"Mitología de la sexualidad especial"

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21 enero 2019

DESEAR lo EXTRAORDINARIO; es desear lo común.


"La gente como usted y como yo está muy sola; 
pero, al fin y al cabo, nosotros tenemos nuestra amistad,
 tenemos la satisfacción secreta de rebelarnos, 
de desear lo extraordinario"

"Demian". Hermann Hesse

20 septiembre 2018

"La noche de los feos"


Mario Benedetti
Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.
Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.
Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.
Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.
Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.
Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.
La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.

07 agosto 2011

Libro: "La belleza es un verbo".

La nueva poesía de la Discapacidad.

*Sheila Black: poeta y escritora de libros infantiles.
*Jennifer Bartlett: activista en discapacidad,n poeta y crítico.
*Michael Northe:  poeta y  editor de Wordgathering: "Un diario de la Poética y la discapacidad" .



Una antología revolucionaria que trae una nueva comprensión de la experiencia americana de la poesía, la belleza, el cuerpo, y la discapacidad.


Para el lector de la buena poesía interesado ​​en la diversidad de la expresión americana; la antología ofrece una comprensión de la historia y la vitalidad contemporánea de la poesía y la poética del cuerpo no normativo.

Se presentan tres secciones: 
"Antepasadas y antepasados", 
"Poética del movimiento de la discapacidad", 
"Un lenguaje de la nueva encarnación "

Dice el autor: "Compartimos raíces, y muchas historias, pero nuestro acento es diferente, nuestra propia respiración anima estas historias, por lo que cantan mientras se comprimen contra nuestros cuerpos específicos." 



 "La Bella y Variaciones"
                 Kenny Fries.
¿Qué más puede saciar esta sed? Mis labios
viajan por la columna vertebral, la bebida de la suavidad
Tu cuerpo me dice: vende tu piel. 
Estoy buscando el núcleo:
Lo que es bello? ¿Quién decide? 

Mis piernas torcidas alrededor de tu cuello. Te inclinas a mi regreso. 
 Así que cada noche, desnudos en la cama, mi cuerpo no quiere reparo, sino que anhela la inocencia. 
Sí inocente, a pesar de los defectos que me pongo, soy hermosa.




Colaboradores: Jennifer Bartlett, Sheila Negro, Norma Cole, John Lee Clark, Michael Davidson, DiPietra Amber, Dorris Kara, Jill Alexander Essbaum, Robert Fagan, Jim Ferris, Fries Kenny, Gill Lisa, Giscombe CS, Gritz Ona, Henderson Gretchen, Laura Hershey, Hogue Cynthia, Kaier Anne, Kuppers Petra, Stephen Kuusisto , Laurie Clements Lambeth, limón Alex, Leto Denise, Luczak Raymond, Bernadette Mayer, Morrison Rusty, el norte de Michael, Pafunda Danielle, Schweik Susan, Sirowitz Hal, Ellen McGrath Smith, Dan Simpson, Brian Teare, Jillian Weise, Kathi Wolfe y David Wolach.

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ENLACES
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Sheila Black
Artículos: (1)  (2)

26 junio 2011

Cuento: "La madre de los monstruos".

La discapacidad como "fenómeno"; en la literatura.
Título original: "La mère aux monstres" 
Guy de Maupassant (1850-1893)

 En esta historia, Guy de Maupassant expone una serie de horrores inclasificables: una madre que se gana la vida exhibiendo a sus hijos deformes, característica que ella misma provocó al compactar los fetos durante la gestación con un corsé especialmente diseñado para este macabro fin.


Cuento
"Recordé esta horrible historia y a aquella horrible mujer al ver pasar hace unos días, en una playa apreciada por la gente adinerada, a una joven parisiense muy conocida, elegante, encantadora, adorada y respetada por todos.
Mi historia se remonta muy atrás, pero ciertas cosas no se olvidan. Me había invitado un amigo a quedarme un tiempo en su casa en una pequeña ciudad de provincias. 
Para hacerme los honores del país, me paseó por todos los sitios, me hizo ver los paisajes alabados, los castillos, las industrias, las ruinas; me enseñó los monumentos, las iglesias, las viejas puertas esculpidas, unos árboles de enorme tamaño o con forma extraña, el roble de Saint André y el tejo de Roqueboise. 

Mientras examinaba con exclamaciones de entusiasmo benévolo todas las curiosidades de la región, mi amigo me dijo con aire desolado que ya no quedaba nada por visitar. Respiré. Ahora iba a poder descansar un poco, a la sombra de los árboles. Pero de pronto dio un grito: 

—¡Ah, sí! Tenemos a la madre de los monstruos, debes conocerla.
—¿A quién? —pregunté—. ¿A la madre de los monstruos?
—Es una mujer abominable —prosiguió—, un verdadero demonio, un ser que da a luz cada año, voluntariamente, a niños deformes, horribles, espantosos, en fin unos monstruos, y que los vende al exhibidor de fenómenos.


Esos siniestros empresarios vienen a informarse de vez en cuando de si ha producido algún nuevo engendro y, cuando les gusta el sujeto, se lo llevan y le pagan una renta a la madre. Tiene once engendros de esta naturaleza. Es rica. Crees que bromeo, que invento, que exagero. No, amigo mio. No te cuento más que la verdad, la pura verdad. Vayamos a ver a esa mujer. Luego te contaré cómo se convirtió en una fábrica de monstruos. Me llevó a las afueras de la ciudad.


Ella vivía en una bonita casita al borde de la carretera. Resultaba agradable y estaba muy cuidada. El jardín, lleno de flores, olía bien. Parecía la residencia de un notario retirado de los negocios. Una criada nos hizo entrar a una especie de pequeño salón campesino y la miserable apareció. Tendría unos cuarenta años. Era una mujer alta, de rasgos duros, pero bien hecha, vigorosa y sana, el auténtico tipo de campesina robusta, medio bruta y medio mujer. Sabía de la reprobación general y parecía recibir a la gente con una humildad llena de odio.

—¿Qué desean los señores? —preguntó.
—Me han dicho que su último hijo estaba hecho como todo el mundo —respondió mi amigo—, pero que no se parecía en absoluto a sus hermanos. He querido cerciorarme de ello. ¿Es verdad?

Nos echó una mirada ladina y furiosa y contestó:

—¡Oh, no! ¡Oh, no, señor! Es casi más feo que los otros. Mi mala suerte, mi mala suerte. Todos así, señor, todos así, qué desgracia tan grande, ¿cómo puede nuestro Señor tratar así a una pobre mujer como yo, sola en el mundo? ¿Cómo puede ser?

Hablaba deprisa, los ojos bajos, con aire hipócrita, igual que una fiera que tiene miedo. Endulzaba el tono áspero de su voz y uno se extrañaba de que aquellas palabras lacrimosas e hiladas en falsete salieran de ese gran cuerpo huesudo, demasiado fuerte, con ángulos bastos, que parecía estar hecho para los gestos vehementes y para aullar del mismo modo que los lobos.

—Quisiéramos ver a su pequeño —pidió mi amigo.

Me pareció que se sonrojaba. ¿Quizá me equivoqué? Tras unos instantes de silencio, dijo en voz más alta:

—¿De qué les serviría?

Y había vuelto a enderezar la cabeza, mirándonos de hito en hito con ojeadas bruscas y con fuego en la mirada.

—¿Por qué no nos lo quiere enseñar? —insistió mi compañero—. 
A otra gente sí que se lo enseña. ¡Sabe de quién hablo! 

La mujer se sobresaltó y, liberando su voz, dando rienda suelta a su ira, gritó:
—Diga, ¿pa' eso han venido? ¿Pa' insultarme, eh? ¿Porque mis hijos son como animales, verdá? No lo van a ver, no, no, no lo van a ver; váyanse, váyanse. ¿Por qué les dará a todos por torturarme así?


Venía hacia nosotros, con las manos en las caderas. Al sonido brutal de su voz, una especie de gemido o más bien de maullido, un lamentable grito de idiota salió del cuarto vecino. Me hizo estremecerme hasta los tuétanos. Retrocedimos ante ella.

—Tenga cuidado, Diabla —en el pueblo la llamaban la Diabla—, tenga cuidado, tarde o temprano le traerá mala suerte.

Se echó a temblar de furor, agitando sus puños, desquiciada, gritando:

—¡Váyanse! ¿Qué me traerá mala suerte? ¡Váyanse! ¡Canallas!

Se nos iba a lanzar encima. Nos escapamos, con el corazón en la boca. Cuando estuvimos fuera de la casa, mi amigo preguntó:

—¡Pues bien! ¿La has visto? ¿Qué te parece?
—Cuéntame ya mismo la historia de esa bruta —pedí.




Y he aquí lo que me contó mientras volvíamos con pasos lentos por la blanca carretera general, orlada de cosechas ya maduras, que un viento ligero, a ráfagas, hacía ondular como a un mar tranquilo.
Hace tiempo, esa chica servía en una granja; era trabajadora, formal y ahorradora. No se le conocían enamorados, no se sospechaba que tuviera debilidades.
Cometió una falta, como lo hacen todas, una tarde de cosecha, en medio de las gavillas segadas, bajo un cielo de tormenta, cuando el aire inmóvil y pesado parece estar lleno de un calor de horno y empapa de sudor los cuerpos morenos de los muchachos y de las muchachas. Pronto se dio cuenta de que estaba embarazada y la atormentaron la vergüenza y el miedo. Para esconder su desgracia a toda costa se apretaba con violencia el vientre con un sistema que había inventado, un corsé de fuerza, hecho con tablillas y cuerdas. Cuanto más se le hinchaba el vientre por la presión del niño que iba creciendo, más apretaba el instrumento de tortura: un verdadero martirio. Pero se mantenía valiente ante el dolor, siempre sonriente y ágil, sin dejar que se viera ni se sospechara nada. 

Desgració en sus entrañas al pequeño ser oprimido por la horrible máquina; lo comprimió, lo deformó, hizo de él un monstruo. Su cabeza apretada se alargó, se desprendió en forma de punta con dos gruesos ojos saltones que salían de la frente. Los miembros oprimidos contra el cuerpo crecieron, retorcidos como la madera de las vides, se alargaron desmesuradamente, acabados en dedos semejantes a las patas de las arañas. El torso se quedó muy pequeño y redondo como una nuez. Dio a luz en pleno campo una mañana de primavera. Cuando las escardadoras, que acudieron en su ayuda, vieron lo que le salía del cuerpo, se escaparon gritando. Y corrió el rumor en la región de que había parido un demonio. Desde entonces la llaman "la Diabla".
La echaron del trabajo. Vivió de la caridad y quizás de amor en la sombra, ya que era buena moza, y no todos los hombres temen el infierno. Crió a su monstruo, a quien por cierto aborrecía, con un odio salvaje, y a quien quizás habría estrangulado si el cura, previendo el crimen, no la hubiera asustado con la amenaza de la justicia. Ahora bien, un día, unos exhibidores de fenómenos que estaban de paso oyeron hablar del espantoso engendro y pidieron verlo para llevárselo si les gustaba. Les gustó y pagaron a la madre quinientos francos contantes y sonantes. Ella, primero vergonzosa se negaba a dejar ver a esa especie de animal; pero cuando descubrió que valía dinero, que excitaba el deseo de esa gente, se puso a regatear, a discutir cada céntimo, azuzándoles con las deformidades de su hijo, alzando sus precios con una tenacidad de campesino.Para que no la robaran, les hizo firmar un papel. Y se comprometieron a abonarle además cuatrocientos francos por año, como si tomaran ese bicho a su servicio. Aquella ganancia inesperada enloqueció a la madre y ya no la abandonó el deseo de dar a luz a otro fenómeno, para disfrutar de rentas como una burguesa. 

Como era muy fértil, consiguió lo que se proponía, y se volvió hábil, parece ser, en variar las formas de sus monstruos según las presiones que les hacía padecer durante el tiempo del embarazo. Tuvo engendros largos y cortos, algunos parecidos a cangrejos, otros semejantes a lagartos. Varios murieron, y se sintió afligida. 
La justicia intentó intervenir, pero no se pudo probar nada. Se la dejó pues fabricar sus fenómenos en paz. En este momento tiene once engendros bien vivos, que le proporcionan, año tras año, de cinco a seis mil francos. Sólo uno no está colocado todavía, el que no ha querido enseñarnos. Pero no se lo quedará mucho tiempo, porque hoy en día todos los feriantes del mundo la conocen y vienen de vez en cuando a ver si tiene algo nuevo. Incluso organiza subastas entre ellos cuando el sujeto lo merece. Mi amigo calló. Una repugnancia profunda me levantaba el corazón, así como una ira tumultuosa, un arrepentimiento de no haber estrangulado a aquella bruta cuando la tenía al alcance de la mano.


—¿Pero quién es el padre? —pregunté.
—No se sabe —contestó—. Tiene o tienen cierto pudor. Se esconde o se esconden. A lo mejor comparten los beneficios.


Ya no pensaba en esa lejana aventura hasta que vi, hace unos días, en una playa de moda, a una mujer elegante, encantadora, coqueta, amada, rodeada por hombres que la respetan. Iba por la playa arenosa con un amigo, el médico de la estación. Diez minutos más tarde, vi a una criada que cuidaba a tres niños envueltos en la arena. Unas pequeñas muletas que yacían en el suelo me conmovieron. Noté entonces que los tres pequeños seres eran deformes, jorobados y corvos, horrorosos.

—Son los productos de la encantadora mujer con la que acabamos de cruzarnos —me dijo el doctor.

Una lástima profunda por ella y por ellos se apoderó de mi alma.

—¡Oh, pobre madre! —exclamé—. ¡Cómo puede seguir riéndose!
—No la compadezcas, querido amigo —respondió el doctor—. 
Son los pobres pequeños a quienes hay que compadecer. Ésos son los resultados de las cinturas que permanecieron finas hasta el último día. Estos monstruos se fabrican con el corsé. Ella sabe perfectamente que se juega la vida. ¡Qué más le da, con tal de ser bella y amada! 

Y recordé a la otra, la campesina, la Diabla, que vendía sus fenómenos".


Guy de Maupassant. 


"Fenómenos" que aún persisten...








08 mayo 2011

Blog: "La sexualidad en la discapacidad".

Autor: Pedro Pimentel Lobato
http://mujdis.blogspot.com/
Pedro P. Lobato

Nuestro amigo Pedro Pimentel Lobato, ha iniciado hoy un nuevo proyecto plasmado en las letras de un blog, al que ha llamado "La sexualidad en discapacidad".

Desde sus primeras líneas, nos transmite sus sensaciones, ideas y e interrogantes respecto de la sexualidad en discapacidad, brindando un  testimonio "en primera persona" sumamente valioso y necesario.
Pedro nos acerca además, a un relato erótico de su autoría, que aborda el encuentro de dos mujeres con discapacidad titulado "Playa de mujeres".
Un excelente comienzo para un proyecto que esperamos; obtenga la repercusión y difusión que merece. Desde "Mitología de la sexualidad especial", alentamos la creación de espacios que propicien la visibilización de las verdaderas necesidades e intereses en el campo sexual, de las personas que, con o sin discapacidad exploran el campo de "lo prohibido"; y lo transforman en vivencias.


En la presentación de su blog; 
Pedro nos dice:


"¿Por qué este espacio?. De alguna manera me gustaría decidir a la sociedad que no todas las personas atraídas por mujeres con discapacidad son devotee, que también podemos sentir necesidades sexuales y encontrarnos identificados y ver atractivo un cuerpo en silla de ruedas o espástico.

"Playa de mujeres", un relato que escribí hace tiempo y pensé que era perfecto para inaugurar este espacio que pretendo que sea un sitio de sexo y discapacidad.

La sexualidad se considera un tema tabú y más si se junta con la discapacidad, pero en el tabú no se recoge los sentimientos que pasa que las personas con discapacidad no podemos sentir atracción por los demás".


Mujer y discapacidad
"El desarrollo del cuerpo, ¿por qué no entiende de discapacidad? Montones de veces me he planteado el por qué existen personas con grandes limitaciones físicas unidas a limitaciones de comunicación que su físico ha evolucionado como cualquier persona sin observar sus limitaciones.

Es cierto que me falta información sobre el tema que intento desarrollar, sinceramente me apetece reflexionar sobre el tema de la sexualidad en la discapacidad física, desde mis inquietudes y dejar constancia que el ser atraído por mujeres con discapacidad física, usuarias de silla de ruedas y querer conocer como desarrollan actividades de la vida diaria no es malo.

Desde algún tiempo, inconscientemente ciento una sana curiosidad por las mujeres en silla de ruedas y su forma de llevar esa parte más intima de la vida. Curiosamente no me considero una persona vergonzosa ni en ningún momento ha sido problema que una mujer me vistiese, me duchase o me pusiera al servicio, siempre lo he visto de forma natural, pero me llama la atención el cuerpo de mujer y siento que es mas intimo que el mío.

En el mundo de la discapacidad existen demasiados tipos. Me centrare en la mujer en silla de ruedas, esa gran exponente a no tener una intimidad asegurada al 100 por 100. La mujer por naturaleza es más tímida y sus hábitos sociales, una mujer en silla de ruedas siempre necesita apoyo y su intimidad se desvanece, de acuerdo las paraplejicas hacen todo si ha existiendo una recuperación adecuada ¿y si no que? en el plano de tomar dedicaciones perfecto y en el plano motor ¿dónde queda su intimidad total? Se viste solas, la cama es su mejor aliada pero y pese a la silla de ruedas de baño, la tienen que ayudar alguien y aunque sea otra mujer, su intimidad real ya se pierde.
Las mujeres con una discapacidad severa, ¿sienten? De que las sirven estar desarrolladas.
Me gustaría saber del tema".

Si alguien me pudiera ayudar, que escriba a lopepi25@hotmail.com


"La habitación era perfecta, era muy espaciosa, más que la nuestra de casa y esto para nuestras maniobras con las sillas y para ayudar a Pilarera ideal, hasta podía entrar a duchar a Pilar o a asearla sin tener que arrastrarme por el suelo. Jo, no me lo creo, ¡Una semana sin tocar el suelo! Como se sale".


Ver relato erótico:"Playa de mujeres"




28 abril 2011

Libro. "Amo la vida. Historias de mujeres".

Editado por: Secretaría de la Gestión social para la discapacidad. Uruguay.
Miguel Cereceda.


Esta publicación es parte de un proceso de trabajo que busca reconocer, difundir y aprender de las experiencias de vida de mujeres vinculadas a la discapacidad. Se enmarca en el 2º Plan de Oportunidades y Derechos de Mujeres y Varones de la Intendencia de Montevideo 2007-2010. Este proyecto es, antes que nada, una responsabilidad y una convicción sobre la necesidad de visibilizar y destacar el papel de las mujeres como principales referentes en los cuidados familiares. Particularmente la atención de las personas con discapacidad, tanto en el ámbito familiar como institucional (asistencia médica, educativa, recreativa, etc.) es realizada mayoritariamente por mujeres, así como también son las mujeres con discapacidad quienes deben enfrentar a diario mayores dificultades para el desarrollo de una vida independiente...

"Interiores".
Petrona Viera.
Pintora uruguaya, ciega.
...Las historias y experiencias de vida de estas mujeres están cargadas de conocimiento imprescindible para comprender y atender la diversidad de situaciones que presenta la vida cotidianamente. Este conocimiento se encuentra disperso en la sociedad, principalmente en los hogares de las personas con discapacidad; si a esto le sumamos que las instituciones públicas históricamente no han acumulado y desarrollado conocimiento sobre este tema en profundidad, entendemos que es bueno y necesario su recopilación y sistematización...



...El Gobierno de Montevideo, conjuntamente con el Gobierno Nacional y los recientes Gobiernos Municipales cuentan con estrategias de atención a la discapacidad; muchas situaciones en la actualidad concentra esfuerzos en la asistencia de las emergencias; estos aportes que se presentan a continuación son parte de una apuesta a la construcción de un Sistema de Protección Social que progresivamente vaya mejorando las condiciones de vida de todos los ciudadanos y sobre todo de las ciudadanas. 

Federico Lezama.
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TESTIMONIOS DEL LIBRO

“…la sobreprotección de mi padre hizo difícil que pudiera tener novio, pero a escondidas llegue a experimentar lo gratificante que es disfrutar de la compañía de alguien del sexo opuesto. Pero mis expectativas nunca se colmaron y ese es otro aspecto gris en el que nos encasillan a las personas con discapacidad, fundamentalmente a las mujeres, ya que nos consideran enfermas, condenadas a una vida oscura llena de momentos de depresión. 
Un día me puse a escribir poemas y encontré así una forma de hacer frente a la depresión y la soledad.” 


“Teniendo esta patología se pierde lo que una mujer quiere ser, pintárselos labios, los ojos, la perfección de una identidad con la cual soñamos las mujeres. Si la pantalla de nuestros ojos está oscura no alcanza nuestros sueños". 

"Me enamore como toda joven también llore y sufrí por amor pero eran emociones diferentes…”.





28 septiembre 2010

"LA MALDICION DE LOS IDIOTAS".

Cortometraje: "La maldición de los idiotas". 

Dirección:Manuel Faillace.

Adaptación del cuento de Horacio Quiroga: "La gallina degollada".




Argumento:

Un Matrimonio tiene tres hijos con problemas mentales. Berta, la madre de los niños enfermos los maltrata constantemente y no acepta a sus hijos tal cual son. El matrimonio discute seguido y se hechan la culpa el uno al otro por los hijos que les han tocado. Con el tiempo, entre peleas y reconciliaciones, tienen un cuarto crio, una bella niña de tres años que nace completamente sana. La madre comienza a hacer una notable diferencia entre su hija nueva y los otros tres niños enfermos. Entonces queda en juego la convivencia entre todos los hijos y la adaptación que deberán enfrentar los "idiotas" ante una nueva hermana en la familia.

                                         


Enlace para leer el cuento:http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/quiroga/gallinad.htm
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