24 abril 2016

"Mi pasión es soberana. Mecanismos e ideologías dis-capacitantes en sexualidad y diversidad funcional"(*).


(*) Apuntes a mano ALZADA y a viva voz; que se resisten a ser corregido y revisados. Ideas y preguntas para seguir entretejiendo.Algunas de ellas compartidas días atrás en las Jornadas “Sexualidades doctas”. Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba; Argentina. Abril 2016.


Me permitiré comenzar este “ideario” con una frase extraída de un tango que dice “mi pasión es soberana” y podría terminar ahora mismo esta exposición con otro extracto tanguero: “…tu diagnóstico es sencillo: sé que no tengo remedio”. Esto podría ser un recopilatorio del arrabal porteño, o también podría ser- sin dejar de ser lo anterior- un sesudo estudio genealógico, sobre "el linaje o afiliación histórica de la diferencia como cualidad”.
Hablar de pasiones y soberanías asociadas al constructo de lo que hemos entendido por "discapacidad" parece un contrasentido. Y de hecho lo es. Porque los derechos humanos construyen soberanía y ésta forja independencias e ideologías sexuales. Este -sin embargo- parece ser un engranaje de mecanismos libertarios “garantizado” para determinados cuerpos y sexualidades que producen o funcionan de una manera estandarizada. 

Lo que hoy propongo que nos ocupe es intentar traer a la luz aquellas maquinarias minuciosamente pergeñadas para la otredad de cuerpos y sexualidades que se han fabricado, sostenido y validado mediante verdaderos mecanismos dis-capacitantes que patologizan y explican la compensación como sinónimo de normalidad, la falta como lo que no se tiene/ o lo que se tuvo y se perdió; y para ello nos valdremos de los orígenes y acepciones del término pasión. 

“PASIÓN" proviene del pathos= padecimiento,sufrimiento. La palabra pasión comparte origen etimológico con la palabra paciencia como algo no concluido; como un deseo no realizado que desencadena indefectiblemente en el sufrimiento del paciente que se resigna desde la NO acción a ocupar el sitio del dolor y la miseria; desde un rol heroico que lo redima de la culpa por lo que no es ni nunca será. 

Nos anticipamos: hablaremos de relatos donde todo cobra sentido a partir de la diferencia como un estigma a ocultar. Al igual que la pasión de Cristo; sus llagas y estigmas que redimían los pecados de otrxs, la sexualidad en varones y mujeres con diversidad funcional parece cobrar sentido en el eje nodal del sufrimiento, la soledad y la angustia; la sacralización de aquellxs que se moldea como vulnerables y que se fetichiza como víctimas. 

Esta es la historia del origen de las pasiones tristes donde seres especiales son educados para sufrir aquello de lo que muchxs se placen: el sexo, y que se les enseña a verlo (al sexo, que de eso NO/hablamos) como una representación de lo inaccesible, de lo inalcanzable por no ser poseedor/ra de las capacidades necesarias para el ejercicio de dichas practicas. 
Los mecanismos dis-capacitantes tienen la NECESIDAD de angustiar para regular, de inmunodeprimirnos para separarnos por patologías (la sexualidad del ciego, del sordo, del lesionado medular) o casuísticas (“te voy a contar mi caso”; suelen argumentar aquellxs que se discapacita).

¿Qué quieren los discapacitados?; entonces. -Lo mismo que el resto de las personas, ser iguales a todos, integrarse-; se argumenta, o mejor dicho se da por supuesto, dado que partimos desde nuestras experticias o pre-juicios para hablar de aquellxs que siguen representando la más casposa alteridad de lo que desconocemos, nos da miedo o nos avergüenza.
Discapacitados es precisamente lo que NO DESEAMOS ser. El anti-deseo de lo deseable. Cuerpos improductivos que no producen ni ofrendan placer. Cuerpos exhibidos para ser mirados hermeneutica y fenomenologicamente. Cuerpos que no se afectan ni afectan porque no “sienten”. Cuerpos capacitados para soportar y recibir el dolor como ofrenda divina al tiempo que sus espacios corporales no parecen poseer un centímetro para ser placereados; unidos y recorridos por la ruta vandalizada del deseo no sólo como contrapartida al dolor, sino como espacio de dignidad.

Es entonces en la validación del término discapacidad y la ideología que subyace en éste, lo que construye y favorece la maquinaria dis-capacitante de las dependencias. Siempre hará falta un otrx que nos complete y a quien completar y es a partir de la enmarañada teoría del déficit que se portan cuerpos a rehabilitar y por ende a normalizar. 
Las concepciones capacitistas y validistas abisma los cuerpos, sus capacidades y sus producciones. ¿Qué, cómo y para quién produce un cuerpo invalidado?. ¿Qué valor o disvalor tiene un pene flácido o una vagina sin lubricar en el arte de la amatoria?. ¿Qué prestigio tiene un muñón como empuñadura viril?. ¿Qué oralidad erótica posee una boca que no emite sonidos? Qué repertorio sensoperceptivo guardan en sus retinas unos ojos ciegos?.
La discapacidad es una condición –y no una enfermedad- como otras tantas, pero una condición que puede curarnos del mal que con aqueja: creernos independientes por condición de capacidad.

Desde la perspectiva capacitista, la capacidad antecede en importancia a la significación del deseo como funcional y pone en juego la demanda continua y ritualizada de dar cuenta de la CAPACIDAD para desear y ser deseado; porque desde este sistema de control no se considera a las distintas funcionalidades como necesarias expresiones de diferentes funcionamientos ya que no se cree que sean realmente “funcionales”. Se considera, por el contrario, que hay personas-cuerpos-mentes que, simplemente, “no funcionan”. 
Lo que podríamos denominar “la puesta en funcionamiento de la maquinaria sexual, erótica y afectiva en personas con diversidad funcional” sencillamente no se inicia dado que no se funciona de acuerdo con la expresión legitimada de la funcionalidad mayoritaria asociada a esa capacidad y que se identifica normativamente con ella, como si fuese la única manera posible de echarse a andar ( o a rodar!).

Cuando ser capaz es sinónimo de “funcionalidad mayoritaria”, algunas capacidades de los cuerpos se impregnan de un mayor valor que otras, por lo que habrá que ocultar aquellos segmentos corporales o funciones que se cree; deterioran la identidad corporal social. 
Son esos atributos misnusvalizantes de los que se ase el invalidismo para justificar; por ejemplo, productos para discapacitados, productos para mujeres, para varones, para niñas, a los que suele agregárselo un costo adicional, no sólo económico sino fundamentalmente moral.

Pensemos entonces en la industria de la rehabilitación como el engranaje que aceita a los mecanismos discapacitantes en la que por ejemplo, se apela a la inmediata necesidad de rehabilitar el movimiento, pero desprovisto de sentido. 
¿Podemos erotizar las prótesis, órtesis, bastones, sondas y lubricarlos no sólo como elementos que suplen o completan la falta y doten de sentido identitario y diverso al sexo ya no como conducta/acto; sino como sentir y afectación?. 


¿Puede LA misma condición estigmatizada, negativizada, in-deseada; ser la que desarticule los mecanismo y engranaje dis-capacitantes, y propicie la equidad en un verdadero acto sexual libertario?. ¿Cómo “aceptar” la universalización de la experiencia de la discapacidad?. ¿Es este un hecho posible y más que viable: necesario? 
La propuesta es pensar y pensarnos todxs como seres vulnerables pero no víctimas; y ver en la representación que actualmente sustentamos de la discapacidad ese concepto que siempre nos mantendrá de un lado y del otro de la capacidad.

capaces - CAPACIDAD – incapaces/dis-capacitados

por lo que seguiremos fabricando seres más vulnerables que otros y por ello; revictimizándolos.
Aunado al proceso deshumanizador y teratológico de la discapacidad, la pasión y sus componentes tristes han sido históricamente negados en un intento por hacer de la erótica un territorio de garantías hedonistas; pero a la vez segregacionistas. Mientras que para algunxs el sexo es sencillamente sexo, para otrxs es un escenario más de amor dativo/pasivo que despoja de eros e impregna de tánatos las sexualidades de aquellxs cuerpos –al decir de Judith Butler- que han vivido bajo la sombra. 

En su conferencia “Cuerpos que todavía importan”, Butler se pregunta: ¿Cómo emergen estos cuerpos ante la luz más brillante?. No tal vez bajo la iluminación más plena sino que emergen gracias a la solidaridad de individuos heroicos que cuando de juntan están más iluminados. 
No necesitamos caminar para trasladarnos. No necesitamos dar garantías de poder movernos para afectarnos. 

¿Incluirse o resistirse?, mejor será transformar el propio cuerpo y sus funciones en espacio de disidencia que desaprendan el constructo de la discapacidad de adentro hacia fuera, otorgando sentido al proceso biográfico de los sexos, en donde las prácticas impregnen a las teorías y destronen las experticias que se valen de reconstruir identidades que primero deterioraron.

Desde los viejos paradigmas sobre el sexo, el sexo ya no puede ofrecernos nada más que no sea problemas. ¿Cómo solucionamos el problema del sexo de los discapacitados?; nos preguntamos. Esto es lo que sucede cuando los genitales no nos dejan ver el sexo: el problema no radica en que algunos cuerpos “no sientan” sensaciones físicas; sino que el problema es que se los discrimine y responsabilice por ello. Ej: No pueden tener sexo porque no sienten nada.
No es posible- y contra todo diagnóstico- discapacitar el deseo ni mucho menos procurar re-habilitarlo porque a muchos cuerpos nunca se los habilitó como deseantes o deseables. Si los garantismos sexuales se ofrecen al mejor postor (al más capaz) la satisfacción sexual a aquellxs que pueden lograrla por sí mismxs: ¿Cómo se de satisface el deseo de una persona cuadripléjica?; por ejemplo. ¿Qué significa ser o estar satisfecho sexualmente en cuerpos subsumidos que no saben de qué son capaces porque no se les ha habilitado para descubrirlo? 

Para deconstruir la noción o cultura de curación-rehabilitación habrá que quitar de en medio la noción de enfermedad y pensar la sexualidad, el sexo y la SEXO-LOGIA como causa y no consecuencia de un pensamiento ético, que no juzgue sino que acompañe y favorezca no sólo como representativo sino también como afectivo. 
Transformar la compasión que han inspirado históricamente las personas con diversidad funcional en pasiones e ideologías compartidas desde el concepto de sexo como un ecosistema político de equidad, es la verdadera potencia de cambio. 
Mientras existan pasiones segregadas por condición de discapacidad nuestras representaciones sexuales seguirán siendo elitistas.
Construir esa capacidad de experimentación y no tener un saber previo de lo que puede rendir un cuerpo puede brindarnos alternativas viables para superar paradigmas sincréticos acerca de “a quién le toca esto de educar sexualmente a los discapacitados” y saldar deudas que se suponen impagable en procura de definir si se les permite el derecho de acceder a la sexualidad. 

Los conceptos capitalistas que sustentan económica e ideológicamente la dependencia, subsumen el derecho al acceso al propio cuerpo (ESE es el derecho por el que luchamos) a un rango arbitrario y contaminado por el concepto de discapacidad: la sexualidad como un derecho que hay que poder garantizarle a los discapacitados.
Así, la mentada compasión utilitaria que de las personas con diversidad funcional, sus cuerpos y sus sexualidades históricamente se ha hecho, aparecen categorizadas por sus usos y no por sus usuarixs.

En ésta línea de análisis: ¿por qué no justificar la asistencia sexual a personas con diversidad funcional de la misma manera que se solventan servicios de cuidado, higiene, salud, educación; por considerarse imprescindibles?. ...


“Sentime”; decía mi tía Porota cuando quería que la escuchara. La tía sabía que el sentir al igual que la pasión es un espacio de soberanía sexual que no se logra “independientemente del sexo o de la discapacidad” sino SOBERANIZANDO a LOS sexos.
Mi tía Porota es la misma que cantaba el tango con el que comencé esta ponencia. 
…y el mecanismo vuelve a empezar!



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