problema es que él no se puede masturbar y lo intenta frotando su cuerpo contra la silla de ruedas y las correas… Y claro: se daña con frecuencia. Además de que alguna monitora le tiene un poco de recelo… Normal”.
Acordamos que sería bueno educarlo para masturbarse en su cama, con unas almohadas a sus lados, incluso visionando una película…
Pero una pregunta de la madre me hizo temblar, en tanto recordaba la célebre película “Johnny cogió su fusil”:“¿Y masturbarle yo…?”
Sólo fui capaz de contestarle: “Si no te apura… Igual que eres su mano para darle de comer, ¿quién sabe?”

Anécdota del Encuentro con la pareja del baile
Cuando me incorporaba al salón, mi pareja salía con otros conocidos y hablaban de la influencia de la infancia en la vida sexual. Desconozco qué canción, de no ser algún bolero de Antonio Machín, les pudo inspirar tan profunda conversación. Pero me ayudó a ordenar un poco mis ideas.
Todos coincidían en la importancia que había tenido la masturbación para conocerse, y para propiciarse placer y soportar un poco más la frustración de no tener un cuerpo de glamour.
Recordaban las malévolas estrategias para amurallar su intimidad en el cuarto de baño o en su propio dormitorio para el disfrute sexual.
El morbo de fantasear con otros encuentros  políticamente menos correctos: con la chica o el chico facilón, sin conversación…, pero con buen tiro.
De cómo los padres apenas comentaban de estos temas. Y, aún más, que nunca les consideraron sexualmente maduros del todo…, ni todavía hoy.
Incluso cómo los padres y amigos les han confiado en muchas ocasiones que… “esa pareja… no te creas que te va mucho. Sois tan distintos”.

Anécdota del Encuentro con el sabor de la despedida
Es por todo ello que me parece muy interesante este Encuentro como una romería a la ermita de la diversidad: ¡no hay sexualidad… sino sexualidades! Tantas, como personas nos encontremos… Tampoco hay discapacidad…, sino discapacidades, y tantas como personalidades y cuerpos mostremos. En definitiva: que las sexualidades más válidas son las nuestras…
Las sexualidades más válidas son todas las que uno vivencia favoreciendo su placer, reconfortando su autoestima y estrechando sentimientos con los demás. 
Como los buenos vinos, llevan su propio sello de denominación. Y si te hacen apetecer  sucedáneos, refrescos de moda, marcas publicitadas: ¡es tu problema!

Nuestro problema.
Con la sexualidad ocurre como con el buen vino, si se me permite (en mi caso) el vino de Rioja, que es un ser vivo. Con su Origen de denominación: para cada uno el suyo es el mejor. Te lo puedes beber o guardar para colección. Lo puedes compartir o deleitar a solas. Beber a morro o en finas copas. A trago largo o a sorbos…

Pero atentos, no nos despistemos: lo importante no es el vino. Sino nuestra degustación. El sabor que sacamos a cada encuentro. Y eso nadie lo duda...¡depende de nosotros, y sólo de cada uno de nosotros!
Yo, por mi parte, de este encuentro… me voy con el sabor de haber disfrutado, repasando con todos mis desazones. Y, como decimos en La Rioja, recordando a Gonzalo de Berceo: “Quiero fer una prosa, en román paladino, que bien valdrá, como creo… un vaso de bon vino”



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