30 marzo 2012

Ensayo: "Devotte, Discapacidad y Sexualidad".

Autora: Silvia Mirta Valori

Ver artículo original (Blog de la autora)



El derecho al placer y al reconocimiento de una sexualidad plena Tratar de desentrañar el significado de la palabra Devotte, sus consecuencias para las personas que tienen discapacidad y el porqué de la falta de oportunidades sexuales para varias de ellas, me llevó a realizar una investigación en la que entrevisté a algunos hombres con y sin discapacidad, que habían tenido y/o tienen, y/o pensaban tener relaciones amorosas y sexuales con personas con discapacidad.
Trataré de esbozar un ensayo partiendo de lo que escuché y percibí de parte de los entrevistados con el objetivo de llegar al “porqué” del uso de este término y de la utilización de una categoría, que se otorga a quiénes tienen una preferencia sexual determinada, en este caso concreto, por personas con discapacidad.
Pero antes, deseo plantearles algunas reflexiones, que no pretenden ser nada más y nada menos que eso, reflexiones que nos permitan llegar a comprender cómo y por qué es que existen determinados cuerpos socialmente “aceptables”, buscados, deseados y apreciados, especialmente para tener relaciones sexuales y cómo hay otros que no lo son tanto.
El largo período en el que la sexualidad estuvo condicionada en términos de “normalidad”, donde lo socialmente “aceptable” y “respetable” era ser heterosexual, y con determinado cuerpo físico: delgado, alto y musculoso, para los varones y con medidas de 90-60-90, las mujeres, han dado como resultado estas arbitrariedades que hoy soportan quiénes tienen preferencias sexuales diferentes y quiénes (una mayoría abrumadora) no tienen estos cuerpos físicos.
En estos momentos, en nuestro país, y tal como lo ha referido una de las personas entrevistadas, hablar de “desviaciones” dentro de la sexualidad es bastante cuestionable, ya que no se puede pensar en término de “normalidad” y “anormalidad” cuando se ha legalizado el matrimonio homosexual (cuestionado desde hace siglos por los “normalizadores”) y se han sancionado leyes para educar a las nuevas generaciones dentro de un marco de respeto y aceptación de las personas sexualmente diversas.
Por lo tanto, creo que es necesario remitirnos a un pormenorizado análisis para determinar, o tratar de definir cómo nace la condición y, más adelante, la aceptación del término Devotte (Devoto/a en idioma español) como representativo de quiénes tienen una marcada preferencia sexual por personas con discapacidad.

Desde que somos pequeños/as estamos sometidos/as a procesos de socialización que nos indican qué deben y pueden hacer las personas, para ser consideradas y respetadas como personas; qué deben/pueden hacer los varones, para ser reconocidos como tales y qué deben/pueden hacer las mujeres, para ser consideradas “mujeres”. Estos modelos estereotipados, transmitidos de generación en generación, cooperan y conspiran, para que aún hoy, y a pesar de todas las Conferencias mundiales, Convenciones y Leyes sobre género, se eduque de manera diferente y, por ejemplo, las niñas juegan con una clase de juguetes, y los varones juegan con otra, las niñas usan ropa color rosa y los varones, color celeste, mientras que la televisión, el cine y las revistas difunden y promueven modelos de “normalidad”, en los cuáles se mantiene casi intacta la división sexual del trabajo, y las mujeres tienen que lavar y planchar y cuidar a los/as niños/as mientras los varones van a trabajar afuera (para proveer a la familia, que por supuesto, está formada por padre-madre-hijo-hija (sin discapacidades) invisibilizando, en la mayoría de los casos, el trabajo femenino, al no ser este remunerado) por lo que los estereotipos y paradigmas continúan operando en el imaginario colectivo, asentando un modelo que ha instalado y naturalizado las desigualdades.

Si analizamos cómo hemos sido educados/as en lo que se refiere a nuestros cuerpos físicos, y en “cómo debemos ser”, para tener una aceptable condición física y de esta manera, entrar y pertenecer a la categoría de “elegibles” para poder ser novios y novias, para tener sexo y para formar una familia, observaremos que nos inculcan un modelo de “normalidad”, en lo que “lo normal” es que seamos relativamente delgados/as, de mediana edad, rubios/as o de piel clara, “sanos/as” y he-te-ro-se-xua-les.

Reflexionando un poco más sobre todo esto, nos daremos cuenta que tales modelos de “normalidad” vienen inducidos, además, por un currículo oculto y de transferencia subliminal, por repetición de generación en generación, en el que las personas con discapacidad han sido ubicadas en el lugar de “enfermas”, “deformes” o “mal-formadas” en el que se promueve un claro concepto de “cómo deben ser” los cuerpos para ser considerados deseables y queribles. Un concepto de normalización de los cuerpos, una tendencia a la uniformidad en la que no se puede ubicar a casi ninguna persona, pero en el que se ha insistido y se sigue insistiendo de manera continua desde que las religiones y los medios de comunicación dominan la educación, y en consecuencia, el pensamiento y la vida de las personas.

Las diferencias sexuales son tantas y el objeto de erotismo y seducción puede ser tan heterogéneo que espero poder transmitir con precisión y lo más objetivamente posible la necesidad de un cambio de paradigma dentro de lo sexualmente aceptable y deseable. Las personas “devotte” –palabra con la cuál se denomina hoy a las personas que se sienten sexualmente atraídas por quiénes tienen determinadas características físicas y a las que consideramos (por que aún estamos dominados/as por el modelo médico rehabilitador) “personas con discapacidad”— requieren de este cambio para desmitificar su “anormalidad” o que padecen “una desviación” o, en el peor de los casos, una “parafilia” por que sus apetencias sexuales les indican que necesitan a personas que tienen discapacidad para tener relaciones amorosas y sexuales plenas y placenteras.

Por otra parte, las personas con discapacidad han visto así durante un largo, larguísimo tiempo acotadas y reducidas sus posibilidades de llegar a tener una vida normalizada no sólo en lo social, laboral, educativo y productivo, sino también en lo referente a lo amoroso y sexual debido, en gran medida, a la visión que la sociedad tiene del tema: una visión en la que se coloca a la persona que gusta de mantener relaciones sexuales con personas que tienen discapacidad (o diversidad funcional) dentro de la categoría de “anormal” y de “perversa”, estableciendo que este deseo puede constituir, además, una “parafilia”, lo que refuerza la idea de no acercarse siquiera, con intenciones amorosas y/ o sexuales, a personas que tienen discapacidad por que podrán ser estigmatizadas. Mientras que las personas con discapacidad son alertadas sobre el comportamiento “anormal” de estas personas sin discapacidad, “devotas”, procurando que ni unas ni otras se relacionen entre sí, para que no vayan a hacerle algún daño o lastimar a la persona que tiene discapacidad, ubicando así a la persona con discapacidad dentro de un modelo sobre protector, infantilista e ingenuo, como si fuera una niña o niño eterno o un/a tierno/a “angelito/a” toda su vida.

No es necesario decir o escribir mucho más para llegar a determinar que la mencionada es una visión estigmatizante, victimista y reduccionista de la que es preciso alejarse. Por que justamente ha sido esa visión la que ha convertido a la mayoría de las personas con discapacidad en lo que son hoy ante la mirada de otros/as y, en ocasiones, ante la propia mirada (los estereotipos están dentro de las mismas personas que tienen discapacidad, también, ya que ellas, personas como todos y todas, tampoco pueden “escapar” al modelo que impera en la sociedad) y es en gran medida, también, la que les ha impedido disfrutar de la vida, de las aventuras y de las cosas buenas que esta puede proporcionarles.
Reconsideremos lo antes mencionado y a qué estoy tratando de llegar a plantear que todo está dentro de la educación y socialización recibida: Pensemos que, si cuando somos pequeños/as, recibimos adiestramiento casi a diario sobre la característica o condición física más adecuada y necesaria para triunfar en la vida, y nos inculcan: que no podemos, que no debemos, que no tenemos, que no servimos, que no valemos y, cuando esta persona así educada, a veces también mediante un currículo oculto, y/o de transferencia subliminal se le reitera y graba consecutivamente, cómo deben ser las personas para ser “dignas de amor”, aquellas de las cuáles tenemos y podemos enamorarnos o también aquellas que son “aceptables” físicamente para tener relaciones sexuales, y se nos repite mediante la publicidad, las imágenes en diarios, libros, revistas y cine: a las mujeres que los varones tienen que ser altos, bellos, musculosos, “sanos”, rubios o de piel clara, apuestos, “varoniles” y sin discapacidades; y a los varones que las mujeres de las cuáles hay que enamorarse y a las que hay que mirar deben ser delgadas, con pechos grandes, cintura pequeña, caderas redondeadas y piernas largas y se nos inculca la idea (a veces subliminalmente, a veces no) que aquellas personas que no son así, que no cumplen con estos requisitos son personas de las que tenemos que alejarnos o, al menos en las que no tenemos que pensar para formar pareja por que no son “aptas y/o sanas” y, por lo tanto no están en condiciones de procrear, podemos darnos cuenta por qué hay una cantidad de seres a los que las personas con discapacidad no les resultan atractivas ni piensan en ellas como sexualmente activas.
Y viceversa, si somos personas sin discapacidad y, no hemos sido educados/as desde niños/as y adolescentes bajo normas y paradigmas de elegancia y belleza y en cambio, nos inculcan, ya sea subliminalmente o no, que todas las personas son dignas de admiración y respeto y que podemos pensar en ellas como posibles parejas, tengan el cuerpo, la cara, las formas, el color y la discapacidad que tengan, resulta bastante claro que también deseemos tener relaciones sexuales con personas con discapacidad, debido tal vez, en gran medida a que éstas personas son consideradas por nuestro inconsciente como “lo novedoso”, lo “admirable”, lo “fuera de lo común” y por eso se convierten en “lo deseado y querido” (pero no visto desde el punto de “objeto”, sino como sujeto/a, interesante, valiosa, buena persona, etc) La discapacidad o diversidad funcional les otorga, quizás, ese “halo de misterio y seducción”, que creemos nos hará sentir mejor y más dichosos/as en el plano amoroso y sexual.
Si tenemos discapacidad y hemos sido educadas dentro del paradigma de que no poseemos un cuerpo “lindo”, “torneado”, “musculoso”, sino que somos “deformes”, “anormales”, y/o “malformados/as”, y etc. varios es casi seguro que nos costará muchísimo llegar a tener una pareja sexualmente interesada por que la primera imagen que se grabará en la retina de la persona deseada es nuestra propia imagen interna, el cómo nos vemos y, en consecuencia, sentimos y manejamos en esta área específica de nuestra vida.

Si somos personas con discapacidad educadas dentro de un modelo de valía, en el cuál nos sentimos deseables, agradables, queribles, tenemos una autoestima saludable y bien consolidado el sentido de nuestro propio valor, es casi seguro que lograremos formar y/o mantener una pareja así como una buena sexualidad.
Que una persona sin discapacidad se sienta atraída poderosamente por otra que tiene discapacidad y que ese hecho –el que tenga la discapacidad o diversidad funcional – sea el “disparador” del deseo, y por este motivo se la tilde de pervertida (a la persona sin discapacidad), y se crea de ella que “padece una parafilia” considero que es una visión desalentadora y reduccionista que priva a tanta gente, hoy en día, con y sin discapacidad de disfrutar de relaciones amorosas y sexuales plenas y tan “normales” como si la atracción fuera hacia personas que tienen el cabello largo, y/o la piel morena, y/o las manos grandes y/o el busto prominente y/o el culo levantado y grande, y encasillar a quién prefiere estas características físicas de “perversa” o que algunas (o todas) estas preferencias configuren las características propias de “una desviación”
Se considera “una desviación” a un estado en el que se coloca o en el que se sitúa a alguien por el cuál no vive ni desarrolla sus actividades de acuerdo a las normas establecidas socialmente. Es preciso recordar que, quiénes inventaron las normas en el siglo XIX fueron hombres, varones, europeos, blancos, de mediana edad y sin discapacidades.
Se han inculcado estas reglas como parte de un adiestramiento y acomodamiento a una cultura a la cuál hemos sido sometidos/as todos y todas desde muy niños/as en las familias, escuelas, iglesias, medios de comunicación y en los espacios donde transcurre la vida social como los clubes y otros sitios similares.
Las “normas” no necesitan ser reglamentadas mediante leyes, sino que se transmiten de boca a boca y de generación en generación y también, y en varias ocasiones, mediante el currículo oculto.
“… El tema de este artículo es el "curriculum oculto de género", y queremos ubicarlo dentro de nuestra concepción de educación y su relación con la cultura.
Además de partir de nuestra experiencia dentro de la psicología humanista y en los estudios de género, también nos preocupa el hecho educativo, la capacidad de y para educar, así como "la educabilidad" de las personas.
En una concepción rígida y tradicional de la educación encontramos elementos que favorecen la adaptación acrítica de la persona a la cultura y a las instituciones sociales.
"Educar es un acto y un proceso, mediante el cual las generaciones adultas proporcionan a las generaciones de niños y niñas la oportunidad de conocer y apropiarse de los ideales, la identidad, los valores, las costumbres, los conocimientos y las creencias (toda la cultura) de la sociedad en que viven. Es un proceso interior de cada persona del cual sólo ella es responsable... mediante el cual construye el propio y personal sentido de la vida, del mundo y de sí misma ... y adquiere la capacidad de transformar (enriquecer y modificar) ese sentido por sí misma y junto con sus contemporáneos" (Bazdresch, 1998).
La educación formal es la institución de la escuela cuyo objetivo se puede entender como "el proceso de adquisición de conocimientos, habilidades y actitudes con un fin ético. Así la educación necesariamente nos convierte en mejores personas, a diferencia de la instrucción, la socialización, la masificación, el lavado de cerebro y otros procesos afines que no necesariamente tienen un fin ético" (Hierro, 1981).
La educación no-formal se comprende como la socialización y se define como "todas y cada una de las instancias a través de las cuales un sujeto humano integra e incorpora las consignas y determinaciones de la estructura social en la que interactúa. Dentro de estas instancias se encuentran la familia, la escuela, la religión, los medios masivos de comunicación, entre otras. Éstas tienen una importante contribución a la hora de conformar, trasmitir, mantener y perpetuar valores, creencias y actitudes que influyen en cierto modo determinan el modo de pensar y comportarse de la gente" (Bustos, 1994).

Los antropólogos hablan de la inculturación como la internalización de la manera de percibir y vivir una determinada sociedad. Eso quiere decir que la persona, como "nativa" de una sociedad, la vive como natural. Como Dorotea, en El mago de Oz, trae los lentes para ver a la sociedad de cierta manera.
Los maestros y las maestras, los padres y las madres, son nativos y nativas de una sociedad y traen puestos los lentes de género. En la familia se dan las primeras interacciones de lo que significa ser hombre y ser mujer desde el nacimiento y en las experiencias…” (disponible en: http://www.educandoenigualdad.com/spip.php?article237 )

Cómo conclusión estimo que es imprescindible considerar una de-construcción del devotismo, del devotte, del devoto y de la devota. Ya existe una buena cantidad de personas que han “trascendido” estas normativas sociales a las cuáles la opinión de las demás y el “qué dirán” las tiene en absoluto sin cuidado. Y a las que no les interesa vivir de acuerdo a una “normalización” establecida por otras personas en el siglo XIX.
Considero que no sólo es necesario, sino que es absolutamente imprescindible para que parte de la gran deuda social que hoy se tiene, en lo referente a las personas con discapacidad y su vida amorosa y sexual sea una realidad y no una utopía sean del sexo y género que sean, tengan el color de piel que tengan y pertenezcan a la raza o etnia que pertenezcan.

Un cambio de paradigmas y de visiones, necesario y posible que llevará a más personas a disfrutar del amor y del sexo, y considerar a éste tan natural, bello y placentero como lo son el dormir, el comer, el bañarse y tantas otras actividades interesantes y lindas.
Un cambio de paradigmas que nos llevará, además, a que ese cincuenta por ciento o más de personas con discapacidad que hoy no tienen pareja ni, en muchos casos, siquiera han tenido alguna vez relaciones amorosas y/o sexuales, puedan llegar a tenerlas y a experimentar nuevas sensaciones y afectos.

Testimonios de vida: quiero transmitirles algunas vivencias de personas con discapacidad, reales, conocidas, y que me han sido relatadas por ellas mismas, las que he tenido en cuenta, también, para escribir este ensayo.

La historia de Gladis C. (43 años) (persona con discapacidad con diagnóstico de paralísis cerebral).
Gladys era una joven mujer que nunca pudo aceptar por completo su discapacidad ni sus características físicas y si bien era exitosa en lo profesional y laboral, nunca llegó a tener novio ni pareja.
Ella se “sentía” fea, con “deformidades”. Y así vivió durante largo tiempo, nunca conoció un hombre que la invitara a salir siquiera a tomar algo; sólo tenía amigos y amigas con quiénes mantenía largas conversaciones telefónicas pero en lo afectivo, nada más.
Un día me confió que ella deseaba tener un novio, alguien con quién tener relaciones sexuales, pero nadie le daba importancia ni la miraba con intenciones de proponerle tal cosa. Ella creía, íntimamente, que esto se debía a su supuesta “fealdad”.
Le dije que todo estaba en su mente, que ella se sentía fea y “anormal” por que había sido educada así por su padre/ madre/ hermanos/ escuelas/ iglesias/ (no a propósito, sino que sin proponérselo habían gravado estos modelos en su mente) y que eso había sucedido mientras ella estaba formando su imagen personal, durante su niñez y adolescencia, y que si ella misma no cambiaba su forma de pensar, y de creer que nadie se enamoraría de ella, por más que se lamentara, nadie nunca la iba a invitar a salir ni se iba a enamorar de ella.
Lamentablemente así ocurrió, Gladys nunca pudo formar pareja ni tener hijos ni tener sexo.

La historia de Celia D. – 48 años - (persona con discapacidad con diagnóstico de parálisis cerebral)
Celia ha sido y es una profesional excelente, muy buena y cumplidora en su trabajo, y reconocida en varios ámbitos.
Ella ha tenido varios novios con los que ha mantenido relaciones sexuales.
Celia, aunque tiene discapacidad y características propias derivadas de la misma, se considera una persona atractiva y valiosa, (ha sido educada dentro de un modelo de aceptación y respeto a sus características físicas), sabe lo que transmite, se arregla bien, viste y peina y tiene en claro que siempre va a encontrar a una persona interesada en mantener relaciones amorosas y sexuales con ella.
Así ha sido y continúa siendo hoy Celia y siempre tiene un amor que alegra su vida.

La historia de Ricardo N – 26 años - (persona con discapacidad con diagnóstico de lesión medular)
Conocí a Ricardo en un lugar de Entre Ríos. Hacía relativamente poco tiempo que le había ocurrido un accidente automovilístico y estaba un tanto desorientado, pensando qué sería de él y, como seguiría su vida. Sólo tenía 21 años y sus pensamientos iban una y otra vez a las ganas de encontrar una mujer dispuesta a ser su novia y compañera.
Dejamos de vernos por un tiempo y, luego de casi tres años, nos volvimos a encontrar, Ricardo ya tenía novia y estaban pensando en unirse, convivir y, más adelante, casarse.
Él se había propuesto firmemente ser padre adoptivo, si no podían concebir un/a bebé por vías naturales.
Nunca, en ningún momento Ricardo pensó que no encontraría pareja, siempre tuvo claro que él era y es digno de admiración, de respeto y de amor.
Se casó con Rosalía, que resultó ser una excelente compañera y adoptaron una hermosa niña, que hoy ya tiene 15 años.

La historia de Fernando G – 38 años - (persona con discapacidad con diagnóstico de lesión medular)
Desde que le ocurrió el accidente automovilístico, Fernando ha dedicado su vida a seguir tratamientos médicos, y a pasarla bien con su familia y amigos/as. Sale a distraerse y a tomar algo en los bares de su ciudad, algunas veces con ellos/as, va al cine, hace largos paseos de vez en cuando por las calles de la hermosa isla en la que reside, pero nunca pensó en formar una pareja ni en tener descendencia.
No se siente preparado para afrontar un romance estando él en una silla de ruedas, ésta le parece un escollo muy difícil de superar, y de aceptar por parte de la otra persona.
Hace hoy ya más de veinte años que le ocurrió el accidente y Fernando sigue estando solo y, aunque a veces sueña con tener una mujer a su lado, no cree ni confía en que logrará conquistarla.
La historia de José N. – 55 años - (persona que conocí hace unos años atrás y que se había aceptado como “Devotte”)
No sé si conoceré alguna vez alguien más amable y bien predispuesto que José.
Ya la primera vez que nos encontramos se colocó por completo a mi disposición, esperando que yo le dijera qué necesitaba para ir él a buscarlo.
No fue mi novio, ni mi amante, ni tan siquiera mi amigo, fue un “especial conocido” con el que he intercambiado largas charlas, sobre todos los temas, menos los amorosos /sexuales.
De esos nunca hablamos. Cuando José falleció me enteré por algunas personas conocidas que él se consideraba a sí mismo “devotte” y que formaba parte de clubes “devotte”, y también que era conocido dentro del ambiente “devotte” de varios países.
No sé (y lamento por que nunca tuve oportunidad de conversar sobre este tema con él) qué lo llevó a considerarse devotte, tampoco sé por qué había elegido tener sexo sólo con mujeres que tenían discapacidad, ni qué les atraía de ellas, pero hoy, con lo que conozco acerca de las personas que se consideran devotas, supongo que fue por que él tuvo la oportunidad de tener relaciones amorosas y sexuales con las dueñas de cuerpos a los que los demás consideran “deseables, hermosos y queribles”, quiero significar que tuvo a su disposición y a su alcance a varias de las mujeres de cuerpo perfecto y de sonrisa más perfecta aún, y hoy supongo que fue eso, en gran medida, el “disparador” de su atracción hacia las personas con discapacidad y pudo darse cuenta que el cuerpo físico, la “hermosura” de un cuerpo físico pocas veces va unida a la “hermosura” del disfrute, que no está estrechamente vinculado el grado de placer, con la belleza, según los cánones pre-establecidos, que un cuerpo pueda tener.

La censura social: Es verdad que hay un grado bastante alto de “censura social”, de “por qué lo/a habrá elegido” para formar pareja si una de las personas que la integran tiene discapacidad y la otra no. Esta “censura social” no se evidencia si ambas personas tienen discapacidad. Es como si, en el imaginario social estuviera aceptado que las personas con discapacidad deben y tienen que formar parejas con otras que también tienen discapacidad y las personas sin discapacidad y, por lo tanto, “normales” no tienen ni deben formar parejas con personas que tienen discapacidad por que estas últimas “no pueden”, “no valen”, “no sirven”, “no son aptas”.
Es verdad que hay que escuchar a quiénes han formado y forman pareja y tienen una buena sexualidad por años con personas que tienen discapacidad para poder sacarse estas ideas estereotipadas. Tal vez, en una pequeña medida, las entrevistas (de las que sólo les coloco una síntesis) a las que recurrí para escribir sobre el tema, puedan contribuir a hacerlo.

Nombres supuestos de las personas entrevistadas y síntesis de lo manifestado:
Javier S. T. Hombre sin discapacidad (56 años)
Está casado con una mujer con diversidad funcional. Desde muy joven comenzó a tener relaciones sexuales con mujeres con discapacidad, y aún hoy, le atraen más las mujeres si tienen discapacidad. No se considera “Devotte”.
Voy a transcribir algunos de sus párrafos, por que el intercambio de opiniones, debido a la distancia, fue realizado por escrito y fue muy amplio: “... Interesante lo que preguntas sobre por qué, o qué me lleva a elegir personas con diversidad funcional... Bueno, todo empezó cuando estaba estudiando en la universidad, ingeniería mecánica, en Estados Unidos. En mi último año, nos tocó hacer un proyecto de algún tipo de aparato que funcionara y que tuviera un uso que consideráramos importante. Después de mucho pensarlo, mi grupo (de tres personas) decidimos que sería interesante hacer un mecanismo que permitiera a las personas en silla de ruedas pararse, para que pudieran alcanzar cosas que no podrían desde su posición sentada. En esos momentos (año 1977) ninguno de nosotros sabía que pararse tenía otros beneficios para la persona parapléjica o cuadripléjica, además de alcanzar cosas... Empezó el trabajo, todo teórico, las dimensiones del ser humano, las articulaciones, etc. Luego a alguien se le ocurrió que era importante tener a un "modelo" humano en silla. Pensamos que alguno de nosotros podía ser el modelo. Pero ¿dónde conseguir la silla? 
Un día estaba yo sentado en la tapa del motor de mi auto, esperando a un amigo, cuando una muchacha se estacionó frente a mí, y vi que usaba silla de ruedas. Me llamó la atención lo fácil que le resultó transferirse, y lo poco que parecía importarle su situación ya que vestía de minifalda, con unas medias de esas que se usaban en esos tiempos, de colores, y unos zapatos muy lindos. Acomodó de forma muy femenina sus piernas, y luego empezó a andar (rodar) hacia la rampita que le permitía entrar al complejo universitario. Allí desvié la mirada, pero en segundos oí una voz que me llamaba: era la muchacha. Un auto había obstruido la rampa y quería saber si la podía ayudar. Me puse un poco nervioso, no sabía ni cómo manejar una silla, mucho menos ayudarla a subir el desnivel de la acera. Me acuerdo que cuando fui a tomar las maniguetas de la silla, también le agarré el cabello y no sabía cómo ocultar mi pena. Al final, después de un par de traspiés, la ayudé y ella siguió.
Seguí, por muchos días pensando en la chica aquella, muy linda, segura de sí misma, con un auto realmente bonito y poderoso. En aquellos tiempos no era exactamente común ver a personas con diversidades funcionales por allí, y menos con esa tranquilidad. Me llamó la atención y luego, "se me ocurrió" : ella podría ser nuestra modelo... Pero no sabía cómo decirle lo que queríamos hacer, pero cuando finalmente se lo pedí, fue lo más natural del mundo. De hecho, ella estaba empezando la carrera de medicina y le parecía interesantísimo el proyecto.... Así fue que nos ayudó y nos hizo aprender sobre el tema de las úlceras, de los espasmos, en fin, todo lo que debíamos saber y que no se nos había ocurrido. Fue lo mejor que pudo pasarnos para que el proyecto fuera todo un éxito. De allí, lo demás fue fantástico, la invité a salir, y poco a poco, lo demás siguió de forma natural. Una mujer extraordinaria, bella, y con la que aprendí tantas cosas que realmente pienso que si no hubiera sido porque ella tomó por su lado y yo por el mío, a lo mejor hubiéramos terminado juntos. Aprendí a moverla, a movernos juntos, a buscar un ritmo diferente, a jugar, a encontrar los sitios "calientes", aquellos donde ella podía sentir, e incluso, aquellos sitios improbables donde el placer sexual se intensificaba. Aprendí a que, en algunas ocasiones, ella podía sentir el placer de mis caricias en sus partes. Después, muchos años después, se descubrió que había otros medios de transmisión de sensaciones desde esas partes hacia al cerebro, "bypasseando" la columna. Me enamoré, sin quererlo, de la diversidad funcional (como tu la llamas), pero también de la diversidad sensorial, y de la diversidad social. Aprendí que podíamos sacar ventaja de su situación, nos colabamos en las filas de disneyworld, o del cine... me divertí (y me divierto muchísimo). Aprendí, por supuesto, que hay otras necesidades con las cuales hay que lidiar, especialmente porque no siempre había control de la orina, lo que simplemente se resolvía con tener una buena toalla cerca, y uno de esos pañales que se echaban a un lado en el momento preciso... Confieso que al principio esto me impresionó un poco, pero después era parte ya del asunto.
Por supuesto, el proyecto tuvo tal éxito - cómo no? inspirados por esta mujer arrasadora - que el mismo sirvió de base para algunos diseños que después se convirtieron en prototipos que fueron comercializados.
A mi regreso a casa, sinceramente, me pareció aburrido simplemente hacer el amor "normal", sin que hacer el amor tuviera ese algo especial que hacía que dos personas se entregaran de la forma que había yo aprendido con aquella mujer. Volví a mi vida de joven con relaciones que eran "no tan extraordinarias". Después decidí, ya pasados unos años de mi graduación, entrar a apoyar como voluntario a una Asociación de personas con discapacidad. El proyecto fue un éxito, y en la asociación conocí a otra mujer maravillosa, con la que volví a experimentar todo aquello, sólo que esta vez en español. El único problema es que esta vez, esta mujer estaba casada. Ella había tenido un accidente después de tres años de casada y, lo típico: el hombre no pudo soportar la diferencia y no sabía cómo, ni podía, hacerle el amor. Esa diferencia, que para mí había sido tan deliciosa, me tocó esta vez enseñársela a ella. Pienso, siento y me siento orgulloso, de haberle hecho entender que aún era una mujer, una gran mujer, bella y perfectamente capaz de tener y dar placer. Desafortunadamente, se fue a vivir fuera del país, y hasta allí llegó aquello...”
“... No entiendo, por consiguiente, por qué la mujer y el hombre con discapacidad (en general) rehuyen el hecho de que hay hombres y mujeres que son perfectamente compatibles con ellas y ellos, y que podrán obtener placer de formas que jamás sospecharon. A veces me explico la reacción negativa, especialmente en la mujer con discapacidad, porque piensa que el hombre sólo la quiere para acostarse con ella y que la ve como un objeto sexual. Pero, me pregunto, ¿no es así con todos los hombres, hasta que finalmente encuentran a la mujer que los enamora? La mayoría de los hombres quieren tener sólo relaciones sexuales, al principio, con las mujeres y, finalmente encuentran a una mujer que los entiende, que los enamora, que les fascina. Entonces, los hombres se entregan. La mujer con discapacidad que entiende esto, que se sabe bella y deseada, encuentra al hombre, lo convence de que es la persona para él, y, con un poco de paciencia (paciencia social) lo hace suyo. Esto no garantiza, como no lo garantiza para nadie, discapacitado o no, que la unión será eterna, pero será como todas las uniones...”

Jorge S. Hombre sin discapacidad (60 años)
Estuvo formalmente casado con una mujer con discapacidad durante 25 años, teniendo relaciones sexuales y disfrutando del sexo, previo “acomodo” a algunas situaciones y posiciones debido a que su esposa adquirió la discapacidad algunos años después de haberse unido en matrimonio.
No se reconoce como “Devotte” (con lo que se puede llegar a entender, hasta el momento, por este término) pero sí relata que el sexo con esta mujer con discapacidad, ha resultado intenso y diferente, sumando esta diferencia a favor de la relación, en varias ocasiones.
Si bien al principio la unión física se resintió un poco, al tener que acostumbrarse a nuevos sentires y posiciones, el amor mutuo y la pasión, sumaron para que pudieran tener un sexo pleno en el que ambos disfrutaron de lo mejor que pueden darse entre sí dos personas.

Jorge C: (54 años) hasta los quince años fue considerado por los médicos y por su familia un niño y luego adolescente con discapacidad debido a un problema cardiorespiratorio. Actualmente es un hombre sin discapacidad.
Disfruta de la sexualidad, sin evaluar si la persona con quién está manteniendo relaciones sexuales tiene discapacidad o no. Es quién me ha proporcionado su visión en cuanto a que no se puede hablar de “desviaciones” ni de “normalidad dentro de la sexualidad” en nuestro país.
También me ha aportado la siguiente reflexión, la cuál transcribo: “Si hoy, en nuestro país y en el mundo entero, el culo de la mujer, (no la cola, por que no es un animal, es el culo, la parte trasera baja, aquella que está ubicada debajo de la zona lumbar, donde termina la espalda) vende e incita a comprar desde automóviles hasta ropas, desde alfajores hasta casas; si se venera como si se tratara de un monumento y se desea poseer, tenemos que pensar qué nos está pasando, qué es lo “desviado”, qué es lo “anormal” por que el culo, tal cuál lo conocemos y sabemos, es el lugar por donde salen los excrementos del cuerpo, todo aquello que el organismo considera “basura” o “desperdicio”, con el olor considerable que tiene y con el asco que puede producir el pensar en este detalle, que no se tiene en cuenta, al parecer, al colocarlo en una situación de “hermosura” y de “objeto de deseo y placer”.
Resulta necesario saber y conocer de dónde viene esta veneración casi sublime por una de las partes del cuerpo más controvertidas y por donde eliminamos lo que no nos sirve, y encima, con fuerte y feo olor, en la mayoría de los casos.
Es preciso reflexionar, como especie humana, qué le pasa a esta sociedad, y principalmente, a un país donde la Primer Vedette y la Mujer del Año es una chica que ha adoptado la condición de “mujer” habiendo sido por años travesti, y discriminada como tal, sin querer juzgar con ello y por ello si está bien o mal, por que estima que ya estamos mucho más allá del bien y del mal, sobre todo en materia de sexo.
Hoy por hoy, es imposible decir qué es una “desviación” en materia sexual, y qué es “lo normal”, y también, “qué está bien y qué está mal”.
Las personas con discapacidad tienen el mismo derecho a enamorarse, a hacer el amor y a disfrutar de la sexualidad, de la misma forma que quiénes no tenemos discapacidad tenemos el mismo derecho de enamorarnos, hacer el amor y disfrutar con personas que sí tienen discapacidad. Será muy bueno para todos y todas que dejemos de lado paradigmas en los que se estigmatiza a quiénes son acompañantes sexuales, novios/as, amantes y/o esposos/as de personas con discapacidad, desterrando la ignorancia en la que viven muchas personas, que creen, por ejemplo, que quiénes tienen discapacidad no tienen sexo o que si lo tienen no disfrutan intensamente de él y que los/as únicos que tienen discapacidad y disfrutan son las personas que tienen discapacidades mentales.
No se considera “Devotte”, tal cuál lo que se entiende hoy por este término.

Andrés W. Hombre con discapacidad (56 años)
Se ha convertido, (dicho por él mismo, en tono de broma) en “casi un “Devotte”, entendiendo por ello que le gusta tener relaciones sexuales con mujeres que tienen discapacidad y disfruta plenamente de ello, sin prejuicios ni ideas estereotipadas. Su versión es que la relación le resulta más sensual y que se siente más satisfecho, también, al mantener relaciones sexuales con mujeres con discapacidad así como también con mujeres de más de 60 años.
José Luis H. Hombre sin discapacidad (47 años)
El sexo es para él “tan común” y “tan normal” que no entiende como hay gente que lo relega a un lugar secundario. Le resulta muy placentero tener relaciones sexuales con mujeres con discapacidad, pero no se considera “Devotte”, tal como lo que definimos hoy con este término.
Estima que todas las personas pueden tener sexo, de la misma forma si tienen discapacidad que si no la tienen y esta condición, a veces, agrega algún ingrediente de placer, que pudiera relacionarse o compararse con el fetichismo, sin llegar a ser nunca una perversión, como se quiere dar a entender cuando se habla de “parafilias” en discapacidad, y que todo esto va a depender de la relación que se establezca, que debe ser de respeto y consentimiento mutuo, en la que ninguna de las partes presione a la otra para hacer algo que pueda perjudicar la autoestima y el sentido de valía de la otra persona.

Juan Carlos D. Hombre sin discapacidad (46 años)
No ha manifestado tener una inclinación particular por personas con discapacidad y para él la relación sexual entre dos personas se da por atracción entre ambas, más allá si tienen alguna difuncionalidad o no.
Tal “disfunción” no agrega ni quita placer, sino más bien es una condición más, que se tiene que considerar pero que no es relevante en la relación en sí, ni para su desarrollo, ni para su evolución ni para su consumación.
No se considera “Devotte”, ni fetichista ni que necesita alguna condición especial para mejorar su sexualidad.

Alfredo N. Hombre con discapacidad (59 años)
Tiene relaciones sexuales con mujeres con y sin discapacidad, y si bien, a su criterio, estas últimas han resultado ser más sensuales e intensas, no cree que la condición de “discapacitada” agregue ni quite placer. Siempre y cuando no entre en la categoría de “fetiche” y por eso, objeto de placer por lo que representa.
Tener relaciones sexuales con mujeres con discapacidad ha sido casi siempre una elección y no considera “anormales” ni tampoco que “padecen una parafilia” a los hombres y mujeres que eligen tener sexo con mujeres o con hombres con discapacidad.
No se considera “Devotte”.

Carlos J. Hombre sin discapacidad (46 años)
Tiene esta experiencia de tener una relación amorosa y sexual con una mujer con discapacidad desde hace relativamente poco tiempo y manifiesta que es sumamente placentero, intenso y diferente el sexo con ella, sin reconocerse por ello como “Devotte”. Piensa que siempre las relaciones sexuales son diferentes, intensas y placenteras, dependiendo de con quién se consumen, y que el agregado de la “discapacidad”, en este caso en la mujer, no es un hecho que sea tan relevante, por lo que no cree que las relaciones sexuales mejoren o empeoren según se tenga o no discapacidad, por que primero es la persona la que le interesa, lo que piensa, lo que dice, como lo dice, su mirada, sus manos, en fin, que siempre hay un acercamiento a nivel de lo físico y también emocional, en toda relación que establecen los seres humanos, y que luego puede derivar o no, en una relación sexual más o menos duradera, y que no es sólo sexo lo que se plantea al establecer una relación con una mujer. Le interesa el compañerismo, el ayudar a la otra persona, el dar y el recibir el también una buena atención en todo sentido, el compartir cosas buenas y no tan buenas, también forman parte de la vida en la cuál las emociones tienen un valor fundamental, donde lo afectivo es lo principal.
No se considera “Devotte” tal como lo que se define hoy con esta palabra.



ENLACES:
Películas: "Quid pro quo" - "Devote" - "Caterpillar"

Artículos: Devotte; sano erotismo o fetichización de la discapacidad
                             Mirada retrospectiva de la comunidad devotee
                             Acrotomofilia
                             Historia de un amor





3 comentarios:

Cristian LOPEZ dijo...

He leído con mucho interés su ensayo y me parece un ejercicio que nos permite reflexionar sobre nuestras representaciones individuales y colectivas de la discapacidad. En este sentido, es indispensable poner en tela de juicio y cuestionar aquello que cotidianamente llamamos "normalidad".
Por otra parte, es la primera vez que escucho el término "devotte" y según lo entiendo en el ensayo hace una clara referencia a las preferencias físicas. Sí es así, considero que la utilización de esta palabra implica poner el acento sobre una parte especifica de la persona, su discapacidad. Como lo sabemos, una persona no puede ser reducida a su discapacidad. La discapacidad es una "cualidad" de la persona, pero no la defina en su totalidad. Es en este sentido que la palabra "devotte" me invita a cuestionarme. Si la sexualidad es plural, dinámica y multiforme, ¿porqué categorizar "una preferencia física" (¿sexual?) en lugar de permitirle confundirse en la diversidad?

Silvina Peirano dijo...

Cristian: agradezco tu comentario claro, directo, sensible y respetuoso con una temática poco abordada y encubierta de temores y prejuicios.
Acuerdo con tu visión, en relación a que la mirada devotee puede prestar especial atención al cuerpo diverso (que tal vez no a la "discapacidad")...pero me pregunto y te pregunto: por qué ver como un fetiche un "objeto" de deseo diverso?.Nos preguntaríamos lo mismo si el objeto de deseo fuese, por ejemplo: un hombre o una mujer rubia?
Mucha de la mítica extistente aún sobre las personas con DF, tiene que ver con la mirada paternalista, abusiva, fetichista (como sinónimo de "enfermizo"). Entiendo tu reflexión y es a partir de ella que me pregunto: podemos permitirnos ver la DF como algo bello, sexy, atractivo, erótico, etc; sin patologizar el deseo?

Silvia Mirta Valori dijo...

Interesante visión la de Cristian, Silvina, y, tal como te respondí en mi FACE, concuerdo plenamente con ella, me propongo, a partir de lo que escribo, DECONSTRUIR lo que es ser DEVOTTE, para que la atracción amorosa, sexual hacia personas con discapacidad deje de tener ese "halo patológico" y que pase a ser aceptado como parte de la sexualidad, una diversidad más dentro de la diversidad y por ello, tan hermosa como todas las diversidades... vamos todos juntos, todas juntas, camino hacia una Cultura de la No discriminación, también en materia de sexualidad!
Gracias por compartir los comentarios, saludos, smv

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