09 noviembre 2013

'Passing', diversidad sexual y funcional

Fuente: Cascara amarga
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Por:Eduardo Nabal


Pasing es el título de una añeja novela de Nella Larsen sobre una mujer afroamericana que, debido al pálido color de su piel, se hace pasar por blanca en una sociedad racista. Pero hoy también sirve para designar a la práctica de ocultar uno o varios aspectos de tu personalidad de cara a ser mejor aceptado por un modelo social. 


El problema es cuando esa actuación legítima se convierte en un problema. A partir de un interesante capítulo del libro Intersecciones (Raquel Lucas Platero) resurge un tema tan revenido y a la vez tan renovable como el del armario y sus implicaciones. Hace poco murió de cáncer Eve Kosofsky Sedgwick que nunca alcanzó la fama de Judith Butler o Susan Sontag pero que analizó, desde el punto de vista de la literatura, el tema de las relaciones complejas de la modernidad y el secreto. La gestión del silencio.

Tal vez por eso nos dejó a muchos tan mal cuerpo el primer visionado de Brokeback mountain al esperar algo sensual y atrevido y nos encontramos encontré con un filme sobre la gestión del silencio y la tensión entre espacios públicos y privados. Passing es el título de una novela breve y evocadora de Nella Larsen sobre una mujer de tez blanca pero origen afroamericano que trata de vivir como "blanca" en una sociedad racista. Es uno de los puntos de partida de la historia del "pasar por lo que no se es", hacerlo en aras del miedo o la posibilidad real o irreal de perder una serie de privilegios simbólicos o explícitos.

Y es que el problema es que una sociedad tan marcada por el capitalismo y el heterosexismo es difícil ser lo que uno es, sin remontarnos demasiado. Imaginemos a los atletas que no salen del armario en la olimpiada de Rusia. Lo que E. K. Sedgwick llamó "gestión del silencio" o "artes del cotilleo" es una de las cosas primordiales a las que se enfrentan gays, lesbianas o trans desde su infancia. La tensión entre la mentira y la verdad. Tal vez aceptando que ni una ni otra existen las cosas serían mas fáciles. Pero ese es otro asunto. Me interesa reflexionar aquí un poco sobre la sexualidad de las personas con diversidad funcional, los de las "Otras olimpiadas", las llamadas "Paraolimpiadas".


Divesidad funcional y sexual
Las de aquellas que en otro tiempo fueron llamadas minusválidos o discapacitados/as con toda la carga peyorativa o conmiserativa (cristianoide) del tema. Esas personas durante mucho tiempo han estado bajo la tutela de asociaciones vinculadas a la Iglesia. Nadie duda de la buena voluntad de algunas de las personas que las gestionan o trabajan en ellas. Igual que no todos los médicos o enfermeras que trabajen en un psiquiátrico, por muy perversa que nos parezca la institución de por sí, son iguales.

El problema es como el inmovilismo de todas estas instituciones que no han cambiado desde la Ilustración- La Iglesia, La Justicia, La Academia y la Medicina- produce efectos paradójicos en las vidas de gentes que se ven sometidas a un régimen difícil de comprender todo el tiempo. Así lo que para unos puede ser un acto de "cotilleo" para otros un detalle importante. Para lo que unos puede ser un gesto valiente para otros una decepción. De todas estas tensiones ha vivido la moderna y binaria construcción de la sexualidad. De todas estas paradojas se han alimentado novelas y ensayos, luchas y películas, batallas y conquistas. Lo que es indudable es que en estos tiempos permanecer en el armario es un gesto reaccionario por imposible. Es decir, si una persona en silla de ruedas no puede ocultar su condición de discapacitada mas que detrás de un chat, a lo mejor lo que esconde también es una pluma enorme.

Es decir que la gestión del silencio nunca es una decisión individual. En este sentido el armario es un espacio fascinante y a la vez asfixiante. Todos los días nos encontramos con gente que no sabemos si le importa o no nuestra orientación sexual. Y también todos los días con gente que la adivinará nada más vernos. En el caso de las personas con discapacidad la tutela familiar pero sobre todo médica ha llevado a situaciones de dependencia que conllevaban la pérdida de una serie de privilegios comunes: y uno de los más marcados es el de la sexualidad.

Si las personas con diversidad funcional luchan todavía contra el paternalismo de las instituciones o la complicidad de sus "iguales" con un sistema más o menos represivo, el tema se acrecienta cuando se enfrentan a revelar o no su verdadera sexualidad o identidad de género. Aquí es donde comienza una batalla que será de las mas importantes de nuestro tiempo. La batalla por la subjetividad. Hay personas negras que pueden ser muy felices en su condición y otras que prefieran que la gente lo sepa cuando no queda otro remedio. También hay ricos que se pavonean de serlo y otros que al contrario, también tratan de enmascarar su clase social. Máxime en una sociedad de continuos cambios, límites y contrastes. Hay personas que viven en la pobreza pero que nunca renunciarían a una imagen corporal deseable y otras que desde la abundancia no se preoupan de su aspecto físico.

Es curioso como a veces el talento o la excepcionalidad se plantea como garantía de aceptación y eso es terriblemente peligroso. Campañas como aquellas en las que salían Oscar Wilde, Matir Luther King o Stephen Hawkins ponen un obstáculo mas que salvan la diversidad social. Ya que hacen un llamamiento a la excepcionalidad. Igual que los gitanos excepcionales pueden invisibilizar a la comunidad. Estamos llenos de espejos deformantes. Algunos (como los asesinatos en Rusia) invitan a reivindicar la hiperidentidad mientras que otros invitan a cambiar de canal (como algunas pelis de tema LGTB que nos tragamos a pesar de su ínfima calidad).
El problema es que las crisis económicas o las estafas a gran escala hacen todavía mas profunda esa brecha entre lo privado y lo público. Hacen que cosas que antes eran derechos ahora parezcan caprichos y ese discurso también es peligroso. Los que votaron a los que ahora hacen con impunidad el saludo fascista (cuando un jugador italiano fue expulsado del equipo sin saberlo) han dejado de ser inocentes. Han pasado al colaboracionismo. Vivimos en un mundo saturado de plataformas de información pero mucha mala información. Pero como dice Platero en su libro (junto a otros autores) la postura más inteligente es ver estos condicionamientos (por tu físico, tu edad, su raza, tu diversidad funcional, tu sexualidad o tu clase social) como espacios de posibilidad y cambio.

Como decía Audre Lorde "La diferencia no debe ser simplemente tolerada sino que debe ser el fundamento de las polaridades que hagan saltar la chispa de nuestra creatividad".

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