13 diciembre 2014

"Sexo sin limitantes"

Fuente: Reporte Indigo (México)
Pedro Pablo Cortéz; 12 de diciembre de 2014
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Grupo de especialistas quiere que Argentina sea el primer país de Latinoamérica en regular la asistencia sexual para personas con discapacidad. La creadora del ‘Sex Asistent’ lo explica a Reporte Indigo

La figura del asistente o acompañante sexual se incluiría dentro de la ley del trabajo sexual autónomo que se debate en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
Una discapacidad no debería ser un impedimento para vivir una sexualidad plena. 

Así lo afirma un grupo de especialistas que busca que Argentina sea el primer país de América Latina en regular la figura de asistente y acompañante sexual para las personas con discapacidad.

Esta propuesta pretende incluirse en el proyecto de la ley de trabajo sexual, que se debate en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, con el impulso de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR).

En entrevista con Reporte Indigo, Silvina Peirano, profesora en educación especial y creadora del proyecto “Sex Asistent”, explica que esta labor sería un progreso para combatir la discriminación de las personas con diversidad funcional. 

“Creemos que es necesario tener una figura específica”, manifiesta Peirano, “no porque las personas con discapacidad tengan un sexo especial o diferente.

“Sino porque hay todas unas condiciones: sociales, económicas, políticas, religiosas, morales y demás, que hacen que necesitemos propiciar un espacio de equidad dentro de este espacio de la sexualidad”. 

¿Qué es un asistente sexual? 
Peirano desarrolló la idea del asistente o acompañante sexual cuando vivía en Barcelona, pues en países desarrollados existen figuras similares desde hace años. 

La concibe como un trabajador con capacitación especial, que guía en cuestiones de sexualidad a otras persona, en este caso con discapacidad. 

“Son varones y mujeres que, de manera independiente, eligen libremente tener un encuentro, que no solamente tiene que ver con lo genital o con lo coital, sino con un encuentro libre con una persona con discapacidad”, precisa. 

La experta en diversidad funcional aclara que el servicio se adapta a los distintos tipos de discapacidad, que no es para todos y que lo ideal es que sirva como un inicio para quienes deseen explorar . 

“La asistencia sexual en sí misma no es la salida a una vida sexual y afectiva saludable y deseable para las personas con discapacidad”, detalla, “porque lo deseable es que todos pudieran tener su pareja afectiva, emocional o pasional.

“Pero todavía hay muchas personas que por su condición de discapacidad no pueden hacerlo y es a esto a lo que apelamos: la asistencia sexual no es la salida en sí misma, sino un medio más de empoderamiento para las personas con discapacidad”.

La idea de que sea una actividad regulada por el gobierno, permitiría que hubiese un control y una capacitación.

“Esto va a ser validado y va a ser legal, en tanto las propias personas con discapacidad estén en esta lucha”. 

Discapacidad y sexo: un tabú
La orientadora sexual expone que las personas con discapacidad también tienen deseos sexuales, pero afrontan el estigma social, que los tacha de asexuados.

”Las situaciones son muchísimas y todas confluyen en el mismo punto: la condición de segregacionismo y discriminación que se hace todavía en torno a las personas con discapacidad y puntualmente en torno a su sexualidad”, subraya. 

“Nosotros creemos que hay que dejar de ver a las personas con discapacidad como ‘la otredad’, como ‘los otros’, como aquellos distintos que nos mantienen a nosotros como ‘los normales’. 

“Si nosotros seguimos entendiendo por ‘persona con discapacidad’ un ser indefenso, que necesita siempre cuidados, que tiene sólo necesidades y no deseos, entonces ahí nos explicamos por qué los seguimos manteniendo en esta eterna dependencia y asexualización”. 

Peirano enfatiza en que es necesario entender que la sexualidad es muy amplia y que no todas las personas con discapacidad desean lo mismo. 

“A veces no pasan por lo coital, pero eso no quiere decir que no tengan deseo sexual, a veces su deseo sexual es un abrazo, una caricia, un beso. Y a esa diversidad es a la que nosotros queremos apuntar con la figura del asistente sexual”, indica. 

La especialista reconoce que hay un largo camino por delante antes de que la ley se apruebe. 

“Estamos en la fase previa, de concientizar, de abrir estas cabezas para que no sientan que es un servicio prostibulario que quiere abusar de las personas con discapacidad, desde luego esa no es la intención”.




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