14 enero 2014

Video: Buscando sustitutos sexuales.

Fuente: The New York Thimes
STEFANIA ROUSSELLE
04 de julio 2013


En Francia, no es legal la figura del/la asistente sexual (sustitutos sexuales); para personas con diversidad funcional. En marzo de 2013, "un comité de ética", prohibió dicha figura. 
Sin embargo, gran parte de la sociedad francesa levanta la voz a favor de un debate que ha tomado las calles.  

(Video en idioma original; subtitulado en inglés)





“Una persona con discapacidad es generalmente vista igual que a un niño. Inevitablemente, niño y sexo no van de la mano”, explica Laetitia Rebord, de 31 años, confinada a una silla de ruedas. La mujer, oriunda de Grenoble, Francia, es virgen, y alega que su restricción motriz le ha impedido tener una vida sexual activa. Rebord asegura que, más allá de sufrir parálisis de gran parte de su cuerpo, tiene sensaciones físicas agudas, pero que no ha logrado explorarlas ni con amigos ni con amigos de amigos.

Rebord alega que está dispuesta a pagar por sexo en otros países como Suiza o Alemania, dado que en Francia – como en casi todo el mundo – la prostitución es ilegal, aún en casos como estos. Aparentemente, gran parte del mundo aún no está preparado para ofrecer satisfacción sexual a personas con limitaciones motrices. Lo complejo es que en Francia tampoco es legal que exista un intermediario que consiga “sustitutos” sexuales para las personas que no pueden proveerselos por su cuenta.


En Marzo de este año, el Comité Nacional de Ética francés aconsejó al gobierno que no legalice ni la existencia de acompañantes sexuales ni de intermediarios, considerando que son “usos poco éticos del cuerpo humano con propósitos comerciales”. Las autoridades convalidaron que la asistencia sexual para personas con discapacidad es una forma de prostitución. Sin embargo, a partir de la película norteamericana “The Sessions” (2012), que plantea el despertar sexual de un hombre discapacitado, legisladores franceses volvieron a plantear el tema.



“La asistencia sexual se trata de permitirle a las personas con discapacidad que reconecten con sus cuerpos, alcanzando la satisfacción a través del acceso a la sexualidad”, comentó Pascale Ribes, fundadora del grupo Disabilidades y Sexualidades. Francia cuenta con 1,8 millones de personas con limitaciones, y varios grupos pelean porque esas personas puedan acceder a los servicios sexuales de los así llamados “sustitutos”.

Existen quienes ofrecen estos servicios ilegalmente, como Aminata Gregory, una holandesa de 66 años que se entrenó como terapeuta sexual en Suiza y que ofrece su cuerpo y saberes a hombres con discapacidad, para que se satisfagan. “Comienzo desvistiéndome sobre la silla de ruedas, para que sientan que es un juego”.
“Durante las sesiones, puedo ser amiga, amante, lo que ellos necesiten”, cuenta Gregory. “Ellos sueñan, hablan y piden, y yo les doy lo que puedo”. Lo que la mujer ofrece no es sólo sexo, sino la posibilidad de que el otro sienta que es parte de una relación normal, donde se habla y se juega.

France Keyser for The New York Times
En Suiza existe desde 2008 un programa de entrenamiento en asistencia sexual, creado por Catherine Agthe Diserens, una educadora que se rodeó de ex prostitutas. Brinda clases sobre discapacidad, sobre oferta sexual y sobre manejos del cuerpo. “Ofrecemos un entrenamiento atípico, que requiere preparación e intensidad”.

En Francia cada vez son más las personas que discapacidad que reclaman su derecho a la asistencia sexual, como modo de superar sus inhibiciones y de ganar confianza en sí mismos. Como Marcel Nuss, autor del libro “Quiero hacer el amor”, donde defiende la compañía de escorts para satisfacer sus necesidades sexuales, más allá de depender de un respirador. “Yo no puedo hacer nada solo. El sexo ayuda a las personas con discapacidad a reencarnar y a redescubrir su aspecto humano”.

Tanto él como Rebord creen que a la larga Francia cederá sobre los “sustituos” sexuales, aunque ambos ruegan que sea pronto, para gozar abiertamente de las posibilidades que sus cuerpos les dan.

Artículo original: The New York Times
Traducción: Buen diario


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