14 mayo 2014

“Historia y antropología de la sexualidad en diversidad funcional. Del ayer asexuado al hoy empoderado”.

Silvina Peirano (*)
8 de mayo de 2014 - C.A.B.A; Argentina



Los y las invito a protagonizar un viaje iniciático, en búsqueda del poder del mito y fundamentalmente; de la simbología asociada a la sexualidad de las personas con diversidad funcional. (ver video con imágenes, que "ilustró" el texto).

Comenzaremos por decir que todas las culturas, sociedades, familias, instituciones; poseen un mito. Cada uno de nosotros sustenta un bagaje arquetípico, que supera lo individual y se traduce en una construcción mitológica universal.

Les propongo que indaguemos en nuestro inconsciente colectivo, procurando recordar nuestro primer encuentro con una persona con diversidad funcional. 
NOTA: se le propone a lxs asistentes que rememoren este hecho, en base a las siguientes preguntas: ¿Qué edad tenían Uds, y qué edad tenía esa persona?, ¿qué hacía esa persona y dónde estaba?. ¿Qué sentimos al verla?. ¿Qué “discapacidad representaba"?, etc.
En base a esta imagen evocada, podemos comenzar a preguntarnos qué han simbolizado; y simbolizan, para cada uno de nosotros y de las sociedad; las personas con diversidad funcional.

Inenarrable para la literatura, medicalizada para el modelo médico rehabilitador, santificada o diabolizada para las religiones, limosna para las sociedades, institucionalizada para los Estados, dogma para los grupos familiares; la sexualidad de varones y mujeres con diversidad funcional ha sido propiedad “rentable” de todos, excepto de a los y las protagonistas.

Los mitos son siempre mitos sobre los orígenes y, es ésta mistificación la que nos ha conducido ancestralmente a construir y sustentar “un proyecto social de discapacitado desprovisto de sexualidad”, como forma de reglamentar y sacralizar sus comportamientos y deseos sexuales.

La historia de la sexualidad de las personas con diversidad funcional, constituye un relato oculto y arquetipizado, en el que el tiempo cobra una dimensión ominosa. La noción de Invalidez o incapacidad como una constante durante toda la vida, se valida partiendo de falsas premisas o afirmaciones.

Detenidos; en el mejor de los casos en la infancia (y de allí la construcción aniñada de la sexualidad) o en la constante ridigización y homogeneización en torno a ejes como la bondad, la imagen conmovedora, desamparada y solitaria del discapacitado al que hay que proteger e integrar, pero nunca erotizar; así como la insistente apelación a la soledad como destino irreductible, y al rol mitológico del sufrimiento (tan alejado del placer); de la mano con la compasión (en contrapartida con la pasión)

La “discapacidad”, parece ser aquello que no queremos nombrar y hemos procurado estigmatizar; valiéndonos de distintos mitologemas: mutilado, tarado, sordomudo, inválido, minusválido, invidente, opa, retrasado, cojo, persona con discapacidad o capacidades especiales…El listado es interminable y cada uno de estos rótulos desde el lenguaje, coinciden inequívocamente con un rol social validado y adjudicado a aquellos seres que se percibe como diferentes.

Dioses contrahechos, bufones, fetiches venerados, héroes y heroínas que luchan contra la adversidad, monstruos o fenómenos de feria arrojados por los montes, sátiros hipersexuados o angélicos seres provistos de alas; comparados con “eunucos espirituales” a los que mujeres y varones sin diversidad funcional, confiarán y pedirán consejo, pero nunca elegirán como pareja…

En base a la desinformación, la educación segregada, los procesos de sexuación evaluados desde los CI, la capacidad para rehabilitarse o los diagnósticos; hemos validado la imagen de individuos discapacitados y dependientes, minusvalizados en sus deseos, retrasados en su sexualidad, inválidos en sus sentires y estigmatizados por sus cuerpos ladeados, baldados y deformes. Monstruos de feria (que se miran pero no se tocan); asociados sólo al amor platónico y fraternal.
Considerando este crudo relato, podríamos suponer que TODAS las persona con diversidad funcional o discapacidad, se “construyen”; en base a la idea de que tienen que vivir sin "eso" (sexo), y que “eso” no tiene que ver con ellxs. La negación del hecho sexuado se ritualiza cuando entra en contacto con la discapacidad. Lo que para otros es sencillamente sexo; para muchas personas con diversidad funcional es “sexoterapia”.

La fascinación por lo que desconocemos, representada por un sensorio, un cuerpo o una intelectualidad diversa nos despierta curiosidad, y es ésta la que nos hace impunes invasores de intimidades acariciando cabezas, entrando a habitaciones sin puertas ni llaves o recurriendo a la ya conocida pregunta: ¿qué te pasó?; sin olvidar las clásicas miradas imputadoras.

Afortunada y necesariamente las historias pueden y deben transformarse. Para ello, es imprescindible no sólo aprender una nueva e igualitaria “imagen” de las personas con diversidad funcional y de su sexualidad, sino que fundamentalmente desaprender aquella originaria imagen que les pedía; recordáramos en el inicio, partiendo de las sexualidades reales de seres también reales; a quienes solemos obviar en estos proceso de construcción social.

“Nada sobre nosotros sin nosotros”, puede ser el lema accesible al derecho a una vida sexual independiente que no sólo acepta la diversidad, sino que la propicia desde una amplia perspectiva en sexualidad y diversidad funcional, que reafirma identidades, cultiva subjetividades y hace de la sexualidad una teoría y práctica de y para todxs.

Definitivamente muchos de nosotrxs hemos crecido sustentando modelos y paradigmas o preocupándonos por desmontarlos; para volver a armar una supuesta nueva mirada que no hace más que reproducir resabios de los ancestrales y originarios modelos, y en esto se fundamenta el poder universal del mito.

En tanto signifiquemos enfermedad como sinónimo de diversidad funcional, seguiremos vinculando la sexualidad de estas personas a la noción de contaminación y tabú. Es así como la persona con discapacidad deja de SER (como construcción subjetiva del ser y la sexualidad); y deviene en la sexualidad especial.

Los intentos por negar la diversidad como un hecho natural y positivo, han propiciado que la discapacidad constituya una seña de identidad dolorosa de sobrellevar, a la que debía imponerse la vergüenza por ser poseedor de un cuerpo que se enseña a ocultar, al igual que los intereses sexuales.

Comencemos por preguntarnos: ¿Cómo nos interpela la sexualidad de lxs otrxs?, ¿qué representa en nuestra propia historicidad y presente sexual?....
Si decido vivir como un trauma angustiante al que deberé enfrentar/me y en consecuencia negar la sexualidad de mi par, mi alumnx, mi paciente, mi hijx con diversidad funcional: esto debe ser una responsabilidad personal y subjetiva, y no debería suponer todo un complejo sistema de restricciones, permisos y aprobaciones. Para expresarlo claramente: todas las personas somos seres sexuales, sexuados y eróticos, y este hecho inicial e igualitario, supera la aceptación y reconocimiento de un otrx que cree ver una supuesta desigualdad inicial entre el hecho de ser un ser sexuado sin discapacidad, y el ser un ser sexuado con discapacidad.

Históricamente, el uso de las preposiciones ha marcado destinos. “Con y sin” podríamos aplicarlo a la voluntad -por ejemplo- de revisar el escaso compromiso ante nuestra propia sexualidad, pero en ningún caso puede ser justificativo para creer que los cuerpos de las personas con diversidad funcional son un santuario cuyo culto principal es la virginidad; entendiendo por ésta, la asexualización como supuesto mecanismo de protección.

Las sexualidades de varones y mujeres con diversidad funcional, deben considerarse por derecho; expresiones vitales que si bien pueden poner en cuestionamiento creencias morales, religiosas y personales, el efecto “perturbador” que esto produzca, es definitivamente “responsabilidad del consumidor” y no un permiso ancestralmente considerado como una limosna o dádiva (sexual).

La historia de la discapacidad y sus paradigmas, asociados a la sexualidad, podría resumirse en los distintos modelos:

.El modelo de prescindencia de la sexualidad

.El modelo médico rehabilitador de la afectividad

.El modelo social del amor sin barreras;

… y la independencia del placer desde la Filosofía de la vida independiente, propiciando sexualidades diversas funcionales, no centradas en el capacitismo, y sí en la dignidad (por elección y derecho) de cada persona.


























La discapacidad ha sido atravesada por el modelo liberal, en donde el Estado se hace cargo del discapacitado y lo institucionaliza representando una gran “alegoría de la caverna actual”, en la que creemos como superador, quitar al discapacitado del cuarto del fondo e institucionalizarlo; o contribuir a que vivan bajo supervisión, en departamentos tutelados por profesionales que le cubren todas sus necesidades.

Me pregunto; ¿entre estas necesidades a las que siempre hacemos referencia: se considera el DESEO?. Las “necesidades” son el símbolo de la sostenida dependencia en las personas con diversidad funcional, vinculadas con una concepción falocéntrica y reduccionista de las sexualidades, que aluden a la higiene y descarga fisiológica, descontectualizada no sólo de lo afectivo, sino del contexto sociopolítico del que varones y mujeres con diversidad funcional; forman parte.

En el tránsito del “yo necesito” hacia el “yo deseo” confirmamos que el ejercicio de la libertad sexual no está garantizado por igual para todos los seres humanos. Si pensamos la sexualidad como una fuente pluridimensional, no hegemonizante, personal, subjetiva y diversa, entonces tendremos que pensar que aquella frase de “todo somos iguales”, nos queda corta; así como el “todo somos diferentes” puede ser fuente de segregación, por lo que el meollo de la cuestión que creímos solucionar con un conjunto de frases hechas, es profundamente ético y nos atraviesa-al igual que la sexualidad- a cada uno de nosotrxs como seres sexuados, como la mujer y el varón que entendemos o elegimos ser; y como ciudadanxs sexuales.

Es momento de decirlo en voz alta: GOZAR de nuestros derechos no es sinónimo de hegemonía sexual. Con o sin diversidad funcional no podemos seguir sosteniendo la insultante pregunta: ¿los discapacitados tienen sexualidad?. Suponer una única sexualidad recetada a un colectivo, es olvidar la diversidad dentro de la diversidad. ¿Qué sucede con las niñas, adolescentes y mujeres con diversidad funcional, con las personas con una elección sexual diversa, con las de menores recursos sociales y económico, con las portadoras de VIH-SIDA, con las que presentan diversidades graves,?. ¿Qué sucede cuando esta discriminación está enquistada en la condición de discapacidad?.

Quienes nos creemos libres poseedores de nuestra vida sexual y de poder ejercerla a partir, no sólo de nuestra autonomía moral, sino fundamentalmente de la supuesta autonomía física que nos da el hecho de caminar; solemos aunar sexualidad con capacidad.

La sexualidad no es la contrapartida de la diversidad funcional. La confusión entre autonomía moral y autonomía física o funcional (1) ha justificado creer que quienes no pueden moverse, pierden en esta acción no realizada, la capacidad de sentir. La capacidad de realizar funciones de manera autónoma no condiciona el derecho a tomar decisiones sobre nuestra vida sexual, por lo que dar prueba de lo que se puede o no se puede hacer en materia sexual debería tener que ver con el deseo, y no con la capacidad de poder realizar de manera independiente, la acción. (Ej: no tener capacidad motriz, implica incapacidad sexual y por ende: la intimidad es innecesaria).

Esta es la reedición actualizada del rol mitológico del héroe; que lucha contra todas las adversidades y olvida su libertad individual.

Por ello, el eje teórico y práctico es la DIGNIDAD de las personas y se plasma en los derechos sexuales y reproductivos que incluyen el derecho humano universal a no sólo ser reconocido sino a auto-reconocerse como un ser sexuado, no sujeto a un síntoma, síndrome o CI (pese a que muchas veces creemos que la sexualidad de las personas con diversidad es un síndrome más que hay que curar…)

Por ello, finalizando esta ponencia, deseo no sólo agradecerles vuestra presencia; convocadxs por un tema que me atrevo a decir, hasta hoy se creía pequeño, de escasa relevancia y poco considerado por muchxs sexólogxs, programas de educación sexual, sistema de salud y convenciones internacionales.

Esta jornada, es una invitación a que protagonicemos juntxs la ampliación de la perspectiva en diversidad funcional y sexualidad, encontrándonos en y desde la plena ciudadanía sexual para todos y todas.

Estimadxs; sabrán perdonar mis contradicciones.
Es que yo, al igual que muchxs de ustedes, crecí desconociendo, que en el cuarto del fondo, mis vecinos ocultaban a una persona con diversidad funcional.Hasta hoy, lucho por su visibilización; y la de tantos otrxs.


Por ellxs, por ustedes y nosotrxs: que viva el orgullo diverso!
Muchas gracias




(*)Silvina Peirano Prof. educación especial. Especialista en sexualidad y diversidad funcional. Creadora de "Mitología de la sexualidad especial" y Sex Asistent".
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(1) Ética y derechos en la práctica diaria de la atención a la dependencia: autonomía moral vs autonomía física Javier Romañach Cabrero








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